La ciudad

Los vecinos del Apeadero Sur se ilusionan con el tren

Sobre rieles. Entre los comerciantes dicen que reactivará la zona, hoy golpeada por la inseguridad. La estación es actualmente un tinglado en total estado de abandono.  

Martes 18 de Febrero de 2014

Si hay que buscar un común denominador entre los sentimientos que despierta en el barrio del Apeadero Sur el anuncio de que el tren a Buenos Aires parará finalmente allí es febril expectativa. Después, cada quien llena ese término con su propio contenido. Entre los comerciantes —dueños de modestos locales de novedades, quioscos, un autoservicio, una granja, un puesto de diarios, un pequeño bar— la alegría es inocultable por la suposición de que el movimiento de pasajeros disparará exponencialmente las ventas. Entre los vecinos en general, la esperanza apunta en forma unívoca a una mayor seguridad. Y entre las familias asentadas sobre las vías, tanto en viviendas precarias como de material, la ilusión cobra la forma del acceso a la casa propia, de la mano de la anunciada relocalización. Hace horas que se conoce la noticia y el barrio ya hierve de excitación.

Hoy, el Apeadero Sur (su nombre original, de 1981, es Groenewold) es apenas una parada del ferrocarril Mitre. Allí, cuatro noches a la semana, se apean algunos pasajeros del tren que circula de lunes a jueves entre Rosario Norte y Retiro.

Enclavada en el cruce de San Martín y Batlle y Ordóñez, la estructura metálica —poco más de un tinglado— tiene unas pocas viviendas enfrente y la subcomisaría 20ª a sus espaldas.

Poco efecto le surte esa presencia. Entre los vecinos y comerciantes del barrio, no hay otra palabra que salga antes que "inseguridad", aun cuando se muestran convencidos de que su situación no es peor que la de cualquier otro sector de la ciudad. Aun así, casi todos relatan haber sido asaltados ya más de una vez.

Entusiasmo. Justamente por eso, el anuncio de que el Apeadero Sur está llamado a convertirse en la estación ferroviaria adonde, a partir del año próximo, llegará el futuro tren Rosario-Buenos Aires, despierta un entusiasmo enorme en la zona.

Es que todos saben que el lugar deberá dotarse de infraestructura y equipamiento urbano, sumar transporte y conectividad y, necesariamente, ganar en materia de seguridad.

Mientras LaCapital dialoga con comerciantes de la cuadra, una vecina pasa, gira la cabeza y desliza: "Es lo mejor que nos podía pasar en el barrio".

"Porque acá no queda nadie que no haya sido robado, incluso más de una vez, y la sub 20ª no sirve para nada. Si la estación llega a venir, como dicen, la zona va a tener que ser más segura", dijo Valeria Blanco.

En diagonal al Apeadero se levanta una esquina de modestos locales comerciales, todos alineados bajo un alero. La dueña de uno de esos negocios, en su caso de artículos de novedades, confía en que la llegada del tren le "cambie la fisonomía al barrio", en una suerte de continuidad para las mejoras que asegura ya trajo la apertura del casino, ubicado a pocas cuadras, y continuó la reciente remodelación de Batlle y Ordóñez, obra en la que el municipio invirtió más de 10 millones de pesos.

La misma expectativa manifiestan los dueños del autoservicio Sol y Campo Ganadero, Osvaldo De Lorenzi, y de la granja Dora, Dora Ceballos, convencida de que la transformación del Apeadero en estación, aun si es por un tiempo (en caso de que en pocos años el tren termine llegando a Rosario Norte), "va a levantar el barrio".

Para Valeria Olivan, el "fluir de gente" será algo muy halagüeño, incluso si el Apeadero quedara luego sólo como parada intermedia, "para los pasajeros del sur de la ciudad, Villa Gobernador Gálvez, Pueblo Esther y Arroyo Seco".

El quiosco de revistas, el bar de la esquina, la lotería, son otros de los comercios a los que la llegada del tren beneficiará con creces. De hecho, en el barrio no registró ni una sola voz de oposición.

Pero si los comerciantes están contentos, la expectativa es mayúscula entre quienes viven pegados a las vías del Mitre y creen que, de acuerdo a reiterados anuncios de las autoridades, podrían ser relocalizados. Es decir, acceder a una vivienda propia.

Dentro de esa población figuran los que llevan años habitando casas de material, por ejemplo, frente al propio Apeadero (de Batlle y Ordóñez hacia el sur), y quienes ocupan viviendas algo más precarias, instaladas hace menos años sobre la traza del Mitre, de San Martín al oeste.

En cuanto al transporte, hoy circulan por la zona cinco líneas de colectivos: 136, 137, 103 (viene de Villa Gobernador Gálvez y llega hasta Baigorria), 143 (también va a Baigorria) y 140.

En primera persona: Lorena Ramírez, habitante de una casilla junto a la vía.

"Que nos ofrezcan un techo para nosotros sería lo mejor, una ilusión. Total, con trabajo se puede pagar en cuotas", arriesga Lorena Ramírez, una de la vecinas que vive muy cerquita de la vía, a no más de cien metros del Apeadero Sur, y que actualmente comparte hogar con la familia de su hijo, quien se quedó sin empleo. Pese a los anuncios sobre relocalización, dice, todavía nadie fue ni para censarlos.

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