La ciudad

"Las feministas no quieren la fórmula del acoso, la seducción es otra cosa"

Dora Barrancos es militante feminista. Es investigadora, socióloga e historiadora. Además, integró el consejo directivo del Conicet hasta mayo. Ahora es candidata a senadora porteña por el Frente de Todos.

Domingo 14 de Julio de 2019

Dora Barrancos no deja de poner el cuerpo. Como militante histórica del movimiento feminista, lo puso en los intensos días del debate por la interrupción legal del embarazo en el Congreso Nacional, donde recalcó la urgencia de terminar con las muertes de mujeres por abortos clandestinos, pero ante todo defendió el “derecho al goce”. Lo puso en el directorio del Conicet, un espacio que integró hasta mayo como investigadora, socióloga e historiadora, y de donde se fue “por cuestiones morales” y ante el incumplimiento del actual gobierno de no poner en funciones a quienes habían sido designados para sucederla. Ahora, lo vuelve a poner el tema en el escenario electoral, donde en medio de la movida “Feministas a las listas” aceptó ser candidata a senadora porteña del Frente de Todos. Esta semana pasó por Rosario, dio un seminario y una entrevista abierta. No dejó de moverse. Celebró el encuentro con el público, sobre todo con las más jóvenes, en ese “tono alegre y optimista” que cree fundamental en las luchas, pero consideró que, “para sostenerlo, al movimiento le hace falta una alta cuota de sororidad”. Analizó el rol de los varones, “los resistentes, los azorados y los dispuestos a abdicar” a los privilegios del patriarcado, habló de “educar y de inculcar” y le dejó en claro a los varones que “las feministas no quieren las fórmulas del acoso y la brutalidad, y no el fin de la seducción, porque la seducción es otra cosa”. Para avanzar en ese sentido, fue mucho más allá de la Educación Sexual Integral (ESI) y aseguró que “es necesaria una deconstrucción total de la malla curricular en las escuelas”.

—¿Qué significa seguir hablando quizá las mismas cosas que hace 30 años, pero ante auditorios renovados?

—Es un estímulo muy vibrante. Tengo una sintonía particular con públicos, un movimiento empático. Creo que es un modo de ser mío. Históricamente me gustaba dar clases, que era otro estímulo hermoso.

—Hay en Santa Fe feminismos activos, pero también el fenómeno Amalia Granata.

—Hay un diferencial de ideas y de perspectivas, hay posiciones de clases y otras de cómo las mujeres se paran frente al patriarcado. Por eso, hay política, porque la política emerge del desacuerdo. Ahora Santa Fe es una provincia con un movimiento laico,un movimiento expresivo civilista y un movimiento de los derechos específicos de las mujeres; y que haya una cuenca adversa no sorprende, están ahí los votos antiderechos. Sobre la figura, no la conozco.

—Es una feminista optimista, ¿cuánto tiene de necesaria esa alegría en la resistencia?

—Es fundamental el tono alegre, optimista y que entusiasme. Para mí que soy de base espinoziana; (Spinoza) dice que incluso el conocimiento es un conato de alegría. Conocerse más a una misma, conocernos debe ser un conato de alegría. Y la acción mancomunada de las mujeres debe ser una apuesta. No quiere decir que nos despreocupemos absolutamente, sino que la preocupación tiene que tener un tono alto, un tono empático en la lucha que suba la energía y la fuerza.

—El clímax del movimiento y de esa alegría se dio con la media sanción de legalización del aborto, ¿cómo se sostiene eso en el tiempo?

—Con mucha sororidad. Al movimiento feminista le hace falta una gran cuota de sororidad. Estar todas juntas no siempre es un alto tono de sororidad. Eso tenemos que conquistar, y una alta dosis de paciencia; una gran conjunción de los esfuerzos comunes y celebración común. Puede haber momentos de enfrentamientos, pero hay que tratar de evitar las durezas y las crispaciones. En Argentina nos dividen pocas cosas, tenemos muy pocos motivos para la disidencia muy fuerte y uno es prostitución legal sí o no, que es lo más divide las aguas del movimiento. El resto, aun pensando en las ideologías de contexto de nuestras militancias, sea en el peronismo, el kirchnerismo o el trotskismo, no son tan agudas para no poder pensar estrategias comunes.

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—¿Cómo ve la irrupción de las jóvenes sub 25?

—Me encanta, más allá de las urgencias, las iracundias, las posiciones y exigencias que son muy atrevidas. Es notable porque están desnormadas, pero tienen fuertes principios. Sí nos preocupa a las viejas feministas la apuesta punitivista que se da en ambientes particulares, como secundarios, con esa posición de exclusión y de escrache rápido. Diferente de la fuerte denuncia pública que no es un escrache. Los escraches son la fórmulas más anónimas, distintas de la denuncia publica donde jóvenes se paran y le dicen a un tipo de frente cuál es su tremenda inconducta.

—¿Cuál cree que hoy es el lugar de los varones?

—Están los resistentes, los azorados y los dispuestos a abdicar, sobre todo entre los jóvenes. Hay una generación muy tremenda, entre los 45 y 55, que son duros y pasan del azoramiento a la resistencia. Los sub 30, como digo siempre, ya están «flojos de papeles» y se dan cuenta sobre todo si son padres de niñas. Creo que en las hijas mujeres es donde hay muchas veces un principio de conversión.

—En el debate del aborto habló de la sexualidad como goce, cuando muchas veces se instala socialmente que el feminismo mata el erotismo.

—Esa es una presunción que está en la base del azoramiento y la resistencia de los varones que constituyeron el marco del patrimonio del cuerpo femenino y del goce femenino. La lucha por el aborto fue presidida por la cuestión fundamental de salud pública y creo que esa es una parte del cauce, la otra es la autonomía, la ruptura del pacto inexorable reproductivo cuando se está lejos del deseo reproductivo. Siempre pensé que el aborto es una devolución del Estado del deseo sin ninguna relación con la suerte de la reproducción, porque hay una clausura, una obturación del deseo pleno de las mujeres a la sexualidad por la nube fantasmática del embarazo. Y es tan inhibitoria que muchas disfrutan sexualmente sólo en la menopausia. Entonces así como por un lado está la necesidad de terminar con la muerte de mujeres, también hay que terminar con la muerte de la sexualidad de las mujeres porque ahí hay un derecho inalienable. Históricamente, las feministas victorianas, en Inglaterra, sí eran contraeróticas, y lo eran porque los varones eran brutales y las mujeres sufrían con el erotismo de los varones. Pero el descubrimiento del cuerpo, la sexualidad, el deseo y el erotismo es la novedad de los 60. Lo que las feministas no quieren es la fórmula del acoso y la brutalidad; la seducción esa otra cosa, implica un juego y se tramita en relación a las sexualidades de las más diversas. El erotismo es una compleja insinuación y nada tiene que ver con el acoso, porque la lucha contra las fórmulas de la violencia sexual no son luchas contra la seducción, contra el encantamiento. Hay que deshabitar las oportunidades contradictorias de las lecturas que puedan tener los tipos que no están educados en las nuevas fórmulas pedagógicas de los vínculos, les falta educación y un largo inculcamiento.

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—¿No cree que las chicas lo hacen en la acción cuando se niegan a ciertas formas de relación?

—Sí, y cada vez más. Pero las chicas siguen teniendo mucho más riesgo, aunque tengan una rápida reacción.

—¿Y cómo se puede avanzar en ese sentido desde estrategias más formales?

—Necesitamos más que la ESI. Tiene que haber una deconstrucción completa de la malla curricular porque está la ESI, pero en el otro lado la biología y la historia se dan de la misma manera. Hay que reformatear la mentalidad docente porque si las docentes hicieran un trámite completamente diferente, ya tendríamos una revolución extraordinaria. También creo que debe haber una inversión en prevención de las violencias sexuales que siguen siendo las más comunes. Hay agravios en el sistema educativo, como que haya gimnasia para niños y otra para niñas.

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