La joven de 18 años fue asesinada en el ingreso al Puerto de Rosario durante la huelga de estibadores de 1928
Sábado 20 de Abril de 2024
Luisa Llanana tenía tan sólo 18 años cuando provocó una de las movilizaciones obreras que la ciudad haya visto en el inicio del siglo XX. "Mártir obrera" y "heroína de su clase" son algunas de las definiciones que casi un siglo más tarde despliegan historiadores o docentes para referirse a la joven anarquista y trabajadora portuaria que fue asesinada de un tiro en la cabeza durante la huelga de mayo de 1928, justo en el ingreso al Puerto de Rosario -actualmente 27 de Febrero y Circunvalación-.
Luisa había nacido en el centenario de la Revolución de Mayo en Rosario. Era obrera y activista anarquista, trabajaba como "bolsera" -se dedicaba a la costura de bolsas de arpillera para embolsar el cereal- en uno de los tantos talleres que había en la ciudad en inicio del siglo, estaba afiliada de la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) y el 2 de mayo de 1928 la encontró en el ingreso al puerto repartiendo panfletos del “Comité de Mujeres de Portuarios” en apoyo a la huelga de los estibadores.
El deterioro en las condiciones de trabajo y, fundamentalmente, un reclamo salarial fueron los ejes del conflicto que se desató este los estibadores sindicalizados y las patronales, principalmente compuestas por las casas exportadoras vinculadas a la entonces llamada Asociación del Trabajo y a la Liga Patriótica.
En ese escenario, de acuerdo al relato que los historiadores y docentes Natalia Alarcón y Paulo Menotti desplegaron en noviembre de 2020 en un ciclo de homenaje realizado por la Secretaría de Género y Derechos Humanos de la Municipalidad, la huelga la encontró a Llanana en el ingreso al Puerto de Rosario, actual zona del bajo de 27 de Febrero y Circunvalación.
Allí, la joven brindaba su apoyo no sólo a su hermano Bernardo, uno de los estibadores portuarios participantes de la protesta, sino a todo el conjunto de trabajadores y se apostaba en el lugar para convencerlos uno a uno para que se sumaran a la protesta y no ingresaran a los muelles.
Un tiro en la cabeza
"Luisa se para en la entrada al Puerto, empieza a hablar a la gente para que no entre (a trabajar), a convencerla. A una persona la tiene casi convencida, pero ese día entra. Al día siguiente, casi lo convence y ese marco, surge una discusión", dice Menotti para detallar la escena en la que se produce el asesinato de la joven.
El historiador señala que fue en ese contexto, mientras Luisa intentaba nuevamente convencer a este hombre, que "un jefe ligado a la Liga Patriótica y la Asociación del Trabajo (es decir a la patronal), hombre de apellido Podestá, le dice (al obrero) «Matala que yo te banco»".
Así fue que la persona que estaba siendo apuntada por Lallana para sumarse a la protesta y no cruzar el ingreso al Puerto, de acuerdo al relato del historiador, "sacó un revólver y le da un disparo en la cabeza".
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La instigación al crimen de la joven fue incluso un día después la tapa del diario Reflejos, que tituló su tapa con la frase "¡Metele fuego, yo respondo!", calificó de "salvajes" a los integrantes de la Liga Patriótica y describió en el copete: "Y el asesino descargó un tiro de revólver sobre la indefensa mujer que rodó por tierra mortalmente herida".
La furia popular
La jornada siguiente al asesinato, en palabras de Menotti, desató "una furia" que se canalizó en lo que describió "como una procesión de mujeres, hombres y chicos que se encontraron e iban rompiendo todo lo que encontraban, los faroles, las vidrieras y todos los símbolos de la élite comercial" de la ciudad.
De hecho, el día del sepelio de Lallana se convocó a una huelga general, lo que de acuerdo a las citas de Natalia Alarcón de las publicaciones de ese día, convocó a una multitud de entre 3 mil y 11 mil personas en la calle. "Su muerte movilizó imágenes de ocupación urbana y de reclamo que fueron tomadas por la retórica anarquista, Luisa fue una heroína de su clase", señaló.
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Lo cierto es que en esa jornada la multitud recorrió más de 5 kilómetros acompañando el féretro de la joven desde su casa, donde fue velada, hasta la Sociedad de Estibadores, en Chacabuco al 1900, donde continuó la ceremonia que continuó finalmente con su sepultura en el Cementerio La Piedad.
En su homenaje, desde 2016, una calle de la ciudad de Rosario lleva su nombre. El historiador Paulo Menotti no duda en asegurar que junto a su nombre, en la señalética urbana, debería agregarse "mártir obrera".
Esta nota forma parte del trabajo multimedia "Ahora que si nos ven", que busca recuperar una a una, las intensas y multifacéticas vidas de las mujeres rosarinas que son parte de la ciudad en el nombre de sus calles.