Por la histórica bajante del río, Rosario llegó a la tapa del New York Times
El diario estadounidense destacó que "el Paraná se marchita" y describió con texto e imágenes el doloroso fenómeno. Las causas.

Domingo 12 de Septiembre de 2021

La mala noticia de la bajante del río frente a Rosario ya no solo se conoce en la región o, si se quiere, el país. Cruzó todos los límites y hasta The New York Times (NYT), uno de los diarios más importantes del mundo, la publicó en su tapa con un dejo de tristeza y un título que juega con las palabras: “A vanishing lifeline (Una línea de vida que se desvanece)”. En la edición digital en español, la crónica de Daniel Politi no es menos desmoralizante: “El Paraná se marchita y con él, se seca un pilar económico de Sudamérica”. Quizás sea la primera vez que la ciudad figura en esa portada, aunque no de la manera esperada.

Es que la bajante está rompiendo récords. Y, si bien el Instituto Nacional del Agua (INA) pronosticó en los últimos días una crecida sostenida en el orden del 35 por ciento para la cuenca del Paraná, prevalece una tendencia al descenso, aun con este leve aliciente.

La bajante ya evidencia que el tramo del río en territorio argentino alcanzaría niveles similares a los registrados en el año con el mayor descenso de la historia: 1944, una cuestión que afectará “todos los usos del recurso hídrico, en especial la captación de agua fluvial para consumo humano”, según indicaron especialistas.

“Esperemos que no se llegue. En los últimos días el nivel del agua se ha recuperado un poco, al menos no siguió bajando”, se esperanzó el ingeniero agrónomo de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) , Néstor Di Leo.

El NYT dio cuenta de este fenómeno y, sin quererlo, instaló a Rosario a nivel internacional. Por estas horas la ciudad no solo está en boca de todos por su creciente violencia e inseguridad atadas a la guerra narco; también se la menciona (y se la muestra) por las impactantes imágenes que dejó el decrecimiento de las aguas.

Dos canoas sobre el lecho ribereño seco son parte de la foto principal en la nota del periódico neoyorquino que suma los pilotes desnudos del paseo del Caminante, en Costa Alta, además de la basura que quedó expuesta al retroceder el río en “Rosario, Argentina”.

El segundo río más grande de la región se está quedando sin agua en medio de la mayor sequía de los últimos 70 años, lo que pone en peligro a los ecosistemas, el comercio y los medios de subsistencia”, marca la bajada del texto publicado el pasado 4 de septiembre, donde se observan distintas tonalidades de marrón, un degradé de tierra, arena y agua que duele.

La Capital destacó en agosto pasado que la bajante del río Paraná es “gravísima” y podría extenderse hasta diciembre. El subgerente de Sistemas de Información y Alerta Hidrológico del INA, Juan Borús, aseguró que “los cambios en el uso del suelo y en las prácticas agrícolas influyeron en la falta de agua”.

En este contexto, el hundimiento de gran parte de la explanada del parque España en julio pasado expuso con contundencia otro de los graves perjuicios que puede causar la bajante. Ese fenómeno hídrico, de acuerdo a la mirada del ingeniero Juan Carlos Rosado, un experto en suelos, “podría modificar la relación de la ciudad con la costa’’.

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El especialista sostuvo que el factor distintivo que exhibe la actual bajante del río es su prolongación en el tiempo, “lo que provoca un estrés, una carga adicional sobre las estructuras de contención en la ribera”.

Alternando opiniones de quienes viven, estudian o trabajan ligados al río, el NYT destacó que “es probable que la situación empeore al menos hasta principios de noviembre, cuando comienza la temporada de lluvias en la región, pero la sequía podría durar más tiempo. Los expertos afirman que el cambio climático ha dificultado la formulación de predicciones precisas”.

Testimonios  

Así y todo, el panorama se presenta desolador a juzgar por los testimonios en el diario estadounidense: un pescador, un adolescente de 15 años de El Espinillo, el presidente del Club Náutico Sportivo Avellaneda o Guillermo Wade, gerente de la Cámara de Actividades Portuarias y Marítimas, coincidieron en eso. El fenómeno angustia.

Pero, ¿qué pasó? “Hay un impacto marcado de la deforestación en la Amazonia (que es donde se generan los llamados Ríos Voladores) y también de la deforestación del Gran Chaco (tanto en Argentina como en Paraguay y Bolivia). Esto altera la inyección de humedad en las corrientes de aire que van de norte a sur y que luego precipitan en la cuenca alta y media de los ríos Paraguay y Paraná. Este efecto no existía en 1944 y, sin embargo, en aquel momento ocurrió un desastre. La incertidumbre es tal, que no permite afirmar taxativamente casi nada”, relató Di Leo a La Capital.

Tanto como la actual, la bajante de aquella década alteró la fisonomía de la ciudad, haciendo sentir sus consecuencias en la navegación fluvial y en el abastecimiento de agua, según se consignó en las páginas del Decano de la Prensa Argentina de esos días.

Como sea, las preocupantes circunstancias que ahora se instalaron a nivel mundial pusieron en alerta a todos en esta región, porque justamente todos necesitan del río. Un Paraná que, como describió el investigador de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), Carlos Ramonell, tendrá bajante “para rato”.

Ecocidio

Para el experto de la UNR, Néstor Di Leo, la bajante del Paraná y las quemas en las islas son nefastas para el humedal. “Lo que está sucediendo es muy negativo. La contabilización de aproximadamente 600 mil hectáreas incendiadas entre 2020 y 2021 da cuenta de un efecto muy impactante en el ecosistema, al que podríamos calificar de estrago o más apropiadamente de ecocidio. Sobre todo porque estos incendios son claramente intencionales y aumentan los efectos nocivos de la sequía en la biodiversidad. A la doble sequía se suma el fuego, lo cual resulta un impacto demasiado alto”, concluyó.