Domingo 06 de Marzo de 2022
Alexander Astudillo es venezolano, se recibió allí de ingeniero ambiental, tenía su propia empresa y hace cinco años emigró a Rosario, donde trabaja como barbero. A sus 30 años es el secretario de la Asociación Civil de Venezolanos en Rosario y se ocupa de ayudar a quienes llegan desde su país para que se instalen en Argentina. Sin embargo, cuenta que los más jóvenes deciden volver a emigrar a Europa porque ven que la situación social y económica del país es muy parecida a la ocurrida en Venezuela hace ocho años.
“Salir de Venezuela es un choque emocional muy grande porque no somos una nación acostumbrada a la emigración”, relató Alexander a La Capital cuando terminó su turno en la barbería que puso en Avellaneda 1034.
El joven explicó que la mayoría de los venezolanos que vinieron a Rosario son profesionales: médicos, ingenieros y abogados, pero que trabajan en otras tareas porque les cuesta mucho conseguir un empleo en su rubro.
Y si bien manifestó que están contentos y agradecidos en Rosario, también admitió que muchos tienen miedo de que en Argentina se repita la historia que vivieron en su país. “Eso pasa sobre todo con los jóvenes que todavía no echaron raíces en Argentina y les resulta más fácil irse. Por lo general intentan viajar a España por la facilidad del idioma y de los papeles”, contó.
“La mayoría de los venezolanos se fueron a Colombia y a Brasil. Argentina y Chile ya es más lejos e implica una organización mayor”, explicó Alexander que hace cinco años se instaló en Rosario y en este tiempo logró que sus siete hermanos vinieran a esta ciudad. Además, en enero de este año tuvo la alegría de traer también a su mamá.
“Conocí Rosario en 2009 porque gané un concurso para estudiantes de ingeniería en Venezuela, y me dieron la oportunidad de viajar a Argentina para conocer las empresas que trabajan con Responsabilidad Social Empresaria (RSE), y entonces recorrí Rosario y Buenos Aires, y en las dos ciudades hice pasantías”, recordó el joven.
Cuando Alexander terminó la carrera en Venezuela, por la situación económica y política del país decidió probar suerte en Rosario: “Llamé a las empresas donde había hecho experiencias laborales y pude venirme como pasante. A la par empecé a trabajar como mozo, carpintero, herrero y cocinero, y pude ahorrar”, relató quien ahora tiene su propia barbería que lleva el nombre de su ciudad natal: Monagas.
El chico había ahorrado para abrir el local de estética masculina en 2020. Al día siguiente de la apertura empezó la pandemia y tuvo que cerrar. “Había invertido mi capital y lo perdí todo. Para pagar las deudas vendí todo, hasta mi cama, y me fui a trabajar a una estación de servicio como playero, durante 8 meses, en los que junté el dinero para intentarlo otra vez, y en diciembre volví a abrir”, expresó contento.
Hace cinco años llegó con una hermana y un primo y ahora logró que se vinieran los demás familiares y si bien ninguno consiguió trabajo de su profesión, todos tienen algún empleo.
Los que se van
No todos los venezolanos se quedan. Hay quienes deciden buscar otra oportunidad en Europa. Tal es el caso de un joven, profesor de educación física que trabajaba como barbero y en una panadería, quien luego de dos años se fue a Madrid.
Otro joven se fue a Alicante, también en España. Es ingeniero industrial y estaba haciendo carne para hamburguesas en Rosario. Ahora trabaja de lo suyo en España.
“Hay muchas cosas que nos recuerdan a Venezuela, como que todo se traslade a precio dólar y la inflación. Nosotros vivimos algo muy parecido: cuando el poder adquisitivo empieza a bajar tanto que no te alcanza. Ahora estoy bien porque tengo el local y clientes, pero sufrimos el destierro y el miedo de que te vuelva a pasar. Por ahora trato de pensar en el presente y de salir adelante en Rosario”, concluyó
El permanente recuerdo del lugar que dejaron
“Salimos a forjar un futuro en un país como Argentina, que nos abrió las puertas, y pensamos que saldremos adelante”, declaró el presidente de la Asociación de Venezolanos en Rosario, Alexander Astudillo.
Sin embargo, el miedo sigue rondando a los venezolanos y en las conversaciones entre ellos surgen recuerdos de la situación de su país cuando ellos tuvieron que dejarlo.
“El miedo y la inseguridad que vemos ahora en Rosario también los sentíamos en Venezuela, pero nosotros tenemos esperanzas de que juntos podemos salir adelante”, declaró el joven agradecido por la oportunidad que tuvo de asentarse en Rosario.
Muchos venezolanos sufren la separación familiar y, como en el caso de Alexander, han perdido parientes en su tierra natal. “Perdí a mi papá el año pasado. Estaba en Venezuela y enfermó de Covid... Por eso se hace muy duro estar lejos”, confesó el joven que trabajó fuerte para que sus seis hermanos pudieran venir y así volver a estar juntos.
Ahora todos viven en Rosario y piensan quedarse, echar raíces y construir un futuro en Argentina.
“Queremos compartir nuestra cultura y participar de la fiesta de las Colectividades y en todos los encuentros con rosarinos”, cerró.