Médicos advierten que el humo de las quemas es tan dañino como el del cigarrillo
La exposición prolongada a los componentes de los incendios de biomasa causa en el organismo los mismos síntomas que el tabaco

Martes 09 de Agosto de 2022

La quema de biomasa, producto de los incendios en los humedales, produce gran cantidad de componentes como monóxido de carbono, vapor de agua, óxidos de nitrógeno o hidrocarburos. Sustancias nocivas que, según la dirección del viento, inundan el aire de la ciudad de un olor agrio; difícil de respirar para cualquiera, pero sobre todo para niños, ancianos y personas con complicaciones de salud. Tras un nuevo fin de semana con intensos focos activos en las islas, los médicos volvieron a advertir sobre el riesgo para la salud que implica respirar de manera sostenida el aire contaminado y reclamaron que se ponga en marcha un sistema de alertas para la población.

"El humo procedente de los incendios forestales genera gran cantidad de componentes químicos y sobre todo material particulado que puede alcanzar fácilmente las vías aéreas. Son más de mil compuestos químicos que afectan a la salud, como cuando uno fuma un cigarrillo, la cantidad de compuestos es similar", ejemplificó Carlos Crisci, médico alergista y ex decano de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.

El neumonólogo y ex presidente de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, Daniel Buljubasich, también se permitió la comparación. "Lo más preocupante de todo esto son las consecuencias que tiene la exposición prolongada", explicó y consideró que "la situación mas parangonable que tenemos es la del humo del tabaco. Tardamos un montón de tiempo en darnos cuenta de los daños del tabaco, después de mucho tiempo se empezaron a ver los efectos dañinos, con las quemas puede pasar lo mismo".

Tres focos de incendio activos de grandes dimensiones en el delta del Paraná, uno frente a Rosario y dos más a la altura de Pueblo Esther y San Nicolás, hicieron sentir sus consecuencias en la ciudad desde el fin de semana. Según estimó el director del Observatorio Ambiental de la Universidad Nacional de Rosario, Matías de Bueno, en la franja ubicada entre Rosario y San Pedro se estaban quemando unas diez mil hectáreas de humedales. Y, otra vez, las consecuencias de las quemas se hicieron sentir en la ciudad.

El humo, advirtió Crisci, no sólo genera irritación en las vías respiratorias, tos, estornudos, picazón de ojos o ardor ocular; sino consecuencias a largo plazo por la exposición prolongada. "Hay efectos que sentimos todos, pero los pacientes alérgicos, que ya tienen su vía aérea inflamada o las personas con asma o con Epoc, pueden sufrir una exacerbación de sus síntomas ante esta exposición tan importante", explica.

El médico asegura que en las últimas semanas crecieron las consultas en el consultorio por casos de rinitis, tos seca, laringitis y faringitis. "La semana pasada tuvimos un paciente de San Nicolás con un cuadro de mucha tos y dificultad respiratoria, claramente relacionado con la exposición al humo", describió.

Exposición crónica

Buljubasich remarca que se empezó a preocupar por los efectos de las quemas cuando la exposición al humo empezó a amenazar con ser un problema crónico. "Una cosa es la exposición aguda al humo. Otra diferente es cuando esto se prolonga en el tiempo", indicó y alertó sobre los efectos en los niños. "Me pregunto qué observaremos cuando atendamos a los chicos que hoy tienen tres o cuatro años y llevan por lo menos dos años expuestos al humo de forma más o menos cotidiana", explicó.

Sobre los efectos a largo plazo de este problema, no existe aún mucha bibliografía. "Las consecuencias son aún algo imprevisibles, porque ya no se trata de incendios ocasionales, sino que se prolongan más allá de lo que uno esperaba que sucediera", afirmó.

La presencia de humo impacta en las consultas médicas. "Vemos muchos procesos en las vías aéreas superiores, rinitis, laringitis, faringitis o conjuntivitis y a nivel bronquial, descompensaciones de cuadros de asma y de Epoc y cuadros de tos intensa de difícil tratamiento", repasó el médico. En todos los casos, los pacientes relacionan claramente estas afecciones con los incendios en los humedales. "Dicen que cuando hay humo no pueden respirar o duermen mal", advirtió.

¿Cómo prevenir daños?

Erradicar las quemas es la principal forma de evitar los daños que tienen para la salud. Sin embargo, mientras los terrenos del humedal sigan ardiendo en forma descontrolada, los especialistas proponen algunos resguardos.

"Lo mejor sería evitar salir y hacer actividad física al aire libre cuando hay mucho humo. Pero como necesitamos trasladarnos para trabajar, lo mejor sería usar barbijos bien ajustados, tipo N-95, que son los que tienen una capacidad mayor de filtrado. En los desplazamientos en automóvil lo mejor es ir con las ventanillas cerradas y usar el aire acondicionado en modo de recirculación", señaló Crisci.

Para su colega, el uso del barbijo puede significar de alguna ayuda, pero lo más importante es tratar de limitar la exposición al aire libre y sobre todo no hacer actividad física en espacios abiertos, porque el ejercicio aumenta la frecuencia respiratoria y profundiza la respiración, lo que hace que el humo penetre con mayor facilidad.

Además, remarcó, es importante que los pacientes que tienen problemas crónicos como asma o Epoc no abandonen los tratamientos y consulten con velocidad al médico. "Que no esperen a sentirse mal o tener una crisis severa para consultar", puntualizó.

Crisci sugirió además que frente a la persistencia de estos problemas, "las autoridades de salud pública deben dar a conocer las mediciones de calidad del aire en forma periódica y ofrecer recomendaciones a la población". El especialista hizo hincapié sobre todo en las mediciones de partículas 2,5, conocidas como PM2,5, que tienen un diámetro igual o menor a 2,5 micras, unidad que equivale a una milésima de milímetro, lo cual las hace particularmente dañinas ya que pueden atravesar la barrera pulmonar y entrar en el sistema sanguíneo.

De acuerdo a los valores establecidos por la OMS, el máximo aceptable de estas partículas es de 15 microgramos por metro cúbico, como media diaria. En Rosario, estas mediciones llegaron a multiplicarse por cuatro como efecto de la actividad del fuego y dirección del viento que trajo el humo que se desprendió de las quemas.