La ciudad

Los cinco mejores lugares para tomar sol en primavera en Rosario

Con los primeros calores, los rosarinos salen a disfrutar del aire libre. Las playas, los parques y los clubes de la ciudad se convierten en la pasarela donde hombes y mujeres tienen que volver a mostrar el cuerpo que ocultaron, pudorosamente, durante el crudo invierno. LaCapital.com.ar ofrece un catálogo de los mejores lugares para asolearse en Rosario.

Miércoles 02 de Noviembre de 2011

Con la primavera llega el calor, los paseos al aire libre y la exigencia, riesgosísima, de tener que quitarse la remera en público. De sólo pensarlo, de solo comprobar ante el espejo el color blanquecino de la piel, es inevitable sentir un escozor que corre por la espalda.  ¿Adónde fue a parar el color dorado que hacía furor en La Florida cada vez que, orgullosamente, dejabamos el torso al descubierto? Desapareció a lo largo del crudo iniverno. Ahora hay que remontar la situación y volver a la reposera y al sol. LaCapital.com.ar, a modo de guía práctica para los lectores, relevó los cinco mejores lugares para asolearse en la ciudad.

1- Torre Aqualina: en el piso 39, casi acariciando el cielo, está el solárium, la única forma de llegar tan alto es de la mano de alguno de los privilegiados que, vaya uno a saber qué avatar del destino, han tenido la fortuna de ir a vivir al edificio más coqueto, más cool y mejor ubicado de la ciudad. Ahí, en una de las cómodas reposeras de almohadones blancos, con la vista perdida en el horizonte, que a esas alturas, con ese precio, llega hasta el infinito y más allá y también hasta las islas, con el rumor del jacuzzi ronroneándote al oído, uno se siente en el paraíso, aunque quizás esté en el infierno, el tan temido, el que no hay protector solar capaz de evitar. La hoguera de las vanidades.

2- Rambla Cataluña: acaso en verano, cuando el sol abrasa, cuando la playa se derrama hacia el río y la jarra loca y las pastillas se ponen heavy, cuando hace tanto calor que hasta las moscas sudan, acaso entonces no sea el mejor lugar, pero ahora, en primavera, cuando el frenesí que desata el calor es un recuerdo vago, una amenaza lejana, no hay un lugar mejor donde abrir la reposera o tirar una toalla en la arena para disfrutar de los rayos solares. Ahí, junto a las aguas que bajan mansas, marrones, se puede escuchar el silencio, disfrutar las curvas irresistibles de las chicas, las pioneras, que se animan a lucir su bikini último modelo ante la mirada atónita de los que todavía se abrigan los pies con medias altas y gruesas.

3- Quebradas del Saladillo: no todo tiempo pasado fue mejor, de eso no hay duda, pero en la zona sur, en el profundo sur, antes, cuando éramos chicos, cuando el futuro era sólo esperanzas, el arroyo era un torrente de aguas cristalinas donde los más atrevidos se animaban a zambullirse de cabeza a pesar de que las madres, los padres, las tías y las abuelas también no se cansaban de advertir que había que tener cuidado "por las toscas", y en su ribera había playa, paraísos y gente que dormía al sol despreocupadamente. Hoy no es así, los tiempos han cambiado, el Saladillo también, no da para nadar en sus aguas turbias y menos para hacerse un sueñito, porque te podés quedar sin la malla. Eso sí, con los ojos bien abiertos es un gran lugar, agreste, salvaje, con el mejor sol del planeta.

4- Parques de la costa: no importa cómo se llamen, Sunchales, de Colectividades, España, Urquiza o Alem, allá lejos, en el norte, que también existe, ahí, entre sus callecitas laberínticas, escondidos entre los árboles, que tienen nombres raros y copas frondosas o incipientes, hay pequeños oasis donde la luz del sol, su tibieza amiga, llega como una bendición. Ese es el mejor lugar donde quitarse la remera, en el caso de los hombres, y sacar a la luz la bikini, las mujeres, para disfrutar del astro rey. Una recomendación: jamás hacerlo durante el fin de semana, porque se logrará el tan ansiado "tostado caribeño" que se sueña, pero también se sufrirán los efectos colaterales de la invasión ciudadana que, en busca de aire libre, puebla hasta el último rincón de los parques.

5- El patio de casa: hay que aguantar al gato, que se te acurruca en los pies aunque haga 50 grados de sensación térmica, o al perro, que le da vueltas a la reposera a la velocidad de crucero de una calesita y moviendo la cola con tantas ganas que, cuando pasa al lado de tu cabeza, te pega en la cara como un latigazo. Hay que aguantar a la vieja, si sos soltero, que te habla desde la cocina de temas tan candentes como los juanetes de la tía Julia o el asalto a la verdulería de la otra cuadra, que fue el mes pasado pero que ella lo cuenta como si fuera una primicia de Crónica TV. Hay que aguantar a la señora, si sos casado, que quiere que arregles el cuerito de la canilla del baño, ya que "estás ahí, tirado, sin hacer nada". Hay que aguantar, pero no hay mejor lugar para tomar sol que el hogar, dulce hogar.

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