La ciudad

Los cambios que experimentaron los chicos con el cannabis

Desde dejar de depender de un andador y caminar por sí mismos hasta la maravillosa experiencia de que se les dibuje una sonrisa en sus rostros.

Domingo 02 de Septiembre de 2018

Fiama nació en abril de 2011. Pesó 800 gramos menos que su hermana gemela y a los cinco meses sus papás comenzaron a notar que la pequeña "no avanzaba como la hermana, no lograba mantener la cabecita y se le iban los ojos para atrás. Hasta los 6 meses lloraba todo el día y de noche dormía", cuenta su mamá, Analía.

Allí comenzó el trajín por médicos que se extendió casi cinco años sin hallar un diagnóstico. Hasta que le dijeron que su hija tenía parálisis cerebral y le recetaron un fármaco que "como venía avanzando sola, sin medicación, la doctora estuvo de acuerdo en mantenerla sólo con tratamientos de estimulación con los que logró comer sola, caminar con ayuda del andador, mantenerse más tiempo erguida, hacerse entender por medio de señas. Todo esto durante 7 años sin medicaciones".

Hace un año, cuando fue a renovar el certificado de discapacidad de su hija, Analía escuchó hablar del aceite de cannabis. Y, no sin temor, comenzó a dárselo a la niña. Al tercer día de usarlo, recuerda, "Fiama largó el andador, dio sus primeros pasos, en la escuela camina del brazo con las compañeras. La maestra dice que notó que Fiama comenzó a detenerse a observar y tocar letras del abecedario que están en la pared; siempre estuvieron, pero ella antes pasaba de largo. Antes decía una sola palabra, ahora dice 2 o 3, cambiaron sus intereses, sus movimientos, incluso la motricidad fina", relata Analía y destaca que el camino emprendido para que la Justicia avale el autocultivo es "para la mejoría de mi hija, para su medicina. Es luchar por Fiama y por todos los chicos que vienen atrás, tengo fuerza por ella y por los demás también; como las otras mamás".

La nena que empezó a reír

Natalia tiene encefalopatía crónica progresiva. Empezó a convulsionar a los 19 años y su estado se fue agravando. "Tuvo muchas convulsiones seguidas, muchas caídas, porque ella se levantaba y caminaba sola y le agarraba una convulsión; se caía", recuerda su mamá, Susana.

   Hace nueve meses, una amiga le dijo que tenía la posibilidad de conseguir aceite de cannabis. "Le dije que me lo traiga porque no podía ver a mi hija todo el día sentada en una silla, babeándose, a veces lúcida y a veces no, a raíz de los medicamentos".

   Entonces empezó a tomar una gota a la mañana, tarde y noche. Y su mamá empezó a notar pequeñas mejorías que la empujaron a peripecias para seguir consiguiendo el cannabis para su hija. "Ahora está lúcida, habla, mira televisión, no se anima a caminar sola todavía, pero tiene fuerza y se levanta con ayuda, come mejor, descansa. Disfruta todo lo que antes no podía hacer porque estaba ausente. Se ríe, antes no se reía, cambió totalmente. Este adelanto es maravilloso, es una bendición, estamos felices".


¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario