Viernes 13 de Noviembre de 2020
Desde este viernes, cambia la fisonomía de Pichincha. El municipio autorizó que a partir de esta noche los locales gastronómicos del barrio puedan extender la colocación de mesas y sillas: ocuparán la zona de estacionamiento vehicular en las calles. ¿Qué dicen los vecinos ante esta nueva normativa? La Capital escuchó posiciones dispares: están quienes sostienen que será mejor ampliar el espacio porque actualmente los jóvenes parroquianos esperan una mesa "amuchados" en las veredas, están quienes dicen que será un "desastre" porque nadie controla y ningún residente puede llegar con el auto a su cochera y finalmente están quienes creen que hay que esperar a comience la nueva modalidad para evaluarlo. En líneas generales, coinciden en que en la zona "faltan controles, esto es un caos".
Los cambios que se vienen están basados en el decreto 1259/2020, que señala que “en el marco de la emergencia sanitaria vigente, y mientras dure el distanciamiento social preventivo y obligatorio de manera excepcional, a los comercios gastronómicos se los habilita a la colocación de mesas y sillas en el espacio público, teniéndose en cuenta los protocolos de cuidado e higiene del rubro”. Esto significa que desde hoy, los bares y restaurantes de la zona pueden colocar las sillas y mesas sobre la calle, en los lugares donde estacionan los autos. Para ello, deberán cumplir con la exigencia de la Municipalidad y delimitar el espacio con vallas o maceteros y dejarlo en perfecto estado cuando cierren el local. Eso sí: los titulares de los locales gastronómicos deberán delimitar el perímetro de los dos metros sobre los cuales se colocarán las mesas y las sillas y para ellos deberán colocar vallas móviles o maceteros (nada fijo) y además deberán contar con un seguro para esos espacios.
Desde hace 33 años funciona la Farmacia Sagripanti en Pichincha, así que la farmacéutica a cargo del comercio habla con conocimiento de causa. "Este barrio en los últimos años cambió su fisonomía totalmente. El bullicio es constante, tengo el problema de que un proveedor de drogas oncológicas debe dejar su vehículo a dos cuadras para llegar acá y desconfían de la seguridad, tampoco pueden estacionar muchos los clientes y otros tantos han dejado de venir por miedo al contagio de tanta gente que se acumula en las veredas. Se supone que la norma mejoraría el distanciamiento en la pandemia, habrá que ver", desconfió Patricia Sagripanti.
En la vereda de enfrente, no sólo geográfica sino de opinión, se expresó Adriana Alvarez, una empresaria jubilada. "A mí los jóvenes nunca me molestaron, ni antes de la pandemia ni ahora, así que me parece que extender las mesas puede ser una solución para que esperen con distancia y sin riesgo a que los atiendan. Eso sí, espero que los bares también sean cuidadosos y no dejen a la gente esperando si no nada cambiará demasiado", dijo la mujer, desde la puerta de su chalet.
Desde un pasillo, a metros de la casa de esa vecina hacia el oeste, atendió a este diario Norberto Mocciario junto a su esposa. "No me gusta para nada la nueva disposición. Yo estacionaba el coche enfrente de casa y ya hace tiempo debí irme a una cuadra y media porque acá no podía estacionar ni bajar cosas del coche en mi casa, somos una pareja de más de 70 años y no nos es fácil caminar con carga a cuestas", dijo el hombre con 45 años de residente en el barrio, para concluir con la frase: "Esta cuarentena fue la muerte".
Es que, según dijo, "la cuadra es un despelote". Abundó: "Venís a la noche y tenés que correr a los pibes de la puerta, decí que es un buen ambiente". Mocciario tradujo "buen ambiente" como "buen nivel social, que no arma griterío ni se alcoholiza".
Por calle Alvear
Una ex enfermera, de 76 años, Lucía Fernández, quien vive en un edificio de calle Alvear dijo entender la nueva disposición. "No es fácil tener 20 años y estar encerrado, yo lo entiendo", señaló la mujer, pero cargó las tintas en los "trapitos" y en la inseguridad del barrio que se suman al bullicio que hace que adultos mayores como ella tengan que meterse adentro de sus casas alrededor de las 18. "Esto pasaba antes de la pandemia y ahora se agravó: los jóvenes no se cuidan, por eso no sé si la medida será en beneficio de todos", dudó.
En la misma calle y asomado desde la puerta pero sin ánimos de fotos ni de dar cuenta de su identidad, un vecino se rió ante la idea de llegar con las mesas y sillas hasta la calle. "No se controlaba antes el factor ocupacional y me vana decir que lo vana controlar ahora?", preguntó.
Y luego, siempre desde atrás de la puerta de su casa, pegada a un gran bar agregó: "Lo único que te puedo decir es que la gente negó esta enfermedad porque el Estado no se hizo cargo como debiera. Cuando los Alemanes atacaban en la Segunda Guerra los ingleses no se iba a tomar cerveza a los bares como si nada: bueno acá sí, está todo el mundo de joda y se cruza a la isla y todo", comentó.