La ciudad

Las historias en primera persona de rescatados y de espontáneos rescatistas

Dos albañiles, un dentista y un vecino, entre otros, no dudaron en meterse en el caos de polvo, gritos y fuego. Relatos de sobrevivientes tras la explosión en Salta 2141..

Miércoles 07 de Agosto de 2013

Ni a los que se metieron ayer sin dudar en el derrumbe de Salta al 2100 y rescataron a varias víctimas ni a los que salieron con vida de esa tragedia, ni siquiera a ellos, se los veía ayer aliviados ante la postal de humo, destrozos, sirenas, heridos y muertos. A poco de ocurrida la dramática explosión se conocieron algunas historias de rescatistas y rescatados: la de dos albañiles, un odontólogo y un vecino, que no titubearon en meterse entre la marea de gritos y escombros. También lograron hablar algunos de los que salieron enteros y aturdidos sin comprender del todo cómo contaban lo ocurrido.

Pero la espontaneidad no fue privativa de los que salvaron gente. Contagió a muchos que no dudaron en sacar las primeras imágenes fotográficas con sus celulares y cámaras, incluso antes de ponerse a salvo (ver aparte).

Gustavo Alpire, de barrio La Esperanza, y Carlos Godoy, del 7 de Septiembre, trabajan como albañiles en una construcción ubicada por calle Salta hacia el oeste, a media cuadra del edificio que estalló.

"Nosotros escuchamos el ruido, vimos cómo tembló todo y nos fuimos corriendo. Entramos y vimos un desastre: mucho humo, gente que agonizaba, gritaba, lloraba, una embarazada, un chiquito de unos 8 o 10 años que me pareció que ya no estaba vivo, y un hombre golpeado. Sacamos a tres personas con vida", dijo Gustavo, quien tras una hora de lo sucedido quería ofrecer su celular y no podía recordarlo. "Todavía estoy muy nervioso", explicó como si hiciera falta.

También a media cuadra, pero por bulevar Oroño, al lado del supermercado La Gallega hay un edificio de consultorios odontológicos. Desde allí, con su uniforme de bata celeste y zuecos plásticos blancos partió Miguel Troiano, con varios compañeros al lugar del hecho.

"Se acercó mucha gente solidaria. La explosión fue muy grande. Al ver a la gente bajo los escombros no pude no pensar en la Amia (Asociación Mutual Israelita Argentina, que sufrió un atentado en 1994)", dijo el profesional quien una hora después de lo ocurrido ofreció la terraza de su edificio para que cronistas y fotógrafos pudieran tener imágenes más fieles del desastre.

En el lugar indicado y en el momento justo, Cristian Perelló, un socorrista que vive a cuatro cuadras del siniestro, guardaba el auto cuando sintió el estallido. "Me metí por el edificio aledaño, escuché que alguien gritaba que había unos abuelos en el fondo, pero nunca llegué a ellos. En el camino me encontré con una pareja, el muchacho me pidió que ayude a la chica. La cargué y corrí con ella unos cuantos metros hasta una ambulancia. Sé que falleció. Estoy destruido: no tengo idea de cómo se llamaban ni ella ni su novio", se lamentó.

A Franco Jaritón lo bajaron los bomberos por escalera desde el 7º piso, con sólo un rasguño en el brazo. Dice que estaba entredormido cuando explotó todo y que al abrir los ojos ya no estaban las paredes de su dormitorio.

Se desplomó. Y el empleado de la casa de marcos de Salta 2171, Marcelo Marcer, con polvillo de pies a cabeza y una tristeza absoluta comentó que a él y a sus patrones se les desplomó el techo mientras trabajaban.

Aldo Guidotti, el dueño del comercio, salió con vida pero transido de dolor ya que su mujer, Adriana Mataloní, falleció bajo los escombros.

A segundos, la foto de un vecino

Daniel Rondine, tiene 28 años, estudia fotografía y vive en Catamarca 2126. Anteayer había puesto el despertador a las 9. No imaginó que no haría falta que sonara para que se despertara. Tras la explosión corrió al balcón con su cámara. Se sorprendió de sus propias fotos. La de una mujer aturdida sentada sobre una puerta y la de un padre con un bebé en los brazos pidiendo ayuda.

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