La ciudad

Los clubes de barrio, íconos de resistencia urbana en pleno verano

Las temperaturas más duras del verano deben tener sus propias estadísticas entre los habitantes que se quedan en la ciudad y, más aún, en sus casas y en sus barrios. No todo es “la temporada en La Feliz”, ni cuerpos en exposición, ni turismo exótico.

Domingo 20 de Enero de 2008

Las temperaturas más duras del verano deben tener sus propias estadísticas entre los habitantes que se quedan en la ciudad y, más aún, en sus casas y en sus barrios. No todo es “la temporada en La Feliz”, ni cuerpos en exposición, ni turismo exótico. Hay noticias sobre el “consumo récord” de energía y de equipos de aire acondicionado que hablan de los que se quedan, pero también lo hace la venta de piletas de lona o la concurrencia a los clubes de barrio, aunque nadie se dedique a llevar los números de las prácticas menos “glamorosas” de los ciudadanos. Equipos de aire, Pelopinchos y clubes de barrio, bien podrían formar parte de una misma encuesta sobre la resistencia al verano 2008 en Rosario.

“Durante el año es como que sobrevivimos. Entonces, cuando llega el verano, surgimos de las cenizas como El Ave Fénix”, dice Adriana Bevacqua la tarde del jueves, por encima del zumbido del ventilador, en la recepción del club El Luchador (Lima 1350). En la vereda está lleno de preadolescentes que entran y salen corriendo por el pasillo que conduce a la cancha y a la pileta, ocupada ahora en su mayoría por chicos con la piel arrugada de tanto estar en el agua, y por señoras que toman sol en el borde y hunden los pies en el agua.

En el quincho, un grupo de socios veteranos juega al truco. El club es pequeño, tiene 75 años de vida, y conoció otros tiempos de gloria en barrio Echesortu, donde nació con un equipo de fútbol y una biblioteca. “Cada vez nos cuesta un poco más mantener las actividades deportivas”, explica Adriana.

El centro de la vida del club ahora pasa por la pileta. El Luchador tiene alrededor de 450 socios fijos, y el número se incrementa cada verano con los “socios golondrinas”: “Gente que en el verano viene, se asocia, pero después en el invierno desaparece”, señala.

La temporada es prolífica: “De los casi 500 socios que tenemos, hay 250 personas que vienen al natatorio. Es mucho para nosotros”. El público es gente del barrio, “familias y chicos que vienen solos”, miembros de una clase media en vías de extinción: “Ahora están los ricos y los pobres. Pero está esa gente que trabaja todo el día, que no puede irse de vacaciones, y que aprovecha?”.

En el club Atalaya, en Juan Manuel de Rosas 2555, “se vive en invierno con lo que se genera en verano”, explica Marité, vicepresidenta de la entidad. Por los altoparlantes se oye una canción lenta de los 80, salpicada cada tanto por el ruido de los chapoteos en la pileta. Los pequeños espacios verdes que rodean el natatorio están ocupados casi por completo, pero la gente convive en armonía. Una pareja joven lee sobre el pasto, y cada tanto mira con curiosidad el grabador y la cámara de fotos sobre los tablones cercanos a la cantina.

“Más allá de que esto es un club de básquet”, dice Cristina, vocal de la Comisión Directiva, “la gente se ve en verano”. En invierno, el número de socios “ronda los 400, y en verano se duplica. Te diría que hay veces que hasta se triplica”, explica Marité. En buenas temporadas, señala, se ha “llegado a los 1.000 socios”. Al igual que en la mayoría de los clubes que tienen pileta, existe una categoría para incorporar a la gente que sólo concurre cuando aprieta el calor.

El patio del barrio. “Es un gran patio”, define Pablo Giavarini, presidente del club El Tala, en una mesa de la cantina. El club, en Cochabamba 570, es uno de los pocos que quedan en el distrito Centro: “En lo que es el centro, el casco viejo de la ciudad, no tenés nada. Los pasaron por arriba”, explica.

El club nació con el fútbol barrial en 1920, y tenía terreno “hasta calle Pellegrini y casi hasta 1º de Mayo”, pero se fue convirtiendo en club de básquet al igual que la mayoría. Y “cuando se vino la urbe, se compró de terreno lo que se pudo comprar con los socios de entonces”, explica Giavarini. Más que una gran familia, dice, es un gran patio para “la gente laburadora” de la zona.

Son las 19.30. El club está lleno. Un grupo de mujeres hace gimnasia en el agua. Las mesas están repletas de adolescentes con camisetas de básquet de equipos de la NBA. Se ve más gente en el verano “por el tema de la pileta”, concede Giavarini, pero “el trabajo se hace todo el año”.

Más y menos gente. “La mayoría de los socios que vienen son del barrio”, cuenta Andrés Mascali, vocal de la Comisión Directiva de Atletic Sportmen, uno de los principales clubes de Echesortu. “Hay gente que se va yendo, como nosotros, que vinimos de chicos al club y... que se yó, por ahí vos te casás y te mudás, pero podes venir aunque seas de otro barrio si no está muy lejano”.

Atletic Sportmen tiene aproximadamente 1.000 socios señala César González, secretario de la entidad, y en verano crece en un 20 por ciento por los “socios golondrina”, que suman “200 o 300 personas más”. Sin embargo, aseguran, allí el número de socios también crece durante el invierno.

Nació como club de fútbol, “pero ya desde hace muchísimos años el deporte principal es el básquet. Acá tenemos un equipo de primera división de la liga rosarina. Y mueve mucha gente, es un club de los que más gente mueve”, asegura Mascali.

La afirmación está disputada: “Los socios del club siguen el básquet del club. De los clubes de básquet, yo te diría que es el que más gente moviliza”, afirma Marité, de Atalaya, y recuerda la vida social de otros años, cuando “se hacían comparsas con los socios para el carnaval”, cuando a las tres de la tarde salían todos de la pileta para maquillarse y partían desde el club los colectivos, con más de 150 personas, para participar de los eventos.

La gente hoy está “desmovilizada”, asegura Marité. Pero “hay un grupo permanente de entre 30 y 50 familias”, asegura Cristina, que permanece “temporada tras temporada, invierno y verano”.

"Algo loco es que a los clubes de barrio les va mejor cuando la economía está mal. ¿Por qué? Porque la gente recorta sus gastos. El club de barrio es más barato", dice Giavarini. "En estos momentos no está tan mal la economía, pero ¿cuánto te sale cruzar a la isla? ¿Cuánto te sale una cuota en un gimnasio, o en otros clubes que no sean clubes de barrio? Capaz que te sale el doble o más. Para gente laburadora es mucho más cómodo", señala. "No es lo mismo el club Torito, en Alberdi, que Gimnasia y Esgrima", explicaba la antropóloga y docente Silvia Bianchi a los comunicadores del sitio Enredando (comunidades en red) de Rosario.

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