Lunes 16 de Abril de 2018
La actividad fue organizada por la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Socias de Paris y por primera vez reunió a especialistas de Francia, Canadá, México, Brasil y Argentina, entre otros países, para analizar prácticas e investigaciones relacionadas con nuevas formas de abordar la problemática de las drogas.
El relato sobre las experiencias desarrolladas en Argentina estuvo representado por dos investigadores de la Universidad Nacional de Rosario.
La directora del Centro de Estudios Avanzados sobre Drogadependencias, Silvia Inchaurraga, expuso sobre "Drogas y Políticas Publicas en la Argentina contemporánea. Avatares del sujeto entre la patologización y la reducción de daños" y el coordinador del Instituto de Cooperación Latinoamericana, Andrés Rollandelli, abordó la problemática del "narcotráfico como hecho global total".
De acuerdo a los argumentos del coloquio, en los últimos años el continente americano protagonizó una serie de reformas legislativas y experiencias innovadoras en materia de políticas públicas sobre las drogas.
Es por estos países, señala el comité organizador del encuentro, donde aparecen las críticas más fuertes hacia la estrategia represiva propuesta por Estados Unidos y también las evidencias más claras de su fracaso.
Entre otras, enumeran, el crecimiento masivo de la población carcelaria, discriminación y violencias hacia ciertos grupos sociales y étnicos y el incremento de las ganancias de las organizaciones criminales, de las que se denuncia el potencial de corrupción y debilitamiento de las instituciones.
De soldaditos y abuelas narco
"¿Por qué las sociedades contemporáneas perciben a las drogas como la causa de todos los problemas?", fue la pregunta con la que abrió su exposición la directora del Centro de Estudios Avanzados sobre Drogadependencias de la UNR.
Inchaurraga expuso la experiencia desarrollada por el Ceads en el Hospital de Salud Mental Agudo Avila, en la asistencia a usuarios de drogas bajo el paradigma de la reducción de daños.
En el país, explicó, la política oficial en materia de drogas continúa focalizada en las sustancias que se consumen y en la necesidad de resolver el problema a través de la abstinencia en el campo sanitario y a través de la penalización en el campo legislativo.
En cambio, consideró, resulta indispensable empezar a pensar a los consumidores de drogas como ciudadanos con derechos y, en consecuencia, desarrollar políticas de drogas más humanas y más efectivas.
"Actualmente no se pueden proyectar políticas de drogas sin pensar en la subjetividad de los usuarios de drogas, ni sin pensar en la cultura donde ese consumo se arraiga", remarcó ayer en diálogo con LaCapital.
Y expuso una serie de testimonios recogidos en un trabajo de campo desarrollado desde el Ceads que pibotea sobre estos dos aspectos. Por ejemplo, el de una vendedora de marihuana de una villa miseria que advierte sobre lo que significa esta actividad para la familia. "Alimento diez bocas vendiendo marihuana. No podía limpiando casas o lavando platos. No soy una abuela narco, soy una abuela pobre", dice.
O el de un usuario diario de cocaína que cuenta que está realizando un taller de panadería, que sueña con ser panadero aunque "nunca" va a alcanzar "el dinero que gana mi hermano vendiendo merca".
Para Inchaurraga, estos escenarios relacionados al consumo de drogas o la comercialización como estrategia de supervivencia deben ser considerados al momento de proyectar políticas relacionadas con drogas. "Debemos escuchar la voz de las personas que consumen drogas", enfatizó.
Además de abordar las políticas, violencias y sociedades producidas por el régimen prohibicionista, durante el coloquio se abordaron también las críticas a los regímenes prohibicionistas y las nuevas políticas de drogas, sobre todo la experiencia desarrollada en Uruguay con la legalización de la venta de marihuana.