La ciudad

No pueden pagar un abogado y abarrotan las defensorías civiles

La gente colma los pasillos de Tribunales a la espera de ser atendida. Se escuchan historias que son el reflejo de problemáticas profundas.

Domingo 13 de Octubre de 2019

Mujeres solas con dos o tres niños a cuestas o embarazadas, ancianos maltrechos, obreros, niños pequeños que matan el tiempo jugando con una pelotita mientras el adulto a cargo espera. Mamaderas de leche o agua girando en el piso, o un pañal que rueda por un rincón. La postal diaria en los pasillos de la defensorías civiles de los Tribunales provinciales de Rosario es el espejo de una realidad que golpea a miles de vecinos en situación de vulnerabilidad social en un contexto de crisis exasperante. Son personas de escasos recursos que apelan a ese servicio legal gratuito porque no pueden afrontar honorarios de un abogado particular, con necesidades urgentes. Algunos se trasladan desde barrios alejados o zonas periféricas caminando, en bicicleta, o con el dinero justo para pagar el colectivo. Crecen los pedidos de ayuda por adicciones y violencia familiar.

Se proclama en discursos oficiales el objetivo de extender el brazo de la justicia para que la gente de menos recursos económicos y culturales acceda a los servicios del Poder Judicial. Sin embargo, a pesar de algunas buenas iniciativas, la realidad marca que las diez defensorías civiles ubicadas en la planta baja del edificio de Tribunales sobre la ochava de Pellegrini y Balcarce concentran la mayoría de las demandas de los ciudadanos vulnerables de Rosario y localidades vecinas.

Y si bien hay otras cinco oficinas desperdigadas en los distritos municipales no parecen alcanzar en una ciudad que creció exponencialmente en los últimos diez años. A ello hay que sumar el flagelo de la pobreza (35 por ciento, según los últimos datos) que impacta de lleno con conflictos familiares, personales, vecinales de profunda raíz social.

Demandas por filiación, régimen de vistas, divorcios, violencia familiar, certificados de pobreza para que el Estado cubra gastos de un sepelio, y tramitaciones de cuotas de alimentarias, pedido de internación por esquizofrenia o adicciones. Esas son algunas de las necesidades que asisten diariamente los defensores.

El trajinar de personas en ese rincón del edificio de Tribunales es incesante. En la mesa de entradas se entregan entre 350 y 400 números diarios. Sólo en agosto se atendieron 13.634 personas. Los defensores y sus empleados atienden a destajo, no paran desde las siete hasta las 13. Nadie se va sin que lo asesoren por más que se haya agotado el horario.

En algunos tramos de la mañana la espera puede ser tediosa, de dos o tres horas. El aire del ambiente se vuelve denso porque la ventilación es casi nula. Cansados, muchos deciden echarse sobre piso de granito rosado, o se recuestan sobre una pared del baño. Los rostros son de resignación, angustia, preocupación. Pero aguantan, porque es la única opción, ya perdieron el día de trabajo, porque alguien les hizo el favor de cuidar a los hijos, o porque consiguieron el dinero justo para el colectivo o para sacar fotocopias.

Es que allí tienen la única opción para recibir una palabra que los encamine en los laberínticos trámites, que les explique escritos que firman jueces y secretarios donde abundan los tecnicismos, o que simplemente les digan dónde y cómo pueden obtener una partida de nacimiento o un certificado de pobreza, o, en todo caso, cómo hacer frente a un desalojo porque acumulan deudas de alquiler o servicios. Todo un espejo de la realidad que atraviesa a cientos de familias.

Conflictos

Un matrimonio mayor espera en el pasillo con el número en la mano. La mujer con un bastón apenas puede trasladarse. "Vinimos a pedir que hagan algo para que nuestra bisnieta de dos años y medio vuelva a vivir con nosotros. La madre (por la nieta de ellos), se la llevó a la madrugada. Pero ella tiene apenas 18 años y muchos problemas por el consumo de drogas", aportó el señor.

La pareja oriunda de Pérez esperó pacientemente el asesoramiento y la posibilidad de encaminar un drama que la aqueja. "Pedimos por la nena, pero también para que asistan a nuestra nieta por los problemas con las adicciones, porque la hija está en peligro", explicó el hombre con paciente sensatez.

En otro rincón del edificio una joven aguarda con cara de preocupación. Acompañó a su tía, una mujer de 40 años con una leve discapacidad, que se tuvo que ir de la casa del barrio Alvear porque su marido la golpea hace años. Como no tiene donde refugiarse, hace una semana que vive en la calle.

"Le pega desde siempre, de toda la vida. Le impusieron un restricción, pero volvió y amenazó con prender fuego la casa si no lo dejaban entrar. Ella se fue porque le vuelve a pegar, es alcohólico, se pone muy violento también con dos hijos discapacitados que trata como sirvientes", describió la chica. La víctima se refugia en los pasadizos de Fonavi de Amenábar y Ovidio Lagos a la espera de alguna resolución urgente a su conflicto.

Un mujer de 35 años con un fojas de un expediente de familia en la mano acompañada de un amigo trata de encaminar la tenencia de su hija de 14 años. "Me separé hace dos años, mi hija se quedó con el padre pero ahora quiere vivir con migo. Estoy dando vueltas hace rato con esto. Ya vine cuatro veces y es una amansadora", narró la Bárbara, que vive en Zavalla.

Como no visibilizó una referencia judicial e institucional más cercana para hacer el trámite se tuvo que trasladar desde la vecina localidad, pagar el transporte (57 pesos el boleto), y pedir el día en el trabajo. Además, no tiene recursos para hacer frente los honorarios de un abogado particular.

Sobre un costado y con el rostro cansado, una mujer buscar matar el tiempo charlando con otra señora. Tiene un papel en la mano y lo único que necesita es que le otorguen la autorización del convenio para cobra la cuota alimentaria que le debe depositar su ex marido para sus hijos.

"Ya vine dos veces, son unas dos horas de espera. Me atendieron bien, pero se hace largo. Y además, traté de hacerlo con un abogado pero no tengo los seis mil pesos que me pidió para arrancar el trámite. Es imposible en esta situación", expuso la mujer que llegó procedente del barrio Fisherton.

La gente se agolpa en los angostos pasillos de la defensorías civiles, aguantan y esperan. No tiene otra alternativa. En los últimos años ese servicio es el fiel reflejo de la compleja situación social y económica, el crecimiento de la conflictividad. Esta situación fue advertida desde la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe que puso en marcha una serie de reformas.

En 2017 se impulsó la creación de cinco nuevas defensorías que están instaladas en los centros de distrito municipales, en Villa Gobernador Gálvez, en San Lorenzo y en Villa Constitución. Pero a la par se multiplica y crece el pedido de asistencia de los sectores más desprotegidos de la sociedad.

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