Nicola Costantino dice que "si hay un paradigma de la mujer en la historia, es Eva"
La artista aceptó que ese sea el título global de la obra. Se trata de un trabajo de dos años de elaboración que mostrará las múltiples caras y versiones de Eva.

Domingo 17 de Marzo de 2013

“Eva argentina. Una metáfora contemporánea”. Este es el nombre que sugirió la presidenta Cristina Kirchner para la obra de arte contemporáneo que representará este año a la Argentina en la edición 55ª de la Bienal de Venecia. La artista Nicola Costantino aceptó que ese sea el título global de la obra conformada por cuatro instalaciones. Se trata de un trabajo de dos años de elaboración que mostrará las múltiples caras y versiones de Eva; tantas como las de las personas que la amaron y odiaron, tantos rostros como los de la propia Costantino, de 49 años, quien se reencarna en cada personaje de sus obras y fue elegida esta semana como la quinta artista rosarina en exponer en Italia como embajadora del país. Costantino será Eva porque para ella, es el paradigma de la mujer en la historia.

Quienes aún no conocen la obra controversial y a veces revulsiva de Costantino pueden abordarla por estos días en el Espacio Cultural Universitario (ECU), de San Martín 750 donde, hasta el 3 de mayo, se expondrá su producción fotográfica bajo el nombre de “Alteridad”. Y para quienes quieran saber el cómo, cuándo y por qué de la Eva de esta rosarina, que se verá desde el 1º de junio hasta el 24 de noviembre próximos en Venecia y que curará otro rosarino, Fernando Farina (ver aparte), vale el diálogo que mantuvo esta semana con La Capital.

—En tus fotos sos las versiones del Narciso de Caravaggio, la costurera de Berni, la María del film Metrópolis y las mellizas de Diane Arbus, entre otras tantas. ¿Por qué ahora decidiste personificar a Eva?

—Llegué por un camino muy propio. Venía trabajando con la historía del arte y la fotografía, había incursionado en el video y cuando terminé con Trailer (obra que se expone en el ECU), una línea más actoral, quería ir por más. Pensé en un personaje histórico, en una mujer, y para mí si hay un paradigma de la mujer en la historia es Eva. Así como si pienso en una cena es La Ultima Cena de Da Vinci, la mujer es Eva. Me dí cuenta de que el lenguaje del arte contemporáneo nunca se había dedicado a Eva Perón. A nivel plástico todo era bastante tradicional: kitsch o propagandístico. Entonces, me parecía interesante pensar una obra compleja como las instalaciones. En estas no hay posturas a favor o en contra, intento retratar una figura fuerte y reflexiono sobre cosas que me impactaron mucho desde chica, por ejemplo su relación con el pueblo.

—¿Cómo sentís el haber sido elegida para ir a Venecia, donde también expusieron rosarinos como Berni, Daniel García, Graciela Sacco y Adrián Villar Rojas?

—Estoy impresionada. Venecia era un sueño. Cancillería en las últimas dos bienales eligió a los artistas en diciembre, las bienales son en junio y hay que tener todo listo en mayo. No me explicaba cómo los artistas llegaban con todo. Estuve candidateada en la última bienal y por las dudas empecé a trabajar con tiempo, en mi taller, con dos personas más y además con dos asistentes. Salvo la parte de video, produzco todo en mi taller y en equipo. La escultura y los objetos son lo que más me identifican. Trabajé con miras a exponer en el Museo del Bicentenario; no me contestaban ofrecí el proyecto, que me parece ambicioso e inédito, al Museo Nacional de Bellas Artes. Pero el 5 de marzo me avisaron que mi obra fue elegida para Venecia. Aún me quedan cosas por cerrar. Y el ser rosarina, y sí es importante; siempre se dice que hay buena producción acá y esta proporción en representación de Argentina en Venecia habla un poco de eso.

—Te fuiste de Rosario siendo Silvana Costantino y volvés con tus muestras como Nicola. Como tu Eva, también tenés varias caras.

—Algo así, mi mamá es italiana, siempre me quise llamar Nicoletta, pero no me lo permitieron y me anotaron Silvana. Cuando me mudé a Buenos Aires a los 30 años, no me conocía nadie y me llamé Nicola.

—¿Cuál de las Eva que creaste te gusta más?

—Todas me gustan, todas me conmueven, pero las instalaciones hablan de que no se puede atrapar a Eva en un sólo retrato. Ya se podrá ver esto que digo en el 2014: estárán las evas en el Museo del Bicentenario y en la Pinacoteca de Sao Pablo. Es una obra cara de producir, el trabajo multimedia es carísimo, pero hay una, el vestido-máquina, una escultura que llamé “Eva la fuerza”, un corsé con motores que se choca con una habitación de vidrio, que es muy impactante aunque cuesta el veinte por ciento de las videoinstalaciones (la obra se basa en el mito de que Eva cuando estaba por morir se mantenía erguida por un corsét). Luego hay una videoinstalación con seis evitas superpuestas en el tiempo que se llama “Eva los sueños”. Otro trabajo “Eva el espejo”, en una habitación amueblada, y “Eva la lluvia”, una instalación con relación a su muerte y sus catorce días de sepelio, con una montaña de lágrimas de hielo que cubren una camilla.

—¿Temés que se diga que tu obra es oportunista o panfletaria?

—Acepto que haya debate y juicio. Todos mis trabajos, los de la piel humana, las máquinas de neonatos, los jabones con la mi propia grasa, nacen de una postura política pero terminan en un producto estético. Esa es la mirada que busco. Podrán preguntarse si soy o no peronista, como cuando se preguntaban si por trabajar con animales era vegetariana. Son lecturas posibles.