La ciudad

Padres adolescentes que asoman a la adultez y parecen hermanos de sus hijos

Son jóvenes y sus vidas cambiaron siendo adolescentes o comenzando la adultez. No terminaron la escolaridad, viven de sus padres o dependen económicamente de ellos.    

Domingo 16 de Junio de 2013

Parecen hermanos de sus padres, pero también de sus hijos. Son adolescentes o están asomando a la adultez sin haber terminado su escolaridad, sin tener un trabajo estable o están desocupados. Viven con sus padres o dependen económicamente de ellos. Se trata de los padres-niños o padres-adolescentes; con algo de chicos y de adultos. Y hoy celebran su Día. Cuatro de ellos le contaron a La Capital cómo viven su paternidad.

   Cuando Beatriz Valenzuela de 38 años se enteró que su hijo Germán, de 16, iba a ser padre, lloraba por los rincones. “Hoy está chocha: ella y nosotros”, dice Germán Santamaría, de 20 años; padre de Tomás, «Toto», de 4 años, y pareja de Leilén Herrera, quien se convirtió en mamá a los 15. Una familia joven por donde se la mire.

   Germán, de pocas palabras, piercing de barra en la oreja derecha, jeans y zapatillas llega de trabajar pero brinda algo de su tiempo y su cansancio para hablar de él, su hijo y su mujer. “Nos conocimos en el secundario, juntos tuvimos nuestra primera relación sexual. Cuando nos enteramos ella, mi mujer, me quería matar, yo en cambio me decía: «Lo hecho, hecho está»”, contó. Según la abuela y la mamá de esta historia, Germán siempre ayudó con las cuestiones domésticas y con la paternidad siguió en esa línea. Y dejó la escuela y se puso a trabajar: primero en una verdulería, luego en una metalúrgica, ahora para una empresa embotelladora.

   “Leilén sí siguió el colegio, y yo me quedaba con el nene y cocinaba. Durante un año vivimos con mi mamá, en barrio Ludueña, ahora, solos en Fisherton”, dijo. “Ser padre no es un trabajo, es la vida: cuesta pero yo le doy todo lo que puedo: un jardín privado, ropa, juguetes; me gusta jugar con él. No me arrepiento de nada. Incluso quiero tener otro, una nena: sería lindo”. Cuando se le preguntó qué querría para su hijo enumeró pocas cosas: “Que no se drogue, que sea sano, de Central y que sea lo que quiera ser”. Y Tomás confesó también las pocas cosas que le gustaría regalarle a su papá en su Día. “Un auto, una moto y un dibujo”.

La historia de Darian Gauna, de 20 años, se asemeja: está plagada de precocidad. Cuando su hermanito tenía cuatro años, él había cumplido 17, su novia 14 y se enteraron de que iban a ser padres. Por eso hoy, Santino, el hijo de ambos, de 3 años, tiene un tío de 7.

   “Recuerdo que viví la noticia con mucho temor por lo que nos iban a decir, no nos habíamos cuidado, creo que inconscientemente buscamos a este hijo. Luego el miedo pasó y me gustó verlo crecer en la panza y también después. Con la mamá de Santino estuvimos juntos, ahora estamos separados, y cuando no está conmigo lo extraño. Es divino tener un hijo: uno puede hablar de su ex mujer, pero no de su ex hijo, es para siempre”, remarcó Darian, quien sí terminó el secundario, trabaja desde antes de ser padre y vive con su papá.

En las maternidades. En la maternidad del Roque Sáenz Peña y en la Martin es habitual ver padres adolescentes. “Pero hay cosas que cambiaron”, aseguró la trabajadora social del Roque, Susana Arminchiardi. “Cuando ingresé en el 82 había mucha parturienta que ocultaba su embarazo o venía sola. Ahora no se da ni una cosa ni tanto de la otra: los varones acompañan más sus mujeres, es apenas un dato, luego hay que ver cómo llevan adelante su paternidad, pero es un dato”.

   En la Martin se registran unos 4.600 nacimientos al año. Y según las estadísticas (siempre tienen en cuenta los datos maternos), un 61,6% de las mujeres realiza el trabajo de parto acompañadas por sus parejas. Un 35% con sus familiares y un 1% conforma el “resto”. Según la jefa de Obstetricia, María Gabriela Puig, “son pocas las madres jóvenes con parejas mucho mayores, en general tienen la misma edad. Acá hay padres de hasta 15 años, pero en las clase media y baja no es algo inusual, la paternidad temprana es cultural”, indicó.

   El miércoles pasado, en la sala 1, había dos padres acompañando a sus parejas y a sus bebés recién nacidos. No son ya “totalmente” adolescentes, pero son primerizos y están empezando a ser adultos como pueden.

   Lucas Juncos, tiene 23 años, dejó el colegio en 2º año y es padre biológico de Isaías, hoy de flamantes 5 días. Pero, a los 20 se convirtió en padre sustituto de Benjamín, el hijo de su mujer, Ayelén Bosco, de 25 años. Lucas y su mujer son creyentes hasta la médula y lo reflejan al conversar y al mostrar la       La historia de Darian Gauna, de 20 años, se asemeja: está plagada de precocidad. Cuando su hermanito tenía cuatro años, él había cumplido 17, su novia 14 y se enteraron de que iban a ser padres. Por eso hoy, Santino, el hijo de ambos, de 3 años, tiene un tío de 7.

   “Recuerdo que viví la noticia con mucho temor por lo que nos iban a decir, no nos habíamos cuidado, creo que inconscientemente buscamos a este hijo. Luego el miedo pasó y me gustó verlo crecer en la panza y también después. Con la mamá de Santino estuvimos juntos, ahora estamos separados, y cuando no está conmigo lo extraño. Es divino tener un hijo: uno puede hablar de su ex mujer, pero no de su ex hijo, es para siempre”, remarcó Darian, quien sí terminó el secundario, trabaja desde antes de ser padre y vive con su papá.

En las maternidades. En la maternidad del Roque Sáenz Peña y en la Martin es habitual ver padres adolescentes. “Pero hay cosas que cambiaron”, aseguró la trabajadora social del Roque, Susana Arminchiardi. “Cuando ingresé en el 82 había mucha parturienta que ocultaba su embarazo o venía sola. Ahora no se da ni una cosa ni tanto de la otra: los varones acompañan más sus mujeres, es apenas un dato, luego hay que ver cómo llevan adelante su paternidad, pero es un dato”.

   En la Martin se registran unos 4.600 nacimientos al año. Y según las estadísticas (siempre tienen en cuenta los datos maternos), un 61,6% de las mujeres realiza el trabajo de parto acompañadas por sus parejas. Un 35% con sus familiares y un 1% conforma el “resto”. Según la jefa de Obstetricia, María Gabriela Puig, “son pocas las madres jóvenes con parejas mucho mayores, en general tienen la misma edad. Acá hay padres de hasta 15 años, pero en las clase media y baja no es algo inusual, la paternidad temprana es cultural”, indicó.

   El miércoles pasado, en la sala 1, había dos padres acompañando a sus parejas y a sus bebés recién nacidos. No son ya “totalmente” adolescentes, pero son primerizos y están empezando a ser adultos como pueden.

Los casos en el consultorio

El pediatra y especialista en adolescencia Ramiro Amato cuenta que desde hace poco más de una década atiende en su consultorio a pacientes, desde que nacen y hasta sus 30 años. Y dice que la maternidad y paternidad adolescentes son temas constantes.

“En la clase media y media alta se vive la problemática distinto que en las clases más vulnerables. Se piensa más en el aborto, se continúa con la escolaridad; en las clases bajas, los chicos nacen y se crian como se puede y por lo tanto sus padres suelen abandonar la escuela. Nosotros hacemos un acompañamiento del embarazo con ambos padres: si hasta los cuatro meses están juntos, en general se acompañan hasta el nacimiento del hijo, y van construyendo la paternidad y la maternidad, viviendo juntos o separados, con mucho apoyo de la familia y la asistencia de salud. Claro que los padres de ahora no son esos proveedores de cuestiones materiales y afectivas de antes, pero van asumiendo algunos roles. Hasta hace unos años nosotros les transmitíamos a los abuelos la «mala» noticia del embarazo, ahora no es tan conflictivo, sí lo es enterarse o enfrentar la homosexualidad de sus hijos”.

   Amato dice que en general los adolescentes con buenos recursos económicos se encuentran “de golpe” siendo padres por descuidos profilácticos ligados a la excesiva ingesta de alcohol y sustancias no legales. “Informados están, pero se descuidan o sostienen mitos dificilísimos de desarticular como que en la «primera vez» o teniendo relaciones parados no se embarazan; y los resultados, lógicamente no son los por ellos esperados”, relató. 

 

 

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