Miércoles 01 de Noviembre de 2023
Rocío Fernández es licenciada en nutrición y autora de Comemos lo que somos. La comida cambia al mundo. Un ensayo con-ciencia, ética y amor.,editado recientemente por Planeta. Pero su cara más conocida es la que muestra en redes sociales (en Instagram tiene más de 200 mil seguidores) como “Nutriloca”.
Su libro propone un recorrido cargado de preguntas sobre todo aquello que nos llevamos a la boca a la hora de sentarnos en la mesa. ¿Queremos de verdad esto? ¿Nos gusta? ¿Nos hace bien? ¿O es lo que nos enseñaron toda una vida?
Convencida de que la alimentación no es sólo un acto individual, sino que es una práctica colectiva, grupal, vincular y política, la autora e influencer de la alimentación basada en plantas y legumbres sostiene: “Lo que comemos repercute en uno mismo y en todas las personas, incluido el planeta. Individual es elegir el color de la remera que te vas a poner hoy, pero no dónde vas a comprar tus alimentos y qué tipos de alimentos”.
Nació y se crió en una familia trabajadora de clase media baja que sufrió las distintas crisis económicas del país. Su padre fue un trabajador ferroviario que quedó desocupado en plena década del 90 con la privatización de los trenes y su madre retomó a partir de ahí su labor de enfermera para parar la olla. Vio cómo su familia se empobrecía más y más y cómo el mate cocido y el pan con manteca eran el almuerzo, la merienda y la cena de su infancia. Con los años le cayó la ficha y así lo cuenta: “Un determinado modelo político, económico y productivo de un país afecta directamente al plato. Y al plato de algunas personas, no de todas”.
Apoyada en citas de autores que vienen de distintos campos (antropología, filosofía, economía, salud), recurriendo a datos científicos, pero también apoyada en el relato de la experiencia propia y de vida, la autora propone “darlo vuelta todo” y plantea que “así como las personas cambian, pueden cambiar las formas en qué comemos”. Pero esa transformación nunca es en soledad porque la salida siempre, en definitiva, es colectiva.
Incluso retoma el lema feminista de “lo personal es político” y plantea que los platos son situados y que no escapan a la idea binaria de la sociedad en que vivimos. Es así como en el libro se permite problematizar acerca de la alimentación y los cuerpos femeninos para poner en tensión la hegemonía de las siluetas moldeadas durante siglos y siglos según imágenes perfectas e inalcanzables.
“Como nutricionista mujer no podía no hablar de la cultura de la dieta y de la belleza hegemónica y la violencia y presión estética. Problematizar sobre los mandatos nos permite entenderlos, cuestionarlos, y es una invitación a esto del revínculo, porque un vínculo sano con los alimentos es un vínculo sano con nuestros cuerpos y viceversa”, dice.
–Sos una militante de la alimentación basada en plantas. ¿En qué consiste?
–Una alimentación basada en plantas está compuesta predominantemente por alimentos de origen vegetal y esto no significa comer lechuga y tomate en todos tus platos. Sino que la mayor fuente de energía, proteínas y otros nutrientes de tu dieta provenga del reino vegetal. En esta alimentación podemos colocar al veganismo, que más que una dieta es un posicionamiento ético. Esa alimentación es 100% basada en plantas y busca el consumo de alimentos de origen vegetal mínimamente procesados para obtener macronutrientes (carbohidratos, grasas y proteínas), micronutrientes (vitaminas y minerales) y compuestos bioactivos (flavonoides, esteroles, polifenoles, etcétera) que optimizan las funciones corporales. Esto lleva a maximizar los beneficios y minimizar los riesgos para la salud por cada caloría consumida.
–¿Cuáles son los alimentos que menos consumimos siendo los más necesarios para nuestra vitalidad y cuáles son los menos imprescindibles y que se constituyen en la base de nuestra alimentación?
–Argentina tiene un consumo de legumbres de 800 gramos por habitante por año, o sea algo así como el guiso de junio y las cucharaditas de noviembre en la ensaladita y se terminó. Versus un consumo de 195 kilos de productos ultraprocesados por persona por año y 143 litros de bebidas azucaradas. Los datos son increíbles, y esto nos permite hacer una lectura de lo que sobra y de lo que falta y de las consecuencias de esto. Siempre digo que hay que bajar el consumo de paquetitos y aumentar el consumo de alimentos de verdad. Frescos, de temporada, que siempre están más baratos. Incluir legumbres, que hoy el kilo está promedio mil pesos y te rinde por casi tres kilos. Y tenés comida para un mes. O al menos, más variedad para tus ingestas. Más alimentos reales del reino vegetal, menos paquetes y gaseosas y vas a ver que tu economía, tu salud y el planeta te lo van a agradecer. Ese el verdadero win win.
–En un país que está en crisis económica y la mitad de las niñas y los niños son pobres: ¿Cómo hablar de alimentación saludable sin que suene snob? ¿Comer mejor es más caro?
–Hoy en día estamos siendo testigos de una gran paradoja de la malnutrición: mientras muchas personas están muriendo de hambre y desnutriciones agudas y crónicas, otra gran parte de personas está muriendo por el padecimiento de enfermedades crónicas no transmisibles como diabetes, accidentes cerebrovasculares, etcétera. La malnutrición por defecto y por exceso nos está afectando de la misma manera. Comer saludable, sano, seguro, soberano y sostenible termina siendo un privilegio y no un derecho. Y la explicación no es sólo en términos de acceso, es política. Y mucho de esto tiene que ver con el mismo sistema alimentario que tenemos. Lamentablemente la solución no la va a dar una persona que come plantas, ni tampoco un vegano, sino que todas las personas deberíamos estar reclamando seguridad en nuestros alimentos. Comer sano termina siendo caro, porque lo barato es comer ultraprocesados y esto tiene sus motivos. Si tenemos la posibilidad de elegir tenemos mayor responsabilidad, así que elijamos en base a eso. Por otro lado, una dieta más basada en plantas termina siendo más barata que una tradicional mal hecha. No sólo por el precio, sino por los costos en salud que provoca a largo plazo. Invertir en buen combustible siempre es una buena decisión. Más aún si es con legumbres, que son económicas y muy rendidoras.
–Desde que se aplicó la ley de etiquetado no sólo sabemos lo que comemos sino que hasta hay quienes prefieren que les sigan ocultando esa información y reclaman no ver esos octógonos de color negro, como el viejo dicho de: “Ojos que no ven, corazón que no siente”.
–La ley de promoción de una alimentación saludable, conocida como ley de etiquetado frontal, es sólo el inicio de esta gran conversación sobre qué estamos comiendo. Por supuesto que, si hablamos de un alfajor y tiene sellos, ya sabemos lo que es. No hace falta que se nos avise, ya que más o menos entendemos que es una golosina, un producto ultraprocesado, y nadie come un alfajor para obtener vitaminas. Caso distinto son aquellos productos que la industria y su poderoso marketing y publicidad nos hicieron creer que eran sanísimos, mientras no lo son nada. Como las barritas de cereal, las galletitas, los yogures, los copos tipo cereales. Algunos de estos productos son consumidos porque pensamos que son alimentos que nos van a dar fuerza, vitaminas y minerales y nos van a hacer crecer. Es aquí donde el etiquetado frontal cobra mucho más sentido. Y en los productos light por ejemplo, otro engaño más. Por otro lado, es cierto que no todas las personas se toman bien todo esto. Duelar productos (o el leoncito de la caja de cereales) es reconocer que fuimos engañados y eso lleva su tiempo de asimilación.
–Si se trata de un cambio, ¿por dónde se empieza?
–Para mí, cuando no se sabe por dónde arrancar hay que hacerlo por uno. En soledad, en esa conversación que tenemos con nosotros mismos, incluyendo alimentos que nos sumen en salud, aprendiendo a comprar, hablando de estos temas con otras personas, comprando un buen libro que nos acompañe, sintiendo cómo el cuerpo va pidiendo más de eso saludable que le empezaste a dar y que luego nos permita preguntarnos: ¿con mis acciones estoy siendo parte de la solución?
Presentación
Comemos lo que somos. La comida cambia al mundo. Un ensayo con-ciencia, ética y amor (editado por Planeta) se presenta hoy a las 18.30 en el Centro Cultural Roberto Fontanarrosa. La cita incluye charla para hablar de comidas, recetas, acciones para transformar(nos).