La ciudad

“Nunca imaginé que algún día iba a poder trabajar en una empresa”

Reinserción social. La frase es de Alan, un joven de barrio Ludueña     que se capacitó en un oficio en el marco del pograma Nueva Oportunidad.

Lunes 24 de Agosto de 2015

“Nunca me imaginé que algún día iba a poder trabajar en una empresa”. La frase pertenece a Alan, un joven de barrio Ludueña que se capacitó en un oficio y consiguió un empleo estable. El joven relató cómo cambió su vida gracias a contar con un trabajo formal.
  El programa Nueva Oportunidad, desarrollado en conjunto por la Municipalidad, la provincia numerosas instituciones y organizaciones capacitadoras, alcanzó con sus cursos de capacitación en oficios a unos mil jóvenes durante el año pasado y, en este 2015, son alrededor de 1.300 los que se encuentran en instancias de cursado para recibir su diploma posteriormente, tal como lo hizo Alan, un joven de Ludueña que, tras haber concluido su participación en el plan de formación laboral, consiguió un empleo estable.
  El joven de 20 años, que concurre frecuentemente al Centro de Convivencia Barrial Ludueña Norte (Rafael Bielsa 6001), cuenta orgulloso su presente alentador y esperanzador a dos meses de haber iniciado su trabajo. “Antes no veía un futuro para mi vida, hoy quiero formar una familia y, con esfuerzo, sé que lo voy a lograr”.
  La propuesta de una capacitación cerca del lugar donde vive significó, desde el principio, la esperanza de un cambio, tanto para él como para sus amigos del barrio: “Siempre que nos reuníamos acá (CCB Ludueña Norte) charlábamos de cómo nos gustaría que el barrio cambie, y para mí teníamos que buscar algo para hacer. Por eso cuando me enteré de todos estos cursos, me puse re-contento”.
  Tal como lo indican los equipos técnicos del municipio a cargo del programa destinado a jóvenes de entre 16 y 30 años, el empleo resulta el deseo de muchos cuando se reflexiona sobre la posibilidad de buscar alternativas para sus vidas. La idea de que con un trabajo la realidad es diferente está fuertemente arraigada en los jóvenes y sus familiares en los barrios de mayor vulnerabilidad social. Un deseo alcanzado por Alan que, al poco tiempo de finalizar el curso de soldadura en la cooperativa de trabajo Herramientas Unión (Vélez Sarsfield 7058), fue contratado para trabajar en una empresa rosarina de instalación y mantenimiento de ascensores. “Yo quiero ser un ejemplo para los chicos que de mi barrio. Que ellos vean lo que logré acá y así se animen a venir a hablar acá y a aprender a hacer algo”.
  Recordando su pasado no muy lejano, valora su nuevo empleo como una posibilidad que le cambió su perspectiva de futuro: “Yo siempre hacía changas que no me gustaban y me daba ganas de tirar todo a la basura. Nunca me imaginé que algún día iba a poder trabajar en una empresa, como me está pasando ahora”, relata.

Más que un curso. En concordancia con los objetivos del Nueva Oportunidad, el curso de soldadura no sólo le enseñó a Alan un oficio que le permitió encontrar un trabajo, sino que también fue un espacio en el que pudo aprender a relacionarse con los demás de una forma diferente.
  Las propuestas de capacitación se estructuran a partir de la presencia de los jóvenes en las instituciones capacitadoras dos veces a la semana, acompañados por el equipo territorial, y un tercer día de trabajo sobre distintas temáticas que surgen en los espacios de la semana. El relato de Alan también hace referencia a la importancia de ese tercer encuentro semanal destinado al diálogo con los jóvenes. “Acá siempre hablábamos de las cosas que nos gustaría cambiar en el barrio y también personalmente. Y yo siempre decía que quería cambiar mi carácter. No te digo que lo cambié mucho, pero hablando y hablando, algo cambié, porque algo te queda. Eso me ayudó mucho”.

Testigos de los cambios

Historias como las de Alan son conocidas por los vecinos del barrio, donde los referentes sociales observan cambios en los jóvenes que transitan por el proyecto. Es el caso de Silvia Withe, del Centro Comunitario El Señor de Los Milagros (Rouillón 352), al que asisten a diario jóvenes de Ludueña, muchos de los cuales participan del programa. “Para los jóvenes del barrio esto significa una contención que es indispensable, tanto porque hace que estén menos horas en la calle, como porque les enseña que es posible un progreso por el camino de la educación y del trabajo”, sostuvo la mujer. Al mismo tiempo, la referente barrial destacó la incidencia de esta propuesta en la autovaloración de los jóvenes como en la mirada que de ellos tienen los vecinos: “Siempre escuchamos las cosas malas que hacen los jóvenes. Este proyecto hace que empecemos a escuchar las cosas buenas, que quizá son pequeñas por ahora, pero que las pueden hacer, y que permiten que los chicos se den cuenta de que son valiosos, porque son el futuro”.

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