La ciudad

Para sacar el carné de conductor, enseñan a leer a través de la señales viales

La Dirección de Tránsito sumó un aula del programa de alfabetización "Yo sí puedo" que capacita para obtener la licencia

Domingo 20 de Mayo de 2018

Contestar 20 preguntas en apenas 30 minutos no es una tarea fácil para quien a duras penas puede leer y escribir. Sin embargo, es el requisito básico que deben cumplir todas las personas que quieren acceder a un carné de conducir. Para allanar ese camino, la Dirección Municipal de Tránsito sumó un aula del programa de alfabetización cubano "Yo sí puedo", que capacita a quienes se acercan a tramitar el carné de conducir, pero no saben leer ni escribir. Por las aulas de 27 de Febrero y Moreno ya pasaron cerca de 150 personas, de entre 20 y 55 años, argentinos y extranjeros, que aprendieron a lidiar con las letras descifrando las señales viales.

   "Acá se acercan para tramitar el carné de conducir, pero salen sabiendo leer y escribir", destaca Leandro Vivas, a cargo del área de Educación Vial de la Dirección Municipal de Tránsito, mientras atraviesa el parque infantil de educación vial, donde funcionan las aulas del programa de alfabetización.

   Adentro —en medio de un salón de paredes, techos blancos y muebles blancos— Gabriel y Franco quieren escribir en el pizarrón "Sole viaja a Rosario para conocer la ciudad".

   El más joven de los dos tiene 38 años y necesita el carné de conducir para poder salir tranquilo a la calle con su moto. Franco tiene 57 años y olvidó renovar su carné. Cuando el taiwanés intentó iniciar otra vez los trámites, los agentes le recomendaron asistir a las clases del programa de alfabetización.

   Las actividades del "Yo sí puedo" llegaron a la dirección de Tránsito hace siete años. Desde entonces, a la propuesta se sumaron 147 personas, de las cuales 85 lograron aprender a lidiar con vocales y consonantes y finalizar con éxito el trámite de su licencia para conducir.

Una llave

La actual ley de tránsito fija como requisito para obtener el carné que los solicitantes sepan leer, si se trata de motos o vehículos particulares, y para las licencias profesionales también saber escribir. Por eso, señala Vivas, "desde el municipio se buscó una estrategia de inclusión para garantizar que todos puedan acceder a una licencia de conducir que, muchas veces, es la llave para encontrar un trabajo o desarrollar distintas actividades sociales".

   El coordinador del área de Educación Vial recuerda que, hace tiempo, cuando una persona analfabeta se presentaba a rendir el examen teórico para obtener la licencia, los inspectores se encargaban de leerle las preguntas y las posibles respuestas. Sin embargo, desde que se implementó el examen digital, esta opción quedó en el olvido.

   Con las nuevas pruebas, sólo hay media hora para completar el multiple choice de 20 preguntas sobre las leyes viales. Y quien no logra leer con fluidez o no comprende rápidamente el significado de las consignas, se queda afuera.

   Jorge Pascucci es inspector de tránsito, muchas veces ha estado al frente de estos exámenes, y conoce de estas dificultades. "Las personas que deletrean no pueden completas las pruebas, tampoco a quienes les son ajenos los términos de la ley de tránsito, como aceras por veredas, calzadas por calles o ochava por esquina", enumera.

   Actualmente, el 30 por ciento de las personas que se presentan a rendir el carné reprueban los exámenes escritos. No obstante, afirma Pascucci, no está determinado cuántos bochazos obedecen a la incapacidad para leer o interpretar las consignas.

   La incorporación de un aula del programa de alfabetización cubano "Yo si puedo" fue pensada como una alternativa para superar estas situaciones. La propuesta, certificada por la Unesco, busca la formación integral de las personas recuperando historias, experiencias y saberes de sus propias vidas.

   En Rosario, el programa comenzó a implementarse en el 2010, en distintos barrios, centros municipales de distrito y en las cárceles de la ciudad. Quienes lo conocen, lo consideran un método accesible, entretenido, divertido y breve, ya que la fase de lectoescritura dura entre 3 y 4 meses.

En las clases

Las paredes de los salones están llenas de dibujos de señales viales, semáforos y sendas peatonales. En ese lugar de lunes a viernes, de 6 a 8, se desarrollan los encuentros de alfabetización. Rosa Cavalieri es una de las cinco voluntarias que ofician como facilitadoras del programa en la Dirección de Tránsito.

   Las personas que participan de las actividades del programa —señala— llegan con distintas necesidades, algunas no reconocen las letras, otras tienen algún conocimiento de lectoescritura, pero aún deben trabajar sobre comprensión y significado de los textos.

   La edad y experiencia de las personas que se presenta para rendir la licencia de conducir sin saber leer ni escribir es diversa. A diferencia de otras sedes del programa de alfabetización, en las aulas de Tránsito no hay personas de mucha edad.

   "Al comienzo del programa, la mayoría eran personas jóvenes de entre 20 y 27 años, ahora es más diverso los más chicos tienen 27 años y los más grandes no pasan los 55 años", afirma Cavalieri y destaca que además de trabajar en lectoescritura muchas veces también capacitan en el uso de computadoras.

   Hay muchas personas que trabajaban como carreros que se acercaron a pedir la licencia para conducir algún tipo de vehículo, en el marco de los programas de reconversión que acompañaron la prohibición de la tracción a sangre, también hay muchos jóvenes que necesitan su licencia para poder conducir su moto y también extranjeros.

   De acuerdo al último censo, el 98,2 por ciento de la población de más de diez años en la provincia puede leer y escribir. En Rosario este índice sube al 98,4 por ciento.

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