La Ciudad

Los libros piden a gritos que los busquen en las bibliotecas populares

Bibliotecarios de las 24 salas de Rosario quieren abrir las puertas: aseguran que aplican los protocolos, el trámite de préstamo no pone en riesgo a sus lectores y "libro que vuelve" queda 14 días en cuarentena

Jueves 08 de Octubre de 2020

Los libros de las bibliotecas populares de Rosario no le encuentran sentido al hecho de estar quietos y guardados en los estantes durante la pandemia. Hace cinco semanas que las salas están cerradas en las 24 bibliotecas nucleadas en la Asociación de Bibliotecas Populares de Rosario y los bibliotecarios le piden ahora al Estado que los dejen abrir como a los bares y a los templos, "al menos para prestar libros, que al volver a la biblioteca quedan 14 días en cuarentena". ¿Los ejemplares que más extrañan los lectores? Las novelas históricas, de amor y suspenso, aseguran tres de los bibliotecarios consultados por La Capital.

La presidenta de la entidad, María Luisa Carletti, aseguró que las bibliotecas populares son "una necesidad" para quienes no pueden comprar libros para estudiar, informarse o entretenerse. Y aseguran que son espacios que usan los protocolos a "rajatabla" y gastan dinero que nunca sobran para cumplirlo. Pero además, las que tuvieron gente de riesgo no abrieron incluso en junio cuando tuvieron autorización para hacerlo.

"Y algo importante, somos un espacio de cercanía: los lectores de los barrios vienen caminando y acá, además, mantienen lazos sociales", dijo la mujer que es parte también de la comisión de la Biblioteca Popular La Florida (Mina Clavero 885), una entidad con 25 mil libros y talleres culturales, a punto de cumplir 44 años el próximo 6 de noviembre.

bibliotecas populares.jpg

Las bibliotecas Argentina y Estrada, de Rosario o la Pedagógica de Santa Fe son en comparación a las populares los shoppings de los libros, por eso quienes reclaman entienden que se mantengas con sus puertas cerradas. Pero estas organizadas y sostenidas por vecinos que trabajan ad honorem, tienen otro espacio y otra función.

La más antigua de la bibliotecas populares es la de la Asociación del Consejo de Mujeres (3 de Febrero 726). Se trata de la primera de su tipo en Rosario, fundada 1925. Y la más joven, con apenas 14 años, es la de Desarrollo Social (Marco Polo 331). Se sostienen con las cuotas que abonan sus socios (la más cara cotiza en cien pesos) y con tres subsidios: uno municipal de unos 50 mil pesos al año; uno provincial de 70 mil y uno de la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip) de unos 100 mil pesos. Fondos que como la mayoría en esta pandemia están ingresando a cuenta gotas o aún no se efectivizaron

Lo cierto es que más allá de la llegada de los subsidios en las bibliotecas se realizan múltiples actividades de promoción de la lectura. "Pero lo paradójico es que ahora que hay tiempo para leer, las bibliotecas están cerradas y trabajamos tanto para que los vecinos quieran leer", lamentó la docente jubilada y narradora Claudia Martínez, al frente de la biblioteca Cachilo (Virasoro 5606).

La Cachilo va a tu casa

Esta biblioteca popular cumplió 20 años virtuales en agosto pasado. Tiene 500 socios y 24 mil volúmenes y no infringe las medidas de restricción de la pademia, aunque siguió en actividad por las redes donde tiene Facebook)

Cachilo.jpg

"Realizamos lecturas de libros y cuentos para niños, que filmamos con distintos talleristas de la biblioteca. Y ahora estamos pensando en poner en acción 'La Cachilo va a tu casa'", contó Martínez, "una especie de delivery de libros que llevaremos a quien nos pida, caminando o en bici".

Es que según dijo la bibliotecaria, hay mucha gente mayor que pide libros. "Leer es supervivencia para ellos, acá hay hambre de libros. Tenemos un nono de 80 años que cuando la biblioteca está abierta se lleva cinco libros por semana. Y puedo asegurar que siempre hay mucha gente pero nunca apretada y codo a codo como en un bar o treinta, juntos, como en un templo", agregó.

Martínez dijo que en el barrio de la biblioteca, Villa Urquiza, la gente se cuida. "Cuando estaba abierta muchos se llevaban libros para toda la familia y ahora nada, nos han llegado a esperar en la puerta y les tenemos que decir que no podemos abrir. Esto no es un comercio, la gente viene de a uno, sin niños, no toca el libro hasta que se lo damos y al volver el texto queda en una caja por catorce días. Si la gente está en la casa, ¿qué mejor opción que la de leer?"

Por un criterio equitativo

Para el docente universitario Carlos Nuñez, a cargo de la biblioteca popular Pocho Lepratti (Chacabuco 3085), "primero está el cuidado de la salud, eso es básico, pero luego debe haber equidad en las medidas de restricción, referencias claras: ¿cómo puede ser que sean prioridad los bares o las iglesias y no las bibliotecas y ámbitos culturales?", preguntó.

La biblioteca que el mes que viene cumple 18 años y tiene 17 mil libros en su haber está en el barrio Tablada atravesado por varios problemas. "Registra muchos contagios y ahora, encima, cuenta con la presencia de fuerzas de seguridad", retrató Nuñez y dejó en claro que su realidad no es igual al de las otras 23 bibliotecas de las ciudad pero comparte el criterio de apertura.

cachilo3.jpg

"Tuvimos un caso positivo así que no estamos en condiciones de abrir ya, pero apenas se pueda podemos sumarnos a los préstamos de libros".

Esta biblioteca además de actividades de lectura (inauguró la Bebeteca, para gateadores y deambuladores pero no se pudo poner en acción por la pandemia), acompaña a la comunidad en este aislamiento con diversas propuestas como el reparto de bolsones alimentarios, de higiene y limpieza y ollas populares.

Además difunde actividad de entretenimiento y educación con escritores y actores de la ciudad a través de FM 104.3 Radio Hormiga. Y a tono con la crisis y para sostener el Jardín Hormiguitas, además de la biblioteca, organizó la venta de comida (supremas, pizzas) y una colecta solidaria que va desde los 250 a los mil pesos.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario