Hace tres meses que una joven que el año pasado creó un refugio para que los
indigentes estén a salvo del frío no logra conseguir un local para reeditar esa historia este
invierno. Si bien tiene el dinero para el alquiler y las garantías, los propietarios de los
inmuebles desestiman la idea cuando conocen el fin. "Nadie nos alquila porque saben que allí van a
ir indigentes", aseguró tajante Elisabet Báez.
Además, y mientras la joven continúa su infructuosa búsqueda, una ordenanza
aprobada el año pasado que le exigía al municipio crear un refugio para indigentes sigue sin
ponerse en práctica (ver aparte).
Con la llegada de la ola de frío un hombre ya perdió la vida en las calles de
Rosario. "La muerte, la indigencia y el abandono son palabras duras y crueles, sin embargo no
despiertan corazones", señaló ayer Báez, por demás de cansada de fracasar en su intento de alquilar
un lugar para que duerman los indigentes que se pasean por la ciudad.
Más voluntades. El año pasado, cuando creó el refugio Sol de Noche, consiguió no
sólo colchones, frazadas y alimentos no perecederos, sino también voluntades. Y la movida siguió
durante el verano. De 10 voluntarios pasó a tener 40. Además, ahora cuenta con mil pesos por mes
para pagar un alquiler, dos garantes y el dinero para el contrato. Pero todo los intentos
fracasan.
"Yo ofrezco poner el contrato a mi nombre y tengo dos garantías", dijo la joven
de 26 años, que en su frenética búsqueda pide "aunque sea un galpón, ya que allí entran y salen
camiones. Si la gente va a dormir, no se los va a arruinar", aseguró.
Búsqueda infructuosa. Báez buscó alquilar inmuebles por toda la ciudad,
fundamentalmente en la zona cercana a la Terminal de Omnibus, porque allí duerme mucha gente en la
calle. "No conseguí alquilar nada. Para los vecinos creo que sería mejor verlos dormir en una casa
y no en la calle, como están ahora", dijo.
En la actualidad el único lugar que acoge a los que duermen en la calle es el
Crotario del Padre Tomás Santidrián, que tiene capacidad para 50 personas y están rechazando gente.
¿Dónde irán? El municipio le quitó en marzo el subsidio al Ejército de Salvación: un techo menos y
más gente en las veredas tapadas con harapos.
Lo cierto es que el regreso del frío impulsó a personas solidarias a salir otra
vez a la calle para dar de beber algo caliente a quienes están acurrucados en las veredas. Además,
Báez comentó que hay un grupo que está viendo la posibilidad de comprar una tela de neoprene que se
utiliza para trajes de alta montaña. "Estamos averiguando precios, porque podríamos hacer unas
bolsas de dormir para la gente que no quiere dejar la calle", explicó.