La ciudad

Los barrios periféricos fueron escenario de la rapiña de varios grupos violentos

Pasando los bulevares 27 de Febrero y Avellaneda abundaron los robos, disparos y locales cerrados por temor a ser saqueados. Empalme Graneros fue un infierno.

Sábado 22 de Diciembre de 2012

El 21 de diciembre fue un día confuso. Si la ciudad es una suma de geografías, la tarde de ayer fue una mezcla de realidades. En los barrios periféricos, pasando el bulevar 27 de Febrero o más allá de bulevar Avellaneda, los negocios estaban cerrados o bien los comerciantes los blindaban con chapones de acero y volquetes en los accesos. En la zona sur a las cinco de la tarde se sucedían los robos a supermercados chinos y distribuidoras, lo mismo en el oeste y en el noroeste. En el centro, Rosario era una fiesta.

   El paisaje cambiaba apenas se llegaba a Necochea y 27 de Febrero, el Carrefour cerró sus puertas a las 17. En Ayacucho al 6400 decenas de chicos y familias robaban una distribuidora. “Los pibes no están armados, esperan y cuando ven que la policía no está, se mandan. Ayer fue peor, venían en camionetas y se llevaban todo”, contó una chica de no más de 20 años sentada en la vidriera de un negocio en la esquina de Marco Polo y Ayacucho.

   “La gente no tiene hambre, si no, no se robarían las heladeras y la bebida. Pero igual la cosa está mal”, dijo Maxi, el dueño de una forrajería. Puertas adentro de su comercio, vecinos del barrio con bolsones sacados de la distribuidora esperaban que la policía abandonara el lugar. En el aire sonaban las estampidas de las balas de goma policiales.

   Una mujer atravesó la calle a bordo de una motito: “Pará gordo”, le dijo a quien manejaba. Se bajó, a pocos metros de ella la policía disparaba a mansalva. Se agachó y recogió un paquete con diez espirales. Se fue contenta.

   En avenida Provincias Unidas al 2400 el paisaje no es mejor. Los comerciantes aguardan a los delincuentes y cuentan que “temprano pasaron unos pibes en motitos, te intimidan. Anoche, —por el miércoles— se juntaron en la vereda de enfrente y empezaron a tirar piedras. Llamamos a la policía y vinieron, pero no sabemos si las patrullas van a volver. Por eso ahora ganamos las alturas”, dijeron. Se piensa en paraísos cuando se habla de alturas, no en terrazas con una infinita cantidad de botellas, nafta y “algún arma chica”, según admitió Javier, empleado del súper cuidado por sus propios trabajadores.

   Los súper chinos no venden electrodomésticos. En estas barriadas no se vio a los hombres cargando plasmas ni equipos musicales. “Se roban alcohol. No es hambre, es robo. Alguien está organizando todo esto y se esta aprovechando de la situación”, dijo Paola, una comerciante de Empalme Graneros.

   En este barrio de zona noroeste se vivieron momentos infernales. En el súper de Teniente Agnetta y Juan José Paso unas 50 personas arremetieron contra el galpón en que funciona otro súper chino. En un momento unos 30 efectivos armados con Itacas repelieron a los manifestantes, quienes les tiraban piedras, botellas y balas “Un gordo de bermuda roja andaba con dos 9 milímetro en la cintura”, contó Valeria, una vecina.

   En Magallanes y Paso dos comerciantes estaban armados con escopetas de caza mayor. “Nos cuidamos entre nosotros, para esta noche ya estamos preparados”, dijeron como avezados comisarios de pueblo.

   La tarde de ayer cayó a pique sobre Rosario y muchos comerciantes se prepararon para una nueva vigilia para cuidar lo poco o mucho que tienen y que al menos en la tarde del 21 no vendieron.

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