"Mi papá, el papá de todos"

Domingo 17 de Junio de 2012

Admiración y orgullo. Dos palabras que encierran lo que siento por mi viejo, el Negro Coscarelli. Selecciono imágenes en mi cabeza que lo definen y me encuentro sonriendo, cómplice de mis pensamientos. Lo veo corrigiendo exámenes en su escritorio o estudiando en una reposera en el patio de casa; leyendo el libro de turno, concentrado con los lentes en la punta de la nariz, meciéndose en su silla preferida de vacaciones en Pinamar; tarareando tangos, los domingos a la mañana, como un ritual, mientras se afeita puntillosamente. O la aventura familiar de ir a la cancha de local y visitante; y por supuesto, el típico e infaltable asado de los domingos que aún disfruto y no cambio por nada. 

Todas, y muchas más, son experiencias invaluables compartidas con “mi espejo”, como yo lo llamo. Y es que somos iguales y por eso discutimos.

Pero también tenemos los diálogos más profundos de nuestra existencia: sinceros, dolorosos, alegres, no importan los matices, son siempre verdaderos.

Quito (como le dice mi vieja) se destaca por su inteligencia, su capacidad de gestión y docencia y sobre todo por la pasión que le pone el trabajo, que resumo en dos fotos: saltando asustado de la cama al mínimo ruido (luego de 30 años de no tener día ni horario, como una especie de bombero de la salud) y entrando contento al Hospital Italiano Garibaldi, cantando, silbando y saludando a todos.

Para ellos es “el Doctor”: “¡qué calidez y paciencia que tiene!” suelen decirme algunas parejas que lo eligieron como obstetra. Y ellas: “¡Yo los tuve con él!”; Y ellos: “Estoy feliz de que mi mujer los haya tenido con el Cosca”. Lejos de ser egoísta, lo comparto. Porque mi papá es, en un consenso tácito, "el padre" de muchos chicos, "el papá de todos".

Los valores más altos que uno puede tener me los enseñó en su hacer, desde que tengo uso de razón, y se lo agradezco.

Ahora me descubro llorando, pero no de tristeza ni melancolía, no, llorando de la emoción. La emoción que me da tener el papá que tengo. ¡Te quiero viejo!