La ciudad

"Las leyes que regulan el trabajo sexual autónomo sólo benefician a los clientes"

Alicia Peressutti, fundadora de una ONG y asesora de la Academia de Ciencias del Vaticano, asegura que las víctimas de la trata de personas "están aún desprotegidas".

Domingo 05 de Abril de 2015

"Hace 18 años que trabajo con mujeres en situación de explotación sexual en Villa María (Córdoba). Mujeres que, de grandes, tuvieron la oportunidad de terminar la primaria, la secundaria y la universidad. Y sabemos que si una chica accede a esto no va a volver. No conozco a ninguna chica que haya podido estudiar y haya vuelto", advierte Alicia Peressutti. Docente, fundadora de una ONG que asiste a víctimas de trata, asesora de la Academia de Ciencias del Vaticano, esta mujer cordobesa de ojos azules y sonrisa amplia prefiere definirse como "feminista", "cristiana" e "hiperactiva". Quizás por eso se anima a decir cosas como que "se puede empapelar el país con las normas antitrata, pero sus víctimas están aún desprotegidas" o que "las leyes que regulan el trabajo sexual autónomo sólo benefician a los clientes". Y porque conoce el tema de cerca, desde el olor de los prostíbulos de pueblo y el dolor de las víctimas de explotación sexual.

Peressutti empezó a trabajar con las hermanas Adoratrices de Villa María en el rescate de mujeres en situación de trata en 1997, cuando la única herramienta legal para denunciar a sus proxenetas era la vieja ley Palacios. Y para acompañar y asistir a las víctimas creó la ONG Vínculos en Red, entidad que les garantiza alojamiento y capacitación en oficios.

Actualmente, la organización tiene también una radio propia, impulsa las diplomaturas en "Género y derechos humanos" y en "Trata de personas y vinculación con el narcotráfico" que, acreditadas por la Universidad Nacional de Villa María, se dictan en las ciudades de Río Tercero y Cruz del Eje. Y, "en algunos ratos libres", como le gusta decir, Peressutti escribió ocho novelas (entre ellas la trilogía "Buscando a Ana", "Días de esclavitud" y "Desde las sombras") donde cuenta las historias de mujeres sometidas a "la forma de explotación más antigua del mundo".

Desde el año pasado, esta mujer que se define como cristiana y feminista ("soy cristiana feminista, pero mis convicciones no tienen que ver con cuestiones moralistas ni religiosas", señala), fue designada como asesora de la Academia Pontificia de Ciencias del Vaticano, desde donde coordina el trabajo conjunto de organizaciones antitrata.

Con esas credenciales, Peressutti llegó a la ciudad hace más de quince días invitada por la Universidad Nacional de Rosario para participar de un panel sobre Trata de Personas que se desarrolló en la Facultad de Derecho. En su intervención destacó el avance legislativo de los últimos años, pero también advirtió sobre la carencia de programas específicos para asistir a las víctimas. "Se podría empapelar el país con normas, municipales, provinciales o nacionales, contra la trata. Pero de la ley nacional, todavía faltan reglamentar los artículos más importantes de la ley de trata, los que tienen que ver con la protección de las víctimas. Actualmente podemos perseguir el delito, pero conozco una mujer que fue rescatada cinco veces. Si no hay restitución de derechos el circuito no cambia, porque las mujeres no tienen a dónde ir", señala.

Mientras disertaba en la universidad, un grupo de mujeres de la Ammar (Asociación de Mujeres Meretrices de Argentina) se manifestaba frente a la Gobernación contra el cierre de un "privado" y reclamando una ley de trabajo sexual autónomo. Es un tema dilemático para las agrupaciones feministas. ¿Piensa que se puede considerar la prostitución como un trabajo?

—Creo que la defensa del trabajo sexual es una discusión que hay que llevar a otro ámbito. En realidad el tema es otro, lo que tenemos que discutir es el acceso real de las mujeres al trabajo. La mayoría de las mujeres que están en situación de prostitución provienen de sectores populares y, por lo general, han entrado muy jovencitas, a los 12, los 13 o los 15 años. Estamos hablando de menores que están ocultas hasta que llegan a la mayoría de edad. Entonces hay que preguntarse qué habría pasado si esas niñas hubieran tenido otra posibilidad de estudiar para ser maestras, médicas u otra profesión. ¿Hubieran elegido la prostitución? Si realmente pudieran elegir, yo más que nadie aceptaría o acepto que cada quien haga con su cuerpo lo que quiera. Pero si estamos hablando de niñas, no creo que sea una elección porque son niñas. Y si no tenés posibilidades también es otro tema. Porque las niñas tendrían que estar en la escuela, no en la calle, en una esquina o en un auto. Esto es un poco la situación que se da, por eso creo que hay que discutir el acceso de las mujeres al trabajo.

La demanda de una ley de trabajo sexual se apoya en tres argumentos: el acceso a los derechos reconocidos a los trabajadores, poner fin a la discriminación y la estigmatización y combatir la trata de personas y el proxenetismo...

—En realidad sólo puede pensarse una situación de derechos en un circuito VIP, que no es el sector que está reclamando que la prostitución sea considerada un trabajo. Esas mujeres o varones pueden elegir con quien, cómo, dónde y un montón de cosas que alguien que está encerrado en una casa o en una esquina no elige. ¿Qué vas a elegir si no tenés otra que subirte al primer auto que llega? En términos personales me voy a morir diciendo que la prostitución no es un trabajo, es una violación a los derechos humanos.

¿Por qué?

—Porque seamos honestos, el contrato de la prostitución es cuando alguien te paga para introducirte cualquier cosa por el ano, por la boca o por la vagina si sos mujer. Ese es el contrato de la prostitución. No digamos otra cosa. Aparte, el trabajo es universal, quiero saber si vos se lo vas a recomendar a tu hijo, tu hija, a tu hermano. Es cierto que hay otros trabajos insalubres, pero yo no estuve en la reglamentación de esos trabajos, sino también la estaría peleando. He peleado por muchas causas, no sólo por esta.

Desde hace más de diez años Uruguay tiene una ley que regula el trabajo sexual autónomo...

—Es cierto, en Uruguay fue reglamentada la prostitución. Yo analicé la legislación uruguaya. Puse de un lado los derechos que se reconocen y por otro lado las obligaciones. De acuerdo con la ley uruguaya, las mujeres tienen que tener libreta sanitaria, tienen que estar sanas; sus clientes no tienen que acreditar buena salud. Las mujeres pagan impuestos, no sus clientes. En cambio, entre otras cosas, no pueden acceder a paritarias. Y también habría que preguntarse: ¿Cambió la sociedad?, ¿Son menos putas socialmente?. Y tampoco podemos decir que la reglamentación de trabajo baja la trata porque, al contrario, las redes mafiosas siguen actuando. Entonces ¿a dónde están los derechos? En Uruguay yo encontré un montón de derechos para los clientes, para las mujeres ninguno.

¿Entendés que el más favorecido es el cliente?

—Sí, porque mientras nosotros como mujeres nos desangramos, lo que hacemos es proteger a ese varón, que es el gran beneficiado, el que se divierte y el que goza de un montón de privilegios y derechos que no existen sólo a costilla nuestra. Por eso no creo que la discusión sea si la prostitución es o no un trabajo, respeto a Ammar y creo que luchan por lo que creen... Pero mirá que astutos son los varones que permanecen ajenos a todo esto. En Suecia hay una ley que penaliza a los clientes con multas y distintos tipos de sanciones y además hay toda una planificación de políticas públicas para darle posibilidades a las mujeres que están en situación de prostitución o situación de trata. En este país no hay programas. Y siento que las mujeres estamos debatiendo cosas que no deberíamos debatir porque la discusión es otra, los derechos de las mujeres, el acceso al mundo del trabajo, a estudiar, porque reglamentando la prostitución, ¿el Estado no es está sacando o intentando sacar de encima una cuestión de responsabilidad de políticas publicas? ¿No será ese en realidad el tema?

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