Ludovica Squirru vaticina un año de crisis
El 3 de febrero, según el calendario chino, comienza el año del conejo de metal. Desde la tapa de su libro de horóscopo edición 2011, Ludovica Squirru sonríe sobre una sutil imagen donde sobresalen dos largas orejas.

Domingo 19 de Diciembre de 2010

El 3 de febrero, según el calendario chino, comienza el año del conejo de metal. Desde la tapa de su libro de horóscopo edición 2011, Ludovica Squirru sonríe sobre una sutil imagen donde sobresalen dos largas orejas. “La gente está enferma por no haberse escuchado, porque posterga la búsqueda de su alma a cambio de marquesinas efímeras”, dice la astróloga y marca la cancha. El texto, más que una galera de pases mágicos, quiere ser una hoja de ruta, “más preventivo que predictivo”, aclara la autora, afable y dispuesta a repetir lo que sabe sucederá cada vez que se presenta: responder interrogantes.
  —El mundo termina el 2010 a los cimbronazos, convulsionado por el dinero. ¿Cómo podrá ayudarnos un animalito tan simpático, inofensivo y encima indefenso?.
  —En oriente veneran el signo del conejo, que tiene una leyenda hermosa. Un campesino estaba moribundo y los animales que pasaban sólo le ofrecían buscar ayuda, el conejo le propuso que lo comiera así no moría de hambre; esta inmolación quedó ligada a la buena suerte, a la buena fortuna. Son conejos Charly García, León Gieco, Fito Páez, Gustavo Santaolalla y Lionel Messi; nacen con un bonus track (suerte adicional).
  —¿Es el conejo el que trae esa estrella especial ?
  —Los chinos creen que no hay cambios mágicos de calendarios; se preparan vaciándose de lo viejo, dicen que tenés que saldar todas las cosas y evitar que queden pendientes, pagar las deudas, amigarse, sino se arrastra todo como bola de nieve al año que llega. No hay cambio mágico. Cuatro días antes de terminar el año los chinos se preparan, sacan todo lo roto, lo que no sirve, lo cortante, hacen una limpieza general y convocan a los antepasados. Pero otros festejan el año nuevo al revés, como para estar inconscientes, atracarse de comida, estar borrachos, no hay espíritu espiritual.
  —¿Qué se puede esperar del conejo entonces?
  —Es un año afortunado para casarse, hacer alianzas afectivas. Para los que se animen, podrán desarrollar su intuición como nunca, los sueños postergados, lo que quedó en el tintero.
  —¿Qué propone el libro?   
  —Hablo de astrología predictiva, del cambio de conciencia, tratamos de que el texto sea más preventivo que predictivo, que dé instrumentos. La gente se abalanza sobre lo que es predicción, pero hay todo un sentido del libro que es para prepararse un poco para decir mi aquí y ahora es esto, para reformular la vida.
  —¿Por qué atraen las predicciones? ¿No confiamos en nuestras propias fuerzas?
  —Justamente traemos la idea de que la gente no sea tan adicta a la predicción, sino que empiece a hacer un auto análisis, por qué estamos como estamos, si bien todos tenemos años más o menos benéficos, no es con una formulita mágica que debemos enfrentar el mundo.
  —¿Cuál es el mensaje de Ludovica para este año?
  —Una vuelta a la naturaleza, los que puedan, que emigren de las ciudades que cada vez van a estar más colapsadas y peligrosas. La crisis cada vez será mayor, será un año caótico y para enfrentarlo hay que estar preparado, alineado, más sano. Cada uno deberá buscar qué le hace bien: yoga, tai chi, meditación, constelaciones familiares, caminar, hacer trabajos en equipo; vuelve lo grupal, reunirse. Hay que reinvertarse, reformularse, las crisis no tienen que desestabilizar, deben ser creativas. Ese es el mensaje del libro, que tiene temas de salud, alimentación y conocimiento. Que sea como un faro y lo disfruten. l