Jueves 25 de Septiembre de 2008
En medio de trinos, espantapájaros coloridos, atractivos almácigos verdes y el refrescante zumbido del agua en un aspersor, los niños huerteros de la Escuela 1.090 amasaron ayer unos straccinatti y los presentaron con crema de acelgas. La demostración se realizó en el parque huerta Molino Blanco, de Ayacucho al 6000 bajo la cálida y atenta batuta del chef Martiniano Molina.
La actividad fue una fiesta en la que no faltó el pan casero ni el horno de barro y tuvo lugar en el marco de la IV Semana de la Agricultura Urbana que tiene como lema Rosario Cultiva Alimentos Sanos, y se realiza hasta el sábado en distintos lugares de la ciudad. Una vez concluida la preparación, la comida se sirvió en cazuelitas de barro que los presentes disfrutaron con la conciencia de estar saboreando productos naturales, bajo la mirada satisfecha de quienes trabajaron durante meses para producirlos.
Con gorros de cocineros y delantales, los alumnos de 5º grado se arremangaron para cosechar la acelga y la cebolla de verdeo a emplear en la receta, lavaron las verduras y las cortaron con técnica precisa asesorados por Martiniano. Mientras tanto, otro grupo rodeó la mesada preparada ad hoc en el lugar y colaboró en el armado de la masa.
"¿Saben por qué se llama harina integral?", preguntó didáctico Molina. Y explicó que bajo esa forma se conservan mejor las propiedades de los granos de cereal. Después pidió voluntarios para ir agregando huevos y a partir de ese momento hubo varias manos en la masa para darle forma a los straccinatti, una especie de ñoquis alargados cuyo nombre se traduce del italiano como "arrastrados", porque cuando se cortan de una masa afinada se deslizan bajo tres dedos que quedan marcados.
Saberes naturales. "Esto es una forma de poner una herramienta en manos de los niños para que sean capaces de transformar la realidad", enunció Martiniano. Y agregó que el cultivo de los alimentos sirve como recurso en todo tipo de realidades, desde las menos a las más favorecidas por los recursos económicos.
"Me llena de admiración el trabajo (de la agricultura urbana) porque deja de lado la beneficencia y el asistencialismo y toma el concepto del trabajo de la tierra para producir alimentos", fundamentó Martiniano, dejando en evidencia que el tema no le es ajeno.
Una salida saludable. El parque huerta Molino Blanco comenzó a formarse en medio de la crisis del 2001. Ahora, después de años de esfuerzo y de lucha, se transformó "en una casa". Así lo definen Ida Pintos y Manuela Zapata, dos representantes de las cinco familias que cultivan una de las siete hectáreas que tiene el lugar y en la que ayer se realizó la demostración.
En la huerta utilizan criterios ecológicos. A modo de ejemplo, el abono está formado por ortiga, palán-palán y sauce, además de humus que también logran a través de lombrices. Para disuadir a las plagas echan mano a los colores y también a las hierbas aromáticas.
Las hortalizas están a la venta en los puestos de las plazas Pringles y López, y por teléfono al 480-2929.