Dia del Padre

Las nuevas paternidades acompañan a las nuevas masculinidades

Un hombre que tuvo 4 hijos en distintos momentos de su vida, un adolescente-padre y un psicólogo hablan de los cambios de este rol

Domingo 20 de Junio de 2021

Gustavo, sociólogo, fue padre por primera vez a los 26 años y por última vez cuando tenía 49. Gastón, empleado, se enteró que iba a ser papá hace pocas semanas cuando aún tenía 17 y por ahora muestra la imagen de la ecografía de su hija que nacerá en cuatro meses. E Ignacio, psicólogo que trabaja con varones judicializados por violencia de género en la secretaria de Género y Derechos Humanos de la Municipalidad y en el Instituto de Masculinidades y Cambio Social, debutó en la paternidad hace tres años. Los tres le cuentan a La Capital que la relación con sus propios padres fue más distante que la que ellos encarnaron o desean tener.

Y justamente una sensibilidad más próxima es solo uno de los cambios que lograron estos tres padres. Dos hombres y un joven que son una pequeñísima muestra de cómo socialmente las paternidades se han ido involucrando más en la crianza, en lo doméstico y también se animaron a demostrar y expresar más el cariño hacia sus hijos al compás de las nuevas masculinidades.

Nuevos aires para un rol que se quiere cambiar también en materia legal: hoy se lanza nada menos que la Campaña Paternar con el objetivo de ampliar la licencia por partenidad, actualmente solo de dos días, de manera de transformar la acción de los varones en las tareas de cuidado y avanzar hacia mayores niveles de corresponsabilidad e igualdad. Un proyecto impulsa que las licencias sean de un mes y obligatorias.

De presentes a responsables

Una mañana fría de esta semana La Capital encuentra a Ignacio Rodríguez preparándole el desayuno a Aimé, su hijita de 3 años, que aún remolonea en la cama. Entonces para poder sostener esta charla, acordará con ella que por un rato podrá ver Paka Paka.

Ignacio como parte de su trabajo en el Instituto da charlas ahora virtuales en colegios sobre nuevas masculinidades y dialoga permanentemente con varones que han amenazado a sus parejas o han violado la orden judicial de restricción al acercamiento a sus familias. Sí, a la familia: no solo a las mujeres sino a sus hijos. Y sobre esto hará la salvedad de que cuando analiza las paternidades lo hace "siempre en términos generales", aunque no puede generalizar.

"Aunque los niños y adolescentes hayan sido solo observadores no participantes, cuando hay violencia en el hogar viven también una escena traumática", señala como primer dato sobre las relaciones entre padres e hijos, lejos de ser siempre un lecho de rosas.

Dice Ignacio también que si algo ha cambiado notoriamente con los años es la valoración de la paternidad en términos de presencia. "Antes se marcaba si el padre estaba ausente o presente porque el padre como proveedor salía a trabajar y no compartía la cotidianidad. Pero sociológicamente se comprobó que no siempre la 'presencia' garantiza una buena paternidad: a veces la mujer y los chicos desean que un padre violento o abusador más bien no esté. Ahora el eje se pone más bien en la 'paternidad responsable', entendiendo que ya la paternidad es de por sí una responsabilidad, una mutualidad en la crianza y en las tareas domésticas, funciones desniveladas que visibilizó el movimiento feminista".

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Para este psicólogo, interrogar la masculinidad que se hereda ayuda a darse cuenta que "no hay modelos, que hay distintas formas de habitar la masculinidad y por ende la paternidad, es pensar que no queremos vivir como cuando fuimos hijos e intentar hacerlo distinto con los nuestros".

Deconstrucción es la palabra que suena como un eco, implícita o explícitamente en cada relato de estos nuevos padres. Ignacio la expresa al referirse a la restricción emocional de los padres de otras épocas. "Cuando te decían 'no llores, eso es de nenas o maricones', se limitaba el cariño, hay que hacer como decía el psicólogo Fernando Ulloa una especie de política de la ternura, algo estructurante para los sujetos".

"Vas a ver cuando venga tu padre"

Quien haya sido hijo o hija de familias de clase media hace un puñado de décadas seguramente escuchó alguna vez la frase materna "ahora vas a ver cuando venga tu padre". Ignacio dice que antes esos eran roles bien prototípicos ."La madre era la denunciante y quien supuestamente ejecutaba el castigo era el padre".

Aunque finalmente la pena no se aplicara, dice Gustavo Mainardi, padre de Ignacio y Florencia, dos treintañeros que ya lo hicieron abuelo; también papá de Andrés, de 24 años, y de Mateo, aún en la primaria.

Dia del Padre

"Mi papá solo decía '¡háganle caso a su mamá!' y tenía un compromiso nulo con la crianza: nunca revisaba un cuaderno y era poco desmostrativo, pero no violento, al punto que una vez cuando lo vi muy enfermo, antes de morir, lo cité en un bar, le dije cuánto lo quería y no pudo responderme, no me pudo decir algo parecido a 'yo también', quedó como desubicado ante mi confesión", recuerda Gustavo.

En su casa, cuenta, había una estructura bien machista donde el padre de Gustavo era el que trabajaba y traía la plata. "Éramos dos hermanos, vivíamos con mi madre y una abuela. Nunca nos cocinamos ni lavamos nada: salvo el auto y porque mi papá nos daba unos pesos. Recuerdo que una vez fui de vacaciones a lo de mis primos que como eran muchos se hacían la cama. Comencé a hacérmela con ellos y al volver a casa seguí con el rito. Mi abuela se extrañó:'¿Qué, Gustavo no durmió acá anoche?', preguntó".

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El en cambio reconoce que si bien no tenía idea qué era ser padre cuando nació su primer hijo, no quería ser lejano en los afectos como lo había sido su papá. Cree que lo logró.

"Yo cambié pañales, hacía mamaderas, iba al médico con los chicos, no a las reuniones de padres, pero intenté estar presente, fui más cariñoso y pude charlar de cosas íntimas con mis hijos. Mi papá solo me preguntó a los 13 años si yo había debutado sexualmente, creo que porque temía a la homosexualidad. Con mis hijos, con todos, tuve y tengo más diálogo y me abrí más a cuestiones de estos tiempos como la diversidad sexual".

Diversidad sexual

El tema de la diversidad sexual tampoco se le presenta a Gastón Rivero como un problema a futuro con su hijita.

"Tengo una prima de mi edad, homosexual, y para mí eso no es un conflicto. Mi hijita será mi hija, de mi sangre, y se enamorará de quien pueda y mientras se lleven bien, ¿cuál es el problema? Además entre las cosas que ahora cambiaron está el derecho a poder casarse entre personas del mismo sexo", dice el jovencito, descendiente de una familia qom quien estuvo en pareja con Dafne por apenas 8 meses y se enteró que iba a ser papá siendo aún menor.

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El presente económico de la pareja, que proyecta terminar su secundario en una escuela nocturna tras el nacimiento de su hija, no era el mejor. Pero con ayuda de los abuelos y un trabajo en blanco de zanjeo que le consiguió su papá, las cosas parecen tomar forma para este jovencísimo papá.

"Ahora vivimos con mis suegros, pero con mi papá estamos levantando de a poco una casita en Nuevo Alberdi, al lado de donde vive él. Tenemos cunita para la bebé, algo de ropa y ahora que cuento con sueldo posiblemente el próximo mes le compremos el cochecito", dice Gastón quien muestra con chochera la ecografía sepia con el rostro de Jazmín Aymará quien nacerá en la Maternidad Martin, porque aún la familis no cuenta con obra social.

Gastón ama a su papá, dice que es un buen hombre, pero fue criado más de cerca por su mamá, una mujer criada a la vez con costumbres tradicionales.

En las familias qom el papá "taxaré" (se pronuncia "taaré") no se ocupa de los chicos ni del cuidado de los adultos mayores, esa es labor es de la madre o "cherá". Pero la urbanización de estas familias venidas del chaco y la necesidad cambió las cosas.

"Mi mamá siempre hizo de todo, no repitió las costumbres antiguas de su familia, si bien mantiene la lengua de sus ancestros. Yo no, así que mis padres son 'mamá' y 'papá' y así creo que me llamará también mi hija a quien criaré también de manera abierta con mi pareja: compartiendo las tareas, con respeto, charlando, sin diferencias de género porque sea nena, ¿quiere jugar al fútbol? ¡¿Que juegue! Eso sí su madre es de Central y yo de Newell's, veremos que elige ella", se ríe Gastón.

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Ser o no cobarde

Ignacio reconoce que al ser jovencito no le gustaba pelearse y defenderse a las piñas pero tenía dudas que eso le resultara poco varonil o cobarde a su papá. "Era mi concepto de masculinidad, ni siquiera sé si mi papá censuraba eso o no. Por eso es importante registrar esas cargas y ser permeable al cambio y transmitirlo", dice este psicólogo quien no le enseñó a su hija que el color rosa es de las nenas ni que deben jugar siempre a maternar, sin embargo cuando juegan la chiquita le da a él el papel de "señorita Lucía".

Papa Ignacio

"Me pone en el lugar de su maestra, de adulto, no le importa si cumplo o no con el género", se sonríe Ignacio quien afirma que "ser padre es una función social, no un estado" y en ese sentido cualquiera, mujer o varón, dice, puede ejercer el rol tanto en parejas heterosexuales, homosexuales o monoparentales.

"De todos modos sigo intentándolo –confiesa–, a veces mi pareja me dice que aún 'la carga mental' de cosas con nuestra hija como las vacunas o si ya quedó chico o no el pañal, sigue siendo de ella. Mi generación es bisagra o puente con respecto a lo doméstico y la crianza".

Gustavo también reconoce que sigue cambiando y asegura que no es para "nada" el mismo padre con Mateo, el menor de sus cuatro hijos, que con los tres primeros.

"Cuando tuve a los mayores yo también estaba en construcción, pensado qué quería hacer de la vida y no estaba deconstruido como creo que estoy ahora, tras estudiar a Dora Barrancos, tener una hija feminista y haber vivido con la mamá de Mateo, que también lo es. Con estas tres mujeres creo que aprendí mucho a cuestionar la masculinidad y la paternidad desde los intelectual y lo afectivo".

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Aunque, admite Gustavo, siempre quedan resabios de la la crianza machista de la que reniega.

"Mateo, que no me deja pasar una siendo tan pequeño siempre me pregunta: ¿Por qué cuando llamás a Ignacio o a Andrés les decís '¿qué hacés?' Y a Florencia le decís 'hooola Flooori, ¿cómo estas? Y bueno, seguimos aprendiendo pero sin dudas ser papá de mis hijos es lo mejor que me pasó en la vida".

Un sentimiento que comparte con Ignacio e ilusiona a Gastón, quien no ve la hora de acunar, cambiar y poder jugar a la pelota con la bebita a la que hace apenas días le vio la cara por primera vez desde una ecografía.

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