La ciudad

“Mi motivación sigue siendo dar una respuesta a las familias de las víctimas”

A los 41 años, el criminólogo Miguel Nieva lleva más de 20 buscando cadáveres, pero sobre todo buscando respuestas para dar a los familiares de las víctimas de la última dictadura cívico-militar. 

Domingo 30 de Agosto de 2015

Para Miguel Nieva, siempre es igual. "Cuando uno le dice a un familiar que encontró el cuerpo que está buscando hace 40 años, es como decirle que murió ayer", afirma y recuerda las veces que se paró frente a padres o hijos y tuvo que explicar qué pasó y cómo murió la persona cuyo cadáver había logrado identificar. "Es lo mismo en Argentina, en México, en Georgia o en Abjasia, donde no hablás la lengua", acota. Es licenciado en criminalística e integra el Equipo Argentino de Antropología Forense (Eaaf). A los 41 años, lleva más de 20 buscando cadáveres, pero sobre todo buscando respuestas para dar a los familiares de las víctimas de la última dictadura cívico-militar. Trabajó como parte del Eaaf en los Juicios por la Verdad durante la vigencia de las leyes de obediencia debida y punto final; desde 2003 lo hace en el marco de los procesos penales contra los responsables de los crímenes por lesa humanidad en Rosario, y lleva tres años en la causa a partir de la cual se abrieron más de 120 tumbas NN del cementerio La Piedad y en la cual esta semana se logró la identificación de Analía Minetti, una joven secuestrada en marzo de 1977.

"Trabajo con la muerte y con las peores de las muertes —admite—, pero mi motivación son las familias, dar una respuesta".

—¿Cómo llega al Eaaf?

—En el Instituto de Medicina Legal se dio un caso de un NN, empecé a investigar y caí al equipo. En los 90 participé en excavaciones. Trabajé para la ONU y cuando volví, en 2001, me quedé en el equipo.

—¿Cómo se transmite ese trabajo?

—Es un trabajo científico. Y para ser científico tiene que tener un método con varias patas. Una fundamental es la investigación preliminar con los listados de las víctimas, entrevistas a los familiares, para tener una muestra de sangre para el banco de datos genéticos y para armar los datos premórtem. Toda la información de la persona en vida: fracturas, estatura, marcas, ficha odontológica, radiografías y todo lo que sirva para hacer después una comparación de datos premórtem con posmórtem. También se investigan los hechos a través de la prensa en la dictadura. Generalmente eran comunicados del Ejército que daban cuenta de un enfrentamiento sin abatidos en la fuerzas legales y donde morían tres o cuatro personas. Así, los hechos salían de la clandestinidad de los centros de detención y el Estado empezaba a documentarlos: había un levantamiento de cadáveres, un ingreso a un cementerio, en algunos casos un informe de autopsia y a veces huellas dactilares. Esa documentación hoy permite seguir los hechos.

—En estos días lograron la identificación de Analía Minetti.

—Partimos de un hecho en Córdoba al 5600, en marzo del 77, donde mueren tres personas carbonizadas en un auto. La noticia habla de un enfrentamiento donde explota un explosivo que transportaban. No hay identificación ni huellas, los entierran en La Piedad y queda registrado el ingreso. Había una partida de defunción, ahí consta quién hizo la inscripción y figuraba seguro alguien con domicilio en Santa Fe 1950, la Jefatura. Hay señales para relacionar el hecho. En el caso de Analía la habían visto en el Servicio de Informaciones, la sacaron la madrugada de ese día con Tony Farías y otra persona, finalmente se determinó que era Gustavo Bruzzone, ya identificado. Ahora faltaría el tercer cuerpo. Podría ser de Farías, pero es una hipótesis.

—¿En La Piedad es donde más identificaciones hubo?

—Es uno de los trabajos más importantes de Rosario. Llevamos más de 20 identificaciones. Acá hay 57 personas identificadas; 41 cuerpos se restituyeron a la familia, los otros 16 sólo se pudo saber qué pasó.

—¿De qué depende poder restituir, o no, el cuerpo?

—Por disposición de cementerios, cada cinco años los cuerpos NN de sepulturas gratuitas pasan al osario común. En La Piedad no se hizo en todos los casos, lo que permitió recuperar muchos cadáveres. En el resto no se pudo, pero sí decir a la familia qué paso.

—¿Por qué dice que en Rosario el trabajo está casi terminado?

—No hay muchos más lugares donde buscar cuerpos. Queda trabajo con los cuerpos ya exhumados, cruzar datos e identificar, pero no dónde buscar. Desde fines de los 90 trabajo en la zona y estuve en todos los casos: Baigorria, Melincué, Casilda, Andino, Timbúes, Barrancas, Coronda y Santa Fe, Arroyo Seco, Pavón y Santa Teresa; se relevó toda la provincia.

—¿Qué significa cada identificación?

—Permite cerrar un caso, dar respuestas. No es fácil lograrlas, es el resultado de un trabajo de mucho tiempo. La notificación a la familia y la restitución del cuerpo son situaciones duras. Cuando uno le dice a un familiar que encontró a la persona que está buscando hace 40 años, es como decirle que murió ayer, recién ahí la familia hace el duelo. No es fácil, pero es el objetivo del trabajo.

—El Eaaf es un actor central a la demanda histórica de los familiares de las víctimas sobre el destino de los desaparecidos...

—Somos los únicos que buscamos. En un juicio en Santa Fe me preguntaron las causas de la muerte y la mayoría eran tiros en la nuca, de atrás para adelante, ejecuciones sumarias. No es difícil de demostrar. Ahora tenemos tecnología, pero el equipo empezó hace 30 años y trabajó con cinta métrica y una pala. Sacando y buscando. Es mucho trabajo y paciencia. Horas de cruzar información, de leer testimonios, relacionar hechos. Me acuerdo más el nombre de los desaparecidos que de mis compañeros de primaria, conozco su historia, sus amigos de militancia, sus últimos momentos. Son años de trabajo, los últimos me concentré en La Piedad y hasta me acuerdo de los números de sepulturas.

—¿Necesita tomar distancia?

—No del tema, sí del trabajo. Hace 20 años que trabajo con la muerte y con las peores muertes, las violentas. Pero mi motivación son las familias, dar respuestas a alguien que hace casi 40 años que espera. En otros países tuve que comunicarme y no hablo la lengua, y te das cuenta que donde sea la necesidad de saber qué pasó con el ser querido es la misma.

—¿Cómo es el trabajo en México con la desaparición de los 43 estudiantes en Iguala?

—Se utiliza un lenguaje llano, son campesinos. Esa relación es lo que nos diferencia de los servicios forenses, están deshumanizados.

—¿Cómo se convive con la violencia en México?

—Hay determinados lugares donde no vamos sin doble cordón de seguridad y autos blindados.

—Hay otro proyecto en México.

—Relevamos los cementerios de la frontera con Estados Unidos por los migrantes que mueren y se entierran como NN.

—¿Qué hizo en Georgia y Abjasia?

—Un proyecto de la Cruz Roja para identificar a las víctimas del conflicto del 92 y 93, son mayoritariamente soldados o civiles. El objetivo sigue siendo restituir los cuerpos a las familias.

—¿Cómo vive este reconocimiento mundial?

—Tiene que ver con la trayectoria, el perfil bajo y el respeto a las familias.

Registro audiovisual

Lo que fue la preparación de su declaración para la causa Díaz Bessone, en 2010, se convirtió en la materia prima de “Abaco 211”, un documental que registra el trabajo que el Equipo Argentino de Antropología Forense realizó en Rosario y del que Miguel Nieva fue el principal impulsor.

   Con imágenes, entrevistas a hijos de detenidos-desaparecidos, sobrevivientes de los centros clandestinos de detención e integrantes del Poder Judicial, el registro “busca dejar un documento donde estén la mayoría de los actores que participan de este proceso y que pueda ser visto por la gente y trabajado con los chicos en escuelas”, contó Nieva. El estreno será en Rosario, el próximo 24 de septiembre, a las 20.30, en el Cine El Cairo (Santa Fe 1120).

 

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario