La ciudad

Por favor, no nos quiten la cortesía

El ascensor abrió sus puertas y no dudé en dejarla subir primero. Hasta allí nada presagiaba lo que sucedería minutos más tarde.

Domingo 03 de Febrero de 2019

El ascensor abrió sus puertas y no dudé en dejarla subir primero. Hasta allí nada presagiaba lo que sucedería minutos más tarde. La había visto hacer su tratamiento kinesiológico en el mismo sitio que yo, así que al llegar al tercer piso la dejé descender en primer lugar. Y como íbamos a igual sector del Sanatorio Americano, le abrí paso a través de la puerta de doble hoja. Ese último movimiento dibujó un rictus en su rostro, ese que suelen evidenciar quienes se molestan por algo.

   Minutos más tarde la kinesióloga nos hizo ingresar y yo, educado en lo que ahora se denomina sistema patriarcal, no dudé otra vez en dejarla pasar primero. "Desde la entrada del sanatorio que me viene abriendo las puertas", le dijo a la profesional en un tono no muy jocoso.

   La actitud me hizo replantear si realmente estaba haciendo algo mal. ¿Es incorrecto cederle el paso a una mujer? ¿Es ofensivo dejarla subir primero a un colectivo o darle el asiento si la unidad está llena?

   Hay actitudes que desde pequeños conocimos como de "caballerosidad", pero parece que hoy se las suele vincular con "machismo" y eso condena prácticamente a la hoguera a quien las practica.

   El diccionario de la Real Academia Española define al "gentil" como a la persona "amable" o "cortés". Precisamente, la cortesía es la "demostración o acto con que se manifiesta la atención, respeto o afecto que tiene alguien a otra persona".

   Ceder el paso, un asiento o acomodar una silla a una dama en una cita siguen siendo actos de cortesía. No son actitudes machistas ni patriarcales, sólo son gentilezas.

¿Y por casa?

La mujer no pierde su irrenunciable derecho a la igualdad cada vez que un hombre busca ser gentil o amable con ella. La igualdad sin dudas está en percibir la misma remuneración por igual trabajo o en ocupar posiciones en puestos jerárquicos o de conducción, por ejemplo.

   Rosario ha hecho de la defensa de los derechos de la mujer un gran bastión. De hecho, es algo por lo que se la reconoce a nivel nacional. La Municipalidad cuenta con un Instituto de la Mujer con políticas de género que se instrumentan a diario.

   Sin embargo, esa misma gestión tiene en áreas clave de conducción a muy pocas mujeres: de los 14 secretarios que acompañan a la intendenta Mónica Fein, sólo tres son mujeres.

   En el Concejo pasa lo mismo: el presidente y sus dos vicepresidentes, son hombres. Eso llevó al bloque de Ciudad Futura a no apoyar a la actual conducción cuando se la votó en diciembre pasado. Desde ese sector se alzaron las únicas voces que en diciembre clamaron por el cupo femenino en la conducción del cuerpo. Quedaron en soledad.

   Los discursos deben acompañarse con hechos. Si se pregona la igualdad, llevarla adelante. Eso sí, ser gentil no es sinónimo de machismo. Y por favor, no nos quiten la cortesía.

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