Los Pumitas, la zona de Rosario donde la resistencia popular enfrenta a los narcos
El asentamiento es parte de Empalme Graneros y fue el sitio de una gran oleada migratoria desde el norte argentino. Hoy viven unos 10 mil vecinos

Martes 07 de Marzo de 2023

Desde Ottone y Labardén hasta Shweizer y Sorrento. Referencia de Los Pumitas, el sector más conflictivo dentro de Empalme Graneros donde el asesinato de Máximo Gerez, de 11 años, desató un estallido social contra la red de búnkeres de droga que dominan la zona. Un franja vecinal marcada por las migraciones, la comunidad Qom, las necesidades, la falta o escasez de servicios, con zanjas de aguas servidas, de casas a medio hacer que se erigen fruto del esfuerzo de miles de trabajadores que ayer le dijeron basta al narco. Un hartazgo que marcó una profunda ruptura en el tejido social y dejó al desnudo el abandono del Estado. Un lugar donde hizo su labor franciscana la hermana María Jordán, que se plantaba frente a los dealers a retarlos y rogó por la protección social de los vecinos.

¿Qué abarca esta zona donde un grupo de nenes fueron alcanzados por una ráfaga de disparos que mató a uno e hirió al resto? En Los Pumitas sobreviven más de 10 mil vecinos. De hecho, el centro de Salud “Empalme Graneros” tiene 10 mil historias clínicas. El Registro Nacional de Barrios Populares (Renabap) relevó a casi 1.700 familias, pero se estima que son bastantes más.

El asentamiento conlleva las características de una zona sin infraestructura. La inmensa mayoría no cuenta con los servicios básicos, las conexiones a la luz y el agua potable son precarias, al igual que las descargas a las zanjas estancadas que acumulan vertidos.

Las precarias construcciones, muchas realizadas por etapas y con mucho esfuerzo, no cuentan con gas domiciliario. Usan garrafa. Los Pumitas comienza en Labardén y Ottone (calle donde está el club) y se desarrolla hasta Schweitzer y Sorrento aproximadamente. Un aglomerado urbano de consideraciones dentro de Empalme Graneros.

El asentamiento tiene su vida propia y sus características particulares que lo distinguen. Hay allí varios comedores comunitarios, merenderos, talleres culturales de la organización social La Poderosa y de Talero también, que tiene una radio comunitaria. A su vez, la Corriente Clasista y Combativa (CCC) tiene militancia en la zona. Los Pumitas fue forjado por integrantes de la comunidad Qom y luego se fue poblando y habitando con “criollos”, pero hoy en día viven allí muchos vecinas y vecinos de la comunidad de los pueblos originarios. La gran migración de comienzos de los 90 fue la base de sus orígenes.

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Laburantes

Los que se levantan de madrugada y agarran la bicicleta, moto o esperan el colectivo van en búsqueda de changas. La diaria, o el uniforme de albañil o electricista. Una postal de trabajo y búsqueda de sustento. Pero el movimiento del barrio se activa también con todo un dispositivo de contención en red que hacen las propias organizaciones populares. El rol de las cocineras comunitarias es fundamental para garantizar un plato de comida y la panza llena de los pibes. Y a ello se agrega la función de trabajadoras comunitarias de los distintos espacios de organizaciones.

En Pumitas La Poderosa tiene la Casa de las Mujeres y Disidencias, que funciona con trabajadoras comunitarias que sostienen talleres de cuidado, de contención, o los comedores y merenderos donde trabajan las cocineras. Pero hay otro rol social que todavía genera anticuerpos contra la furia narco y la violencia extrema: las vecinas no organizadas que cuidan a los pibes para que el narcotráfico no los capte. La excusa es darles de comer, pero apuestan todos los días a imaginarles un futuro mejor que el de ser un soldadito o morir en medio de las balas. Una olla en el barrio es un símbolo de resistencia ante el avance narco y un Estado débil o inexistente.

La labor educativa también es sostén. Como se hace en la Escuela 456 y Escuela Paulo Freire (están dentro de Empalme, pero a unas cuadras de Pumitas) y la Escuela 1344, la escuela intercultural bilingüe Taygoyé, donde Máximo cursaba el 7º grado.

La gran mayoría de éstas instituciones recibió al acorralamiento del narco.

Amenazas, mensajes, intimidaciones, como había pasado con el comedor y Casa de la Mujer que debió resguardar referentes históricas.

Pero un poco atrás en el tiempo hubo una referente importante de la zona. La hermana María Jordán, quien sentó las bases para que se desarrolle un proyecto religioso-educativo con actividad deportiva. Así nació la escuela María Madre de la Esperanza, y el comedor comunitario que lleva su nombre y que reparte 120 raciones diarias.

“La monja apaciguaba los ánimos, se paraba en el medio de la calle de tierra y hasta se ha metido en algún búnker para decirles que aflojen”, recordaron algunos referentes.

Tras las inundaciones del 86, los 90 trajeron una gran migración interna desde el Chaco profundo. La comunidad se asentó desde Cabal hacia el norte (Cabal al 1100 como referencia) y otra en Juan José Paso al 2100.

En aquella época la religiosa y otros operadores sociales laicos luchaban contra el consumo del pegamento y la inhalación de nafta. Sin embargo, dos décadas atrás empezó el narcomenudeo y el asentamiento se fue poblando de búnkeres.

El impacto en la adaptación de las comunidades aborígenes a la vida urbana fue complejo. Pero hasta allí llegó la familia Gerez, muy conocida en la comunidad Qom rosarina. Los abuelos de Máximo fueron a la escuela bilingüe y aquí echaron raíces.