Domingo 30 de Marzo de 2008
Cuando en 1903 el dramaturgo Florencio Sánchez estrenó la obra "M´hijo el dotor", quizás no imaginó que un siglo después la realidad de los médicos cambiaría radicalmente. La obra narra a grandes rasgos la farsa que un muchacho monta para hacerle creer a su madre que estaba estudiando medicina, cuando en realidad había fracasado en esa cruzada. Eran épocas en las que ser médico era sinónimo de éxito, prestigio social y, si se quiere, bonanza económica.
Hoy, la versión remixada muestra otra cara. Jóvenes que después de pasar años en la facultad chocan con la realidad. No es fácil insertarse en el mercado laboral de un segmento que cada año aporta más de 600 médicos a Rosario y su zona.
¿Dónde van a trabajar?, es la pregunta espontánea. Encontrar una respuesta no es fácil. Así empieza el peregrinar por guardias, viajes a pueblos distantes, horas sin dormir, y meses esperando que las obras sociales paguen las consultas.
La realidad es tan frustrante que hasta en internet florecen los sitios en los que hacen una especie de catarsis colectiva. Uno de ellos —www.mihijoeldotor.8m.com— se presenta como "la página de la realidad médica". Allí vuelcan frases como "para explicar a los padres que no entienden por qué su hijo estudio tanto y espera meses para cobrar una consulta". La pregunta ni siquiera debería existir en un país donde la cobertura social funcionara aceitadamente y los salarios médicos fueran dignos. Pero la época de "M´hijo el dotor" quedó atrás y hoy se impone la explotación y los sueños frustrados. Tiempos modernos que les dicen...