La ciudad

Miradas en torno al arte argentino en el Castagnino+macro

Seis curadores trabajaron durante meses en los museos Castagnino y Macro para diseñar la muestra Arte argentino. 100 años de la colección. En diálogo con La Capital repasan los ejes curatoriales propuestos y hablan de la experiencia

Sábado 26 de Mayo de 2018

Recorrer la muestra Arte argentino. 100 años en la colección Castagnino+macro es un elogio a la mirada.

   Cuatrocientas obras a disposición de quienes se acerquen a las dos sedes del museo es una oportunidad histórica. La mirada sobre esta muestra es, en realidad, la conjunción de varias operaciones que se remontan a lo que sería la precuela del museo en las primeras décadas del siglo pasado. Por entonces una Comisión Municipal de Bellas Artes comenzó a conformar una colección que fue el inicio de la actual, que contiene más de 4.500 obras. En cada obra está la mirada del artista, la mirada de aquellos que la seleccionaron, la de los múltiples públicos que la observaron. También la de conservadores, curadores, montajistas, fotógrafos. Y la de cada uno de los que aceptan la invitación a recorrer ahora esta exposición que alberga firmas clásicas y no tanto, artistas modernos y contemporáneos, que conmueven, apelan a la belleza o a la falta de ella, encantan y en silencio reclaman, una vez más, ser mirados.

   La precisa mirada de los curadores convocados, Guillermo Fantoni, Adriana Armando, Roberto Echen, Nancy Rojas, Clarisa Appendino y Carlos Herrera, juega un rol clave en la propuesta que lanzó el Museo Castagnino junto a la Secretaría de Cultura de la Municipalidad: adentrarse en la colección para dar cuenta de un siglo de arte argentino desde un museo rosarino. La apuesta no es menor, pero el acervo disponible permite la operatoria propuesta.

   Durante meses los seis curadores trabajaron sobre los materiales en reserva. Así revisitaron obras conocidas y también encontraron autores que nunca se habían mostrado. Junto a esa tarea, conservadores pusieron en valor los trabajos, ajustaron los catálogos y registros, se acondicionaron los depósitos y comenzó la tarea de establecer un relato sobre lo elegido.

El pasado

   La muestra se divide en tres períodos. "Un pasado expuesto: caminos del arte entre 1918 y 1968", curado por Armando y Fantoni, se expone en la planta baja del Castagnino.

   Los curadores admiten que el trabajo previo "fue intenso y cargado de interrogantes y expectativas dado que implicó relevar, registrar y seleccionar, en un lapso relativamente breve, un enorme cuerpo de obras correspondientes al recorte temporal asignado —los años transcurridos entre 1918 y 1968— y además pensarlo con relación al espacio del museo y sus peculiaridades".

   En ese recorrido, reafirmaron la riqueza propia de la colección "de un gran museo" y "la enorme cantidad de obras y autores verdaderamente sorprendentes que, más allá de haber tenido una actuación y una producción significativa, no han tenido la fortuna crítica de otros creadores. Como ocurre con otras muestras similares es una oportunidad para mostrar artistas menos conocidos junto a aquellos que conforman el repertorio consagrado y canónico".

   Al recorrer esta parte de la megamuestra, la modernidad irrumpe pero no como un todo amalgamado sino que se permite cierto juego fragmentario con múltiples focos de atención. "Dado que se trata de un segmento sustancial del recorrido de lo moderno y que por lo tanto incluye no sólo sus ondulaciones sino también movimientos y reformulaciones que llevan a una nueva condición cultural, hemos trazado una suerte de narrativa sobre el arte y la sociedad. Una narrativa fragmentaria y discontinua que se expresa a través de diez escenas condensadoras de sentido y que si bien tienen un trasfondo histórico exceden lo meramente cronológico y más aún lo episódico", explican Armando y Fantoni, en diálogo con La Capital.

   Los artistas que exponen en esta parte de la muestra incluyen una maravillosa serie de Fernando Fader, pinturas y xilocollages de Antonio Berni, obras diversas de Raquel Forner, Quinquela Martín, Manuel Musto, Agusto Schiavoni y más, muchos más . "Se trata de una verdadera constelación de figuras y de obras de Rosario, Buenos Aires y otras ciudades del país, que intenta dar una visión más comprensiva y por lo tanto más compleja de lo que llamamos arte argentino", consideran los curadores.

   Las escenas planteadas abordan el trabajo, la contemplación, lo social, la vida y lo inerte, el impacto de los viajes de formación en los artistas, la cuestión litoral, los cruces entre lo propio y lo europeo, realismo y abstracción por citar algunos focos.

   Armando y Fantoni consideran que la exposición planteada por el Museo Castagnino+macro es necesaria "porque una muestra con profundidad histórica da cuenta del acervo del museo y a través de éste, de los protagonistas, realizaciones, poéticas y debates que han atravesado y atraviesan el campo del arte".

   Señalan además que "también permite poner el foco sobre dominios y ocultamientos como, por ejemplo, la escasa presencia de artistas mujeres frente a la abrumadora mayoría de artistas varones en la primera mitad del siglo XX. En ese sentido resulta señera la figura de Emilia Bertolé, que aparece en la muestra con una obra de pequeño formato que se sostiene frente a las de mayor escala de pintores luministas como Walter de Navazio o Ramón Silva".

Ausencias como presencias

En el primer piso del Museo Castagnino la muestra ofrece obras y documentos datados entre 1968 y el fin del siglo XX, un inicio y un final de un ciclo revuelto y convulsionado por los hechos históricos en los que la producción artística también estalló y en muchos casos por fuera de las instituciones culturales.

   Roberto Echen y Nancy Rojas son los curadores de este capítulo de la muestra. Ambos han trabajado sobre la colección como integrantes del equipo curatorial del museo, con lo cual la conocen de cerca. "Volver a revisar la colección siempre es una posibilidad para que surjan nuevos hallazgos, incluso cuando pensamos en los vacíos que tiene esta colección. Es decir, los vacíos con los que nos encontramos en períodos como los años 70 y 80 la constituyen, y es lo que quisimos también remarcar al incorporar propuestas como las del grupo Cucaño o al mencionar experiencias grupales de trabajo como las que se generaron en torno al Centro Experimental de Arte Contemporáneo en 1982", explica Rojas.

   Echen agrega que volver a trabajar sobre las obras del museo "más que sorprender" implica "recolocar una cantidad de producciones que, aunque conocía, se reposicionaron en relación con la muestra".

   Así, los curadores deciden plantear seis núcleos en vinculación con el eje de la muestra que "era no tener uno sino una cantidad de interrogantes" y en particular se centraron en la pregunta por la relación adentro-afuera en una colección como la Castagnino+macro.

   Desde ese lugar, proponen "Sin disciplina", en relación a un quiebre que se dio con el primer Salón de Arte Sin Disciplinas en 1995, "primera experiencia de este tipo a nivel nacional". Luego presentan "¿Cuántas décadas es una década?", pregunta que "nació para pensar la relación entre lo oficial y lo marginal (o clandestino) en una década tan conflictiva como la de los años 70", explican Echen y Rojas.

   Otro núcleo es "Colección", que apunta al nacimiento de, justamente, la colección de arte contemporáneo. "Surgió bajo la dirección de Fernando Farina", recuerda Echen y da cuenta personalmente de la cuestión: "Incluso me tocó diseñar y hacerme cargo de la publicación del catálogo, que ahora está expuesto como un objeto más en la muestra".

   Y en un doble juego, Rojas y Echen plantean "Afuera", otra sección, como el eje central de su curaduría donde dan cuenta de las producciones que no tuvieron categoría "museal" en el momento que fueron creadas y mostradas, y justamente por eso las ubican en el espacio central de la planta alta del Castagnino.

   "Solapamientos", referido a cambios que no responden a una secuencia cronológica entre los 80 y los 90 y "Deseo y diferencia", donde se expone obra que teje una trama que aparece como diferente pero que apunta a la necesidad de abandonar la negación o el estigma, cierran este capítulo de la muestra.

   Para Echen la exposición general permite ubicar a Rosario en determinado lugar del arte argentino, tanto por su acervo como por su producción. "Marca un modo de pensar el arte, la historia y la museología diferenciales en relación a lo que se había considerado al respecto hasta hace muy poco". Rojas, por su parte, tiene una visión más crítica. "Creo que 100 años de arte argentino, más que poner en valor una idea del arte argentino, despliega un mojón más dentro de la historiografía dedicada a revisar el arte desde lo local-global. El punto más interesante sería pensar cómo lo curatorial despliega desde hace años (pienso puntualmente desde que nació el Macro) enfoques sobre una misma colección, considerando y poniendo en cuestión hasta qué punto el arte puede ser una herramienta para pensar críticamente la realidad actual. ¿Qué lugar ocupa el arte hoy? ¿Qué lugar va a ocupar en el futuro?", se pregunta la curadora.

El final como principio

Carlos Herrera y Clarisa Appendino son los curadores del tercer período de la muestra. La propuesta sobre este lapso se extiende en los siete pisos del museo Macro, ubicado en de Oroño y el río.

   "El fin del mundo comenzó en 2001" es el título de este capítulo que juega de lleno con un pasado reciente y un presente estético que acerca múltiples interrogantes. La idea de estallido, de restos, de fragilidad se cuela entre las obras expuestas. El recorrido por los siete pisos se asemeja, quizá, a un paisaje, a un tono de época, donde la belleza no es el tema, casi una obviedad a esta altura, sino los modos expresivos, el armado y desarmado de obras que reaparecen con cada curaduría.

   Para los curadores, pensar una muestra en el marco de esta exposición fue "un doble desafío" en lo que refiere tanto a la definición de los ejes curatoriales como al recorte dentro de la colección mayor.

   Al observar las obras que debían curar, Herrera y Appendino destacan "el compromiso y la atención que la institución ha puesto en el arte contemporáneo" y en las preguntas que se abren sobre "ese presente estético".

   Y en eso les interesa hacer foco porque albergar obra contemporánea "pone constantemente en tensión la dinámica institucional, tanto en lo disciplinar como en lo discursivo. Eso hace entrever un perfil de museo que en muchas ocasiones implicó la revisión de la idea de colección y también la noción misma de museo". En este caso, la fragilidad como ganancia.

   El guión curatorial diseñado por Appendino y Herrera plantea un eje fundamental a partir del cual luego se van desplegando otros: la crisis económica, social y política del año 2001. Ese es el "cristal" a partir del cual los curadores observan "la producción de toda una década en la cual se reconfigura la producción artística contemporánea en Argentina".

   "Los efectos, las imágenes, los discursos de ese estallido establecen el contexto de despliegue de una nueva sensibilidad estética que nosotros la exhibimos no sólo, o tanto, a nivel discursivo, sino fundamentalmente a nivel material, procedimental y afectivo. Entonces, hay una onda expansiva que impulsa el uso de restos urbanos, desperdicios e imágenes de la realidad ficcional a través de una nueva presencia del cuerpo del artista en acción", explican.

   El valor de la megamuestra tiene efectos hacia la ciudad y también hacia el museo mismo. A través de esta exposición "el museo continúa la necesaria reflexión" sobre la historia. "Esta propuesta, con un arco temporal centenario, exhibe no sólo un fragmento de la historia del arte argentino, sino también una porción de la historia del museo y de la ciudad. Esto significa también poder pensar en el futuro de esta colección pública a través del nuevo mapa del presente", opinan Appendino y Herrera.

   No es poco, cien años de arte argentino a disposición. Como una operatoria cultural que busca nuevos públicos desde un museo que reivindica su carácter público y que intenta, a la vez, mostrarse como un actor clave en el mapa de la producción artística del país. Un museo en el foco de las miradas.



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