Paro general: el centro fue un páramo y los barrios funcionaron en modo feriado
La peatonal tuvo grandes locales abiertos, pero muchas pilcherías con persianas bajas. En los corredores barriales muchos negocios estuvieron abiertos, pero les faltó gente.

Miércoles 24 de Enero de 2024

La huelga general convocada contra el gobierno de Javier Milei en Rosario tuvo matices en la actividad comercial diurna. La medida de fuerza que desobligó trabajadores desde el mediodía dejó a los negocios librados a permanecer abiertos o bien bajar sus persianas. Contrastes que diferenciaron el centro de los barrios. Una peatonal Córdoba con marcas más "fuertes" dispuestas a recibir clientes pero en medio de galerías con pilcherías cerradas y persianas bajas en las calles de la city. Los centros comerciales barriales apostaron a pescar alguna venta con más negocios abiertos, pero la recesión, el verano y el efecto del paro los dejaron en "modo feriado". Poca gente en las avenidas, tránsito fluido por falta de vehículos, muchos lugares para estacionar y empleados aburridos viendo pasar las horas.

Salvo por algunos bares, cafeterías, supermercados y negocios gastronómicos el centro fue un páramo. Y hasta la costa central como el Parque de las Colectividades, Sunchales y de la Arenera solo mostraron paseadores de perros y alguna reposera en medio del verde.

La recorrida de La Capital fue primero al corredor comercial de Alberdi. En un local de indumentaria masculina a la altura del 600 la mañana estuvo "normal" pero la tarde fue un dolor de cabeza. "Acá cerró hasta la peluquería, que no lo hace nunca. Y nosotros no vendimos nada. Se decidió abrir pero esta así hace horas. Pero es enero, aunque este enero es peor que otros", resumió un vendedor vestido a la moda.

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Echesortu, ícono de los centros comerciales barriales tuvo bastantes negocios abiertos, pero muy poca clientela.

En la zona asoma un negocio de pastas dedicado a tapas de empanadas y productos de una cooperativa. "Poca venta, soy el dueño pero eso sé que vender hay que vender pero fue muy poco y nada", resumió el hombre mientras sacaba de un gran freezer mercadería.

En una vuelta por barrio Belgrano el panorama era similar. Negocios abiertos, sí; ventas poco y nada. Ahí en Barra y Mendoza el carnicero lo resume: "No pasa nada hermano, está todo muerto, se ve que toda la gente se rajó y será peor cuando deje de haber colectivos". Un par de metros por Mendoza al 6200 el negocio dedicado a artículos de librería y afines tiene a una señora que es empleada también hace su síntesis: "La verdad, no tuvo sentido venir, acá me ves no hay clientes". La zona próxima a las Cuatro Plazas tenía muchos locales abiertos, pero las calles eran el desierto de Sahara.

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Ya en barrio Azcuénaga, más precisamente en Mendoza y Matienzo, el equipo periodístico que hizo la recorrida encontró una rareza: "Ventas igual que cualquier día, como una jornada normal, se ve que la gente aprovechó para venir a consultar y comprar", soltó la adolescente de un local de ropa deportiva asociada a un club de fútbol rosarino.

Echesortu es uno de los emblemas de los centros comerciales a cielo abierto. Trasponer Avellaneda por Mendoza es sinónimo de disminuir la velocidad en una día común. Ayer a la tarde, se podía estacionar con facilidad en cualquiera de sus cuadras. La chica de la Dietética también sorprende en medio de la escasa cantidad de vecinos transitando por la zona. "No me puedo quejar. Estoy vendiendo bien, mejor que el lunes pasado, por ejemplo. En lo personal no creo que parando el país un día se solucione algo", dice mientras pesa en una balanza harina suelta para una clienta.

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Unos metros a mitad de cuadra un local de ropa infantil tiene a uno de sus responsables apostado en el mostrador. El boliche fue antiguamente la Disquería Bigotes y hoy la pelea con otro rubro. "Me crucé acá con el encargado de este local grande de la esquina y ellos tampoco vendieron nada. El tema es que no hay gente. El movimiento es demasiado tranquilo, fijate que pudieron estacionar si problemas", le dice al cronista. La postal es evidente: una zona de negocios al lado de otros, en una gran mayoría abiertos, pero con escasísimas ventas. "Estuve en la crisis de 2001 y en ése momento el problema era la desocupación. Hoy vez que todos los días vendés menos", comenta.

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Enfrente y cercana la Escuela Pestalozzi asoma un coqueto local de indumentaria femenina para público joven y "fashion". Ahí estaba la empleada, viendo pasar los minutos. Eso sí, con aire acondicionado. "Hubo el algún momento temor de que haya marchas por acá o problemas en la calle pero está todo más que tranquilo. No entró nadie desde las 17 horas que abrí y en general cuando abro ya hay clientas. Hasta ahora, ni moví dinero de la caja", sentenció.

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Cae el sol y una tarde calurosa de un 24 de enero atípico. En pocos instantes, los escasos colectivos que circulaban por la ciudad, volverán a los galpones.