La ciudad

Para el Concejo, el Estado "no puede prohibir" las fiestas espontáneas

Ediles de distintas fuerzas coinciden en que se debe "controlar y prevenir" los festejos autoconvocados por jóvenes en espacios públicos de la ciudad.

Lunes 13 de Enero de 2020

La irrupción de jóvenes ocupando parques y plazas para llevar a cabo festejos nocturnos espontáneos, convocados a través de las redes sociales, introdujo otro elemento de consideración a la extensa discusión sobre el esparcimiento y la vetusta ordenanza 7218, cuyo recambio viene dilatándose hace años.

Si bien desde las distintas fuerzas coinciden en que el fenómeno no requiere un cambio de normativa para su abordaje, sí pone de manifiesto que las transformaciones culturales en los usos y costumbres de la juventud respecto de la diversión en la noche rosarina llevan impregnados una velocidad que supera largamente los tiempos de la política local.

El concejal de Juntos por el Cambio, Carlos Cardozo, afirma que "ya se ha forjado la tradición de festejar el 25 de diciembre y el 1º de enero en los espacios públicos", y que estos cambios culturales son "irreversibles", por lo que el Estado "no debe dilapidar esfuerzos y legislaciones que traten de torcerlos".

En ese sentido, considera que "es un paso adelante que en lugar de hacerlo en medio de zonas pobladas, como pasaba en 9 de julio y Crespo, y generaba muchos problemas con los vecinos, se haya tomado un espacio público abierto que tiene una distancia con los residentes", como la zona ribereña que tiene epicentro en Dorrego y el Río.

También aprueba los operativos que la nueva gestión municipal hizo este año. "Las medidas de prevención se notaron", puntualizó, y mencionó entre ellas "el cordón de agentes de la Guardia Urbana que impidió que los chicos pasaran del otro lado de la baranda y corrieran peligro", y "lo que se implementó en control de tránsito, y en estar atentos a las situaciones de desbordes".

Actualización

Para Cardozo, "es razonable que se cuide y prevenga, pero no se puede pensar una prohibición". Y remarcó que "no es posible imaginar Río de Janeiro prohibiendo la Reveillon", en referencia comparativa con la fiesta de Año Nuevo en las playas de Copacabana. "El Estado y la política deben adaptarse a cómo la sociedad va mutando, y que esos cambios se hagan de la manera más sana posible", definió.

"Entendemos la posición de los boliches porque deben haber perdido una cantidad importante de ingresos. Ellos también deben ponerle imaginación para hacer una oferta seductora, mejor que la que venían ofreciendo para volver a captar a los chicos", aseguró el edil macrista.

En este marco, recordó que "la ciudad necesita una nueva ordenanza de nocturnidad y espectáculos públicos, porque hay legislaciones que han quedado perimidas", y apuntó que "se podría rever para estos casos puntuales, el tema del consumo de alcohol en la vía pública".

Bolsillos flacos

Por su parte, el concejal del PJ, Eduardo Toniolli, coincidió en que "el Estado en este caso no puede tapar el sol con las manos", y apuntó que el fenómeno es producto de dos situaciones convergentes: "Las nuevas costumbres de los jóvenes y sus formas de divertirse; pero también el impacto de la situación económica, porque ir a un boliche a pagar entrada y bebidas sale mucho más caro que hacer lo mismo en el espacio público".

Frente a esto, Toniolli consideró que "el Estado debe fijarse una prioridad y tiene que ser cuidar a los pibes, generando las condiciones para que puedan estar seguros". Esto, continuó, se hace de distintas maneras: "La presencia de organismos de control y fuerzas de seguridad para garantizar un entorno seguro; y otras cuestiones como el transporte público durante la noche y la luminaria urbana".

Más en general, respecto del tratamiento de la nocturnidad, el edil recordó que "está pendiente y es una de las grandes deudas del Concejo pero también del Ejecutivo, porque no hubo un ida y vuelta fluido sobre la ordenanza 7218, que regula la noche".

El dirigente del Movimiento Evita señaló tres cuestiones a tener en cuenta: "Cuidar a los pibes y pibas que son los que más transitan la noche; la convivencia con el entorno (por ejemplo, créditos blandos para locales que quieran insonorizar el lugar); y que una parte importante de los emprendimientos ligados a la nocturnidad persiguen un objetivo económico".

En ese sentido, cree que las últimas gestiones municipales "no han sabido articular estos tres componentes, y como en muchos otros casos le han dicho a todos los actores lo que querían escuchar", siendo el caso más paradigmático, en su opinión, el barrio de Pichincha.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario