La ciudad

Llevan una semana de corte exigiendo salario social complementario

Más de 30 centros comunitarios reclaman frente a la Gerencia de Empleo de la Nación. Vecinos juntan firmas para que se levante la protesta

Martes 18 de Septiembre de 2018

Los referentes de unos 36 centros comunitarios de los barrios más humildes de la ciudad mantienen desde hace una semana un corte frente al local de la Gerencia de Empleo de la Nación, en Mitre al 2100, exigiendo ser incluidos dentro del salario social complementario. Según destacaron los manifestantes, recién ayer un funcionario de la cartera de Trabajo los atendió para recibir el reclamo. Mientras tanto, los vecinos de Mitre y Cerrito empezaron a juntar firmas para que se levante la protesta.


El salario social complementario fue lanzado hace un año por el ahora Ministerio de Salud y Desarrollo Social de la Nación, a cargo Carolina Stanley. El programa se proyectó en el marco de la ley de emergencia social con el objetivo de asistir a los sectores más vulnerables. Actualmente, sus beneficiarios reciben 5.600 pesos, equivale a la mitad del sueldo mínimo vital y móvil.

Según denunciaban ayer los manifestantes que participaban de la protesta, en febrero pasado las autoridades de Desarrollo Social les habían prometido traspasar al salario social a los beneficiarios de otro programa social, Jóvenes por Más y Mejor Trabajo. Sin embargo, hasta ahora "sólo beneficiaron a organizaciones que tienen representatividad a nivel nacional, como Barrios de Pie y la Corriente Clasista y Combativa (CCC)", advirtieron.

No se trata sólo de un cambio de nombres. Los montos de los planes de Trabajo son de 1.800 pesos por mes, tres veces menos.

Por eso, referentes de 36 centros comunitarios de barrios populares como Tablada, Las Flores, Empalme y Moderno, o asentamientos como La Patito y La Cariñosa, montaron el acampe que ayer cumplió una semana y prometen profundizar extendiéndolo a las delegaciones de Ansés y del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, en pleno microcentro.

"Hay hambre"

Claudia es una de las mujeres que ayer se pasó toda la mañana sentada en la esquina de Mitre y Cerrito. "Recién hoy (por ayer) logramos que nos recibiera un funcionario de la Gerencia de Empleo, a quien tuvimos que explicarle que en los barrios hay hambre", se quejaba la referente de un templo evangélico de barrio Las Flores.

"Todos los días nos vienen a golpear la puerta, a la una, a las dos o las tres de la mañana, para pedirnos un kilo de harina o un litro de leche, porque las familias no tienen para comer", señalaba.

A su lado, otra referente de un centro comunitario del mismo barrio advertía que "son las organizaciones de base las que contienen a los barrios que se quieren levantar" y vinculaba la falta de planes sociales "a las internas propias" de Unión Pro ("entre la gente de Anita, de Mastrocola y de Roy", apuntaba).

Las dos mujeres remarcaban que "en una reunión en Buenos Aires habían prometido la llegada a Rosario de 3.600 programas de salario social, pero hasta ahora no apareció ninguno".

Más allá de estos pormenores, lo prolongado del corte frente a la Gerencia de Empleo caldea los ánimos de quienes viven y trabajan en la zona de Mitre al 2100, que ya empezaron a juntar firmas para que se cumplan las gestiones necesarias para que se levante la protesta.

Pidiendo no ser identificados, los dueños de los comercios de la zona señalan que no existen problemas de convivencia con los manifestantes, pero sí mucha disconformidad con el corte de calle, que desalienta clientes y obliga al desvío del transporte público.

"Desde hace una semana no entra nadie", se quejaba la dueña de un kiosco y advertía que en los últimos años "hay un corte por mes" frente a las oficinas que dependen del ex Ministerio de Trabajo de la Nación. La misma queja se escucha de un mecánico de la zona, que desde hace siete días no recibe ningún auto, o en una pizzería donde ya "no se acerca nadie".

Por esto, un grupo de vecinos comenzó a reclamar que se levante la protesta. "No es en contra de esta gente, todos la estamos pasando mal, pero acá abrimos todos los días a las 6.15 de la mañana y no podemos vender ni un café", concluyó la moza de un bar, sintetizando el ánimo del barrio.

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