Sábado 17 de Septiembre de 2022
Cualquiera podría decir que el binomio pareja-colchón puede equipararse al de la Biblia y el calefón. Pero no. El psicoanalista, escritor, doctor en Filosofía y en Psicología (UBA), Luciano Lutereau, sin embargo, encuentra una buena metáfora allí, en relación a las "manchas". En diálogo con La Capital explica que cada tanto se cambian las sábanas, pero no se cambia de colchón con cada pareja.
"A veces nos vamos y el colchón se queda, otras se viene con nosotros o lo regalamos aunque la transpiración, las fiebres, las salivas, los flujos y los llantos de uno y otro hayan traspasado y queden huellas; todos llegamos un poco usados a la pareja". ¿Será así?
En épocas donde el mandato "hasta que la muerte los separe" parece tener olor a naftalina, donde supuestamente hay más libertad para elegir, donde los roles estereotipados de marido y esposa parecen haber caducado y donde se puede comenzar un romance a través de una pantalla, Lutereau dice que se sigue sufriendo en torno al amor y el deseo. Y despliega ese problema y otros tantos en su último libro "Adiós al matrimonio, Parejas en busca de nuevos compromisos" (Paidós), que presentará este sábado en la Feria del Libro de Rosario, a las 17, en el primer piso y en la sala Beatriz Guido del Centro Cultural Roberto Fontanarrosa.
El autor, quien en su Instagram se presenta con sus títulos académicos, pero también como quien "pierde siempre a la generala contra su hijo", llega a este libro postmatrimonial del siglo XXI, tras haber abordado otras temáticas como la crianza y la adolescencia y la construcción de la masculinidad. Pero no analiza todo eso desde la autoayuda y las terapias rápidas y breves porque, según dice, "con estar informado y saber, con la culpa con dimensión moral y la voluntad, no alcanza".
Este libro y esta nota no le esquivan a la infidelidad, a los celos, a los tríos, las separaciones, los duelos, la culpa por dejar de amar, la soledad, la dependencia, las fantasías, el machismo, el feminismo y el narcisismo. Tampoco dejan de lado canciones ni conceptos de Freud.
El texto tiene más de 200 páginas y es una buena divulgación del psicoanálisis, al alcance de todos. E inicia, también esta nota, con la frase de una modelo, conductora y cantante, que tenía 36 años cuando dio una nota.
"A mí el darkness en el amor me da una paja... Yo te la voy a hacer fácil: la vas a pasar bomba, te cocino divino, te re garcho, pero no me jodas. Quereme mucho, cuidame, recontra cogeme y te voy a querer, pero no me jodas. No creo en el drama del amor. ¡Pare de sufrir! Cuando no funciona... paja, chicos, paja” (Deborah del Corral, dixit; entrevista a la revista Rolling Stone, en 2012).
_¿Ese párrafo lo citaste como signo de época sobre el amor y la pareja?
Esa frase muestra algo que cambió en las estructuras vinculares. El uso de la cita es irónico, pero sirve para demostrar la enorme decepción que se da con el sufrimiento amoroso por una desigualdad que se suma a la de género y que es la que se establece entre quienes quieren armar una pareja estable y quienes no. Se escucha que "el otro no quiere": no quiere convivir, no quiere tener hijos, no quiere compartir vacaciones ni la familia. Las condiciones actuales del vínculo son del presente; la vertiente clásica del compromiso está más disuelta y eso genera malestar. Hay dos términos populares instalados, entre tantos, el que dice que "los varones están en fuga" y las mujeres, "son intensas", incluso ellas mismas se definen así. Y en realidad lo que sucede es que están más deseantes y explícitas de lo que quieren y cuándo quieren, y no están dispuestas a esperar como antes, y solo casarse y tener hijos. En tanto, los varones, por las consecuencias de los vínculos que han tenido, están complicados con los duelos amorosos: no quieren volver a apostar, dicen "yo ya tuve esto o aquello" y la vía de realización está en otros campos, el laboral, el del cuerpo, más que el del amor.
_ Además de esas dos figuras prototípicas de varones en fuga y mujeres intensas se instalaron en este siglo otras tantas como "amistad con derecho a roce", "amores tóxicos" , "poliamor", "parejas abiertas", que Freud no conoció. ¿Qué pervive en ellas para que el psicoanálisis pueda abordarlas?
Hay pequeños indicadores en la obra de Freud que muestran que ya existían estos fenómenos en esa época. En un texto habla de mujeres que no aceptan sustituto en su forma de amar, serían las intensas de hoy; también habla de las mujeres menesterosas, las que se ponen en posición de necesitadas de amor, no como realización personal sino como necesidad. Hay cambios de época, es cierto, pero otros no tan radicales, por ejemplo, se habla de más libertad en el amor, pero eso es aparente, no somos más libres. Nuestra vulnerabilidad es más grande, porque en el siglo XXI el amor es el núcleo de nuestra identidad, por lo tanto no sentirse amado o reconocido en el amor son experiencias demoledoras. Mostrarse con alguien y sentirse deseados en las redes nos muestra con más estímulos, pero más dependientes que libres. En la virtualidad, más que poner el cuerpo en la seducción reforzamos nuestra propia imagen, nos mostramos como deseables y seductores y eso es muy distinto a poner a actuar un deseo y adoptar una actitud deseante.
_ En tu libro decís que antes las parejas llegaban a las terapias después de muchos años preguntando cómo seguir juntos y ahora llegan antes preguntándose si deben seguir juntos. ¿Qué aporta el psicoanálisis a las crisis de pareja que no aporten otras terapias?
No alcanza con decir “no hay que ser celoso”, “no hay que ser posesivo”, “no seas la mamá o el papá de la pareja”, no alcanza y no sirve para ningún cambio real. La gran dificultad de la autoayuda es que se comprueba que no por saber uno cambia. Pero además, el psicoanálisis no piensa la culpa desde una dimensión moral para que las personas se pregunten por qué se quedaron en una mala relación; no plantea ni el "hacete cargo" o el "vos ya sabías que era celoso o mujeriego cuando lo conociste", "por algo te pasó" o "¿qué hiciste para que se ponga así?". Pero se puede conservar algo interesante de la culpa y es que quien la expresa está situado en algo que hizo o no hizo y puede proponerse algún tipo de acto que no pudo en otro momento, puede buscar otra posición. Además, el psicoanálisis recupera el malentendido o el desencuentro, no idealiza ningún tipo de vínculo y toma al conflicto como valor, no como algo patológico ni negativo, sino como una reestructuración de la relación. Cuando no podemos tolerar un conflicto que no es más que la perspectiva enfrentada, nos volvemos reactivos, expulsivos, decimos cualquier cosa y nos arrepentimos, le generamos angustia al otro. Y no hablamos de varón, mujer, masculino o femenino, porque en este caso no importa el género ni la identidad, sino los modos del conflicto. Hay parejas jóvenes a las que hay que acompañar para que tengan un conflicto, pongan en juego sus perspectivas distintas, y después vean qué hacen con él. Para eso se necesita madurez que muchas veces no está y por eso aparece la hostilidad.
_Te escucho y no puedo dejar de igualar los conflictos del amor con los políticos. Se escucha mucho decir "pongámonos de acuerdo" y "unámonos" como si las distintas posturas políticas pudieran aunarse sin más y no caer en conflicto.
Lo que se ve ahí es que quienes proponen más ideales como "tirar todos para los mismos lados" más se matan luego. En la pareja pasa lo mismo, las que no toleran no alcanzar un ideal son las que más se pelean. Entonces allí aparece otro aporte del psicoanálisis, la desconfianza a las salidas ideales. Y agregaría una cosa más. Creo que para muchas personas hoy es difícil tolerar el conflicto porque el gran temor es la separación. En la fragilidad vincular de hoy aparece el fantasma de que el otro desaparezca de golpe o lo abandone: la separación horroriza, se dice "me separé" y es como "me rompí", se pierde el sostén narcisista para ser quien soy. Antes esto no pasaba porque los roles simbólicos eran más fijos y estables, no se hacía abandono de hogar tan fácilmente y se reducía el miedo. Además, hoy en día las parejas no se separan luego de haber vivido muchas cosas en muchos años, tener una casa e hijos y darse cuenta que se acabó el vínculo. La contracara es que hoy las parejas quedan dolidas por todo lo que no pasó, no pudieron alcanzar o tener.
_Como dice el tango, "el dolor de ya no ser"
Claro, es un planteo melancólico como el del tango. En "Grisel" de Contursi hay algo de eso, recién cuando ella muere él dice: "y hoy que vivo enloquecido/porque no te olvidé/ni te acuerdas de mí/¡Grisel!". Esta es la época de los amores que no fueron. Hay un fenómeno recurrente en las consultas, donde se escucha "me cuesta mucho no ver a esta persona que aparece, vuelve al año y desaparece". Saben que eso no llegará a ninguna parte, pero no pueden dejar de decirle que "no" a esa persona, porque hay pura potencialidad, queda todo pendiente. Es importante preguntarse por qué se le da ese lugar a alguien perdido que vuelve del pasado si ya uno o una está en otra, ¿o no estamos en otra?
_En el libro hablás de casos en que alguien arma parejas constantemente para intentar dejar de ser hijo o por la misma razón decide tener sus propios hijos.
Me refiero allí a posturas infantiles inconscientes de ciertos adultos, es uno de los trabajos mentales más importante dejar de ser hijo. Uno no deja de ser hijo pero están quienes se aterrorizan al pensar que sus padres de 80 años se van a morir, cuando es lógico y esperable que se mueran y hay que ir haciendo el duelo. Y luego está el problema de quienes no han dejado de ser hijos y al tener los propios reproduce con ellos el vínculo con sus propios padres. Eso se escucha mucho cuando dicen "yo no quiero ser como mi padre o mi madre fue conmigo", y tratan de reparar con los hijos la historia con sus padres o castigan a los padres usando a los hijos de árbitro, lo que es gravoso porque invierte la serie generacional. Sobre todo esto el psicoanálisis puede trabajar.
_ En 1985 un best seller de autoayuda titulado "Las mujeres que aman demasiado" se vendió como pan caliente. Hoy vos le dedicás un capítulo a las mujeres que se interesan siempre por los hombres seductores, parece como que algo allí no ha cambiado.
Hay distintas designaciones para estos hombres, se popularizó también esto de llamarlos narcisistas e incluso psicópatas. Me refiero al varón edípico, al seductor y el interés de las mujeres hacia estos hombres es una de las grandes fragilidades actuales y muestra que más allá de los cambios culturales y la crítica al amor romántico, se sigue idealizando el amor y permanece cierta matriz amorosa que refuerza la dependencia y la vulnerabilidad. Aún muchas mujeres se jactan demasiado de su marido para sostener una función no eréctil. Pero, aunque muchas personas sepan estas cosas luego tropiezan, ahí es bueno pensar los procesos inconscientes y no desde la autoayuda, los psicoanalistas sabemos que uno tiene que vivir y poder pensar su implicación en situaciones concretas para darse cuenta que hay cosas que no sabe.
_En cuanto a las fantasías decís que una feminista no tienen fantasías feministas y que es más común que un varón tenga fantasías en concretar un trío con dos lesbianas que una mujer las tenga con dos gays, ¿por qué?
Lo de la fantasía feminista lo sostiene una colega chilena y amiga, creo que es acertado. Muchas feministas se preguntan ¿cómo puede ser que se hayan enganchado con un machirulo básico? Y creo que todo remite a que desde la conciencia se puede tener una posición, pero desde la fantasía uno se excita, se conmueve y actúa a veces con un sentido contrario. La fantasía no tiene que ver con la voluntad. Y la otra fantasía, la del hombre con dos mujeres no tiene tanto que ver con la potencia viril sino que muestra algo común en esta época, la posición del varón más como objeto de placer, que como sujeto de deseo. Hay una canción de Sabina que se llama "Delirium tremens" y alude al "misógino aprendiz de seductor", es brillante porque refiere al antiguo machista y al nuevo seductor, dos misóginos.
_También retratás al varón actual como alguien que no se enamora, no se compromete, pero está más inquieto por temas del amor. ¿Leen tus libros los varones o en general te lee más la platea femenina?
Es más común en los varones de hoy que estén más inquietos por temas del amor que por el deseo, lo que no significa que se enamoren más ni se comprometan en el vínculo. Están mas inquietos por sus preguntas, eso los hace más "histéricos", según se dice, solo porque hacen lo que no hacían, hablar de amor. Antes el varón decía "no te digo que te amo, te lo demuestro con hechos, yo de amor no hablo". Y en cuanto a mis libros, puede ser que me lean más mujeres pero me da mucha satisfacción comprobar que tengo muchos lectores varones, me da gusto porque yo no escribo para mujeres sino para varones en conflicto con el amor. Si tuviera que resumir lo que escribo apelaría a una canción de Jaime Ross que se llama "De la canilla" y en la que un amigo le dice a otro que deje de boludear y se regale la alegría de estar con la mujer que quiere, y no busque excusas que al final está solo. (N. de la R: "Escuchá lo que te digo/metételo en la cabeza/no se borra esa tristeza/subiéndote a cualquier tren/te hace falta una mujer/en lugar de mil princesas"). Creo que es un buen diagnóstico del hombre actual, tiene muchos vínculos pero le escapa al vínculo amoroso, algo que tiene mucho enriquecimiento para un hombre. Las posiciones más defensivas y seductoras desaprovechan esto en los varones, los deja como adolescentes crónicos enloquecidos por el trabajo, con agrupamientos de pares en el asado y el fútbol, como cuando eran adolescentes. Creo que el retroceso de las estructuras viriles lo perjudicaron mucho, porque les da una aparente libertad con la que luego no saben qué hacer, porque es pura posibilidad, es libertad para huir, para la fuga.