La ciudad

Lecturas públicas copan distintos espacios de la ciudad

Sesiones nocturnas es un proyecto liderado por Agustín González y Ana Taleb, en el que literatura, artes escénicas y música se cruzan con sitios poco explorados de la ciudad

Sábado 23 de Junio de 2018

Durante el 2016 Agustín González (escritor, psicólogo y jardinero rosarino) realizó en su casa un ciclo de veladas literarias en el que se leía en voz alta a variados autores signados por alguna de las formas de la nocturnidad: es decir la melancolía, el crimen, el terror, la locura, la extrañeza, el misterio, el paisaje. La cita era una vez por mes, los sábados a las 23.30; la lectura comenzaba a la medianoche. Ana Taleb (productora multimedia de extensa trayectoria) asistió a esas veladas y ambos acordaron armar un dúo. Entendían que valía la pena sostener la propuesta y llevarla a cierto recorrido por Rosario, sumando, así, un público más amplio. En ese momento decidieron conformar el grupo Sesiones nocturnas.

Hay vastas experiencias en las que lectura y ciudad conforman un tándem literario. Dan cuenta de esa tradición El paseo de Robert Walser, en el que a través de sus ejercicios literarios se extendía a la calle sumando paseantes y resignificando la trama urbana, o el precioso ejemplo de Rosario ilustrada (EMR Editora). Y en referencia a la obra publicada por Agustín González la ciudad se cuela en sus investigaciones y textos como se evidencia en La novela histórica de Corazón y El libro de cuentos de Corazón (ambas de Ediciones Danke).

También se podría pensar en la nocturnidad de un cuadro de Martín Malharro, la nocturnidad de los barrios de carbonilla de Julio Vanzo, la nocturnidad en las fotos de Norberto Puzzolo en el Bar Iberia, para ajustar cierto repertorio de nuestra cercana geografía.

Entre los objetivos concretos que se trazaron González y Taleb, más allá de aumentar la "audiencia", aparece la difusión de la literatura argentina y rioplatense para generar así ámbitos de lectura colectiva y dar a conocer distintos espacios de la ciudad, definiendo un nueva senda en los tantísimos repertorios culturales que los autores van creando y resignificando.

Cabría pensar que podría tratarse de una línea estratégica específica de la Cerlac (Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe) o la Unesco, cruzar grillas de lectura con voces autorales en el ejido urbano, pero en este caso la política cultural se define en la intimidad de una idea sensible, de una acción determinada.

Cada artista detalla una nueva ciudad con su práctica profesional, un modo de propiciar espacios de trabajo y producción que habitualmente no circulan por las programaciones institucionales y que se generan desde la resolución de la escala autoral.

La entrevista con La Capital sucede en la Casa Fracassi, al rescoldo de los preciosos frisos de Guido. Allí han organizado una escena cozy en la que cuentos y poemas de Juan Rodolfo Wilcock y la música Jimena López Zaric (clarinetista) bañaran de noche a cada uno de los asistentes. La paleta de los "ornamentos de la casa" así como los "ornamentos interiores" en las pinturas de Alfredo Guido favorecerán la reverberación propia de las maderas, los géneros, la taracea y las superficies blandas. Ingresar al edificio por calle San Luis que proyectó Angel Guido, hermano de Alfredo, se vuelve toda una reflexión. En San Luis y Corrientes se ofrece una esquina a la oportunidad que habría que consolidar y defender en nuestra memoria patrimonial comunitaria.

Disciplina, conocimiento de una biblioteca diversa, agudeza en la selección y entrenamiento exhaustivo puntualizan el trabajo comprometido del equipo de Sesiones nocturnas. Surge la voz de los escritores a través de la lectura perfomática de Agustín González, aparece la transmisión de él en sus talleres de escritura y se vuelve médium.

A lo largo de la entrevista tanto González como Taleb ponen manos a la obra para organizar el clima total de la escena, mientras las palabras definen lo que podría llamarse un proyecto novedoso a dúo para la vida literaria de la ciudad, pero que cuenta con ciertos precedentes en los ámbitos experimentales y autogestivos, y se posiciona muy lejos de los records de públicos concurrentes a eventos literarios masificados y con indicadores relativos de gestión eficiente.

La elección de los autores a leer es la del territorio de la lengua en el Río de la Plata, misturas, definiciones de empalmes en las traducciones y rasgos identitarios conforman esta práctica discursiva.

Por delante tienen planeada la lectura de Los treinta dineros, de Rosa Wernicke en el Museo Castagnino (ver aparte), sesión que podrá transcurrir a los pies de las pinturas de Vanzo (pareja de la escritora) y del precioso piano de la sala central de dicho organismo.

Agustín González piensa no sólo en la luz sino en la temperatura y es así que ha planificado la lectura de Horacio Quiroga en verano, en notable referencia a los cuentos subtropicales del cuentista; dando cuenta del sopor misionero.

También adelantan un sistema, cierta afinidad estética, una ecuación entre el autor de los textos vociferados, el espacio a intervenir, la noche, la obra musical, la voz de Agustín, la eficacia de Ana y el público atento a las alternativas ocultas en este tipo de proyectos.


—¿Podrían definir cómo trabajan y los procedimientos de producción de las Sesiones Nocturnas?

—Ana Taleb: El esquema de producción es flexible y móvil: desde la transmisión y la literatura sin forzar ninguna situación. A fines del 2017 planificamos un cronograma anual pensando autores y autoras, instrumentos y músicos, así como espacios públicos y privados de la ciudad. Por ejemplo, la primera lectura fue en febrero, con un clima que acompañó la idea de picnic para escuchar cuentos de Horario Quiroga a orillas del laguito del Parque Independencia, con acompañamiento de Fermín Suárez en contrabajo (que es un instrumento de madera, emparentado con los árboles y el monte), definiendo un paisaje montaraz en medio de la ciudad. Walsh fue el siguiente autor recreado y la decisión nos llevó a solicitar el Patio Cívico de la actual sede de Gobernación de la Provincia de Santa Fe, que fue trágico escenario durante la última dictadura cívica militar. La lectura sucedió en una fecha cercana al 24 de marzo (Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia). El músico que acompañó la lectura fue Milton Méndez, quién ejecutó un trombón, instrumento grave, de metal, asociado a signos marciales. Por las condiciones edilicias del Patio Cívico la narración de Walsh, sobre los fusilamientos de Operación Masacre, retumbó y se replicó en el espacio. De todos modos, nos permitimos la posibilidad de que los contenidos de nuestra programación sean móviles y afronten vicisitudes y transformaciones. Por tal motivo armamos la sesión mes a mes, algunas las coordinamos con anterioridad por la particularidad del espacio, pero sobre todo buscamos que avancen una a una, que estén en sintonía con lo que pasa, emparentando lo literario, lo musical, lo ambiental con el clima epocal.


—¿Consideran que en la lectura en voz alta, compartida y distribuida en comunidad, hay ejercicios de intercambio de conocimiento?

—Agustín González: Leer en voz alta, leer para otro, es una actividad con historia. En la antigüedad no eran muchas las personas que sabían leer, por lo que eran frecuentes las lecturas en voz alta, integrando a la comunidad. Sería una exageración decir que eran lecturas públicas, porque se trataba más bien de una actividad monacal. Había un lector que sabía leer pero que no necesariamente sabía escribir. También había copistas que sabían escribir pero que no necesariamente sabían leer. Eso que transcurrió en el pasado de la humanidad también se manifiesta en un pasado individual, cuando siendo niños aprendemos a leer en la voz de un adulto. Quiero decir con esto que la dimensión de la voz en el texto es fundamental al texto, es un hecho totalmente distinto de la lectura silenciosa, individual e íntima.


—¿Pero las Sesiones Nocturnas sí tienen cierto carácter público?

—González: Las Sesiones nocturnas son veladas literarias mensuales en torno a un autor signado por la nocturnidad. Tienen como antecedente más claro las tertulias literarias del siglo XVII y XVIII cuya finalidad, entre otras, era la reunión para el disfrute de la lectura. Pero aún así, las tertulias literarias de siglos pasados eran a puertas cerradas. Las Sesiones nocturnas se diferencian de ellas por su carácter público. Ocurren en el espacio público y suelen abrir las puertas de lugares poco visitados habitualmente, como la Casa Fracassi, por ejemplo. Las reuniones comienzan al anochecer y constan de tres partes: una breve presentación de la vida y obra del escritor elegido, una pieza o improvisación musical y la lectura propiamente dicha. El señalamiento de los espacios públicos implica descubrir o redescubrir otra ciudad; es decir, el espacio vital de la comunidad que se convierte en escenario para la lectura. En este sentido, sí, las Sesiones nocturnas se emparentan con todo intento de la literatura por conectarse con la vida cotidiana y nuevas comunidades.


—¿Qué hay de la luz, de la música, de los astros al momento de componer una sesión nocturna en el espacio público? ¿Cómo definen la noche, el escenario, el manto, el paisaje cultural y el trabajo?

—Taleb: La idea es trabajar muy sutilmente sobre el espacio elegido y no intervenirlo. No ponemos luminarias extras en ningún espacio. Trabajamos con las luces de cada lugar y la disposición de Agustín con los libros y su cuaderno de notas, por dónde aparecerá el músico. En general la lectura es en semipenumbra; la luz necesaria para que Agustín pueda leer. Con respecto a la música se piensa en el instrumento y se trabaja en algunos ensayos previos la intervención que el músico desea tener. Llevamos nuestro equipo de sonido. Es fundamental que la lectura se escuche clara, buscamos que el sonido esté impecable y creo que lo venimos logrando. Los astros siempre nos han acompañado por ahora y esperamos que siga siendo así.


—¿Cómo eligen los autores para los repertorios de lectura? ¿Qué respuesta hay del público?

—González: Hay una selección que tiene que ver con la lengua en la que fue escrito el texto, que es nuestro español de la cuenca del Río de la Plata. Es una selección geográfica; sin delimitación de países. Existe una gran diferencia entre leer un texto en su idioma original o leer una traducción, el valor de la lectura en voz alta y cómo se define una voz. También podría decir que es la noche quien selecciona a los autores, no yo. Es la noche que se ciñó sobre sus vidas o que se reveló en sus obras, las distintas formas de la nocturnidad así como en la pintura o los cuentos de Poe, o el cine. La respuesta es muy variada y siempre positiva. Casualmente después de la Sesión nocturna de Pizarnik recibí mensajes ciertamente amorosos, en relación al encuentro, al modo de compartir los textos. Así mismo, cada sesión tiene su público, familias veraniegas en Quiroga, público propio de la temática en Walsh, mujeres, muchas mujeres en la sesión de Pizarnik.


—¿El proyecto es de carácter colaborativo, en su modo de gestión, es un trabajo?¿Desean que se sostenga en el tiempo?

—González: Sí, es de carácter colaborativo en todas sus aristas. Nos gusta su espíritu de puertas abiertas, libre, gratuito, público y azul. Mientras sea que dure hasta que se acabe la noche; y por supuesto nuestra disciplina y compromiso le dan planificación y cierto carácter profesional. Es un trabajo.

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