La ciudad

Los adultos les contaron a los chicos cómo es ser grande

“Vos me preguntabas cómo es ser grande. Y yo estuve pensando en eso y me di cuenta de que no es una pregunta fácil de responder”, empezó a contestarle Tere a uno de los nenes que el 20 de noviembre pasado escribió una carta para contar, a su vez, cómo es ser chico hoy en Rosario. El intercambio...

Lunes 21 de Enero de 2008

“Vos me preguntabas cómo es ser grande. Y yo estuve pensando en eso y me di cuenta de que no es una pregunta fácil de responder”, empezó a contestarle Tere a uno de los nenes que el 20 de noviembre pasado escribió una carta para contar, a su vez, cómo es ser chico hoy en Rosario. El intercambio, básicamente anónimo porque sus autores sólo se conocieron a través de estos mensajes, nació de “Así soy yo”, una actividad organizada por el Area de la Niñez municipal para celebrar por entonces el Mes de la Infancia.
  Esta nota no tendría razón de ser si no reprodujera buena parte de las respuestas que los grandes ensayaron, muchas veces con más preguntas que las que estaban dispuestas a asomar en sus palabras.
  “Pensaba que cuando sos grande tenés independencia, tenés opciones y podés elegir. Pero, claro, tenés más independencia si tenés un trabajo que te permita vivir dignamente porque si no, aunque seas grande, a veces no se puede elegir”, continuó Tere.   La diferente capacidad de opción entre chicos y grandes fue todo un tema en la carta de Tere, quien terminó recordando que, más allá de tener empleo, al menos siempre se puede elegir a los amigos y seres queridos, y las formas de demostrarles amor.

Su consejo fue no apurarse a crecer. “Que todo en la vida llega a su debido tiempo”, una sabia recomendación que —recordó— supo darle cuando niña su abuela.
  Y hablando de eso, hubo también cartas para responder a los chicos escritas por abuelos, ya entrenados en la mágica recuperación de la infancia a través de sus nietos.
  “Tu hermosa carta vino a caer en manos de un septuagenario, un abuelo de siete nietos que, no obstante, trata de mantenerse activo”, respondió Aníbal, quien le aseguró al autor de su mensaje que jugar es una “necesidad para crecer” y un derecho de los chicos, “del que, lamentablemente, hay muchos niños que no gozan”.
  Además de rescatar a la imaginación y el juego, buena parte de las cartas de los adultos le sacaron lustre a la escuela.
  “Nunca la abandones porque te hará fuerte y libre”, dijo también Aníbal; “Aprendé a leer y nunca dejés de hacerlo porque de ese modo te sentirás acompañado”, aconsejó por su parte Clara.
  “La escuela te hace libre, libre para decidir tu vida, libre porque conocés tus derechos y obligaciones, libre para pensar (...) y para un montón de cosas más que vos tendrás que descubrir. Charlalo con tus papis y con la seño”, aconsejó Claudia.
  En cuanto a revelarles a los chicos cómo es ser grande, la mayoría hizo eje en que la edad aumenta las responsabilidades. Por ejemplo, que implica trabajar, “cuidar y querer” a la familia, “darle para adelante” y “cumplir muchos años”.
  Cecilia, incluso, recordó que “la gente grande también lleva su niño adentro” y aconsejó al pequeño destinatario de su carta a no perderlo y “cuidarlo bien”.
  Entre los autores adultos de las cartas hubo deportistas, empleados, estudiantes, amas de casa y jubilados, que fueron en busca de los mensajes escritos primero por los chicos para contestarles.
  Desde el Area de la Niñez, la actividad fue pensada como una forma de tender un puente entre chicos y grandes. El eje fue dar valor a la palabra de los primeros para prevenir que se vulneren sus derechos e invitar a los adultos a “recuperar la idea de fragilidad de la infancia”.
  Una fragilidad que a menudo desdibuja la realidad social obligando demasiado pronto a los más chiquitos a asumir responsabilidades de adultos para las que jamás podrán —ni deberían— estar preparados.

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