La ciudad

Las cinco quejas que le hacen los rosarinos a la Fiesta de Colectividades

Miles de personas disfrutan año a año el Encuentro Nacional de Colectividades, otras, acaso las menos, se quejan de los inconvenientes que genera la fiesta que organiza la Municipalidad en el Parque Nacional a la Bandera. LaCapital.com.ar recopila los problemas que sufren los rosarinos durante los  diez días que dura la feria.

Viernes 04 de Noviembre de 2011

Llegó el gran día. Desde hoy, y durante diez jornadas consecutivas, la ciudad celebra la Fiesta de Colectividades, el evento más popular de la región, el más convocante, el más esperado. Sin embargo, además de la música, las danzas y la gastronomía que todos disfrutan, la fiesta tiene sus flancos débiles, esos que la hacen particular, y hasta más querible. En este ranking, los cinco cosas más insufribles de Colectividades.

1- El olor a fritanga: no hay colectividad que no derrame miles de litros de aceite en sus preparaciones durante la Fiesta. No importa si son andaluces, palestinos, gallegos, cubanos o calabreses. Todos, absolutamente todos, ofrecen frituras a los desesperados comensales que no dudan en mezclar anticuchos con papas fritas, salchichas con papas fritas, pulpo con papas fritas, pizzas con papas fritas. El aroma se percibe en media ciudad y es uno de los principales atractivos del convite. Si sos parte del millón de visitantes, no te olvides la Hepatalgina. Y acordate, si no olés a grasa, no pasaste por Colectividades.

2- La lluvia: como dijo Tu Sam, “puede fallar”, sin embargo, no se recuerda Fiesta sin aguacero. En algún momento hasta se habló de una maldición gitana que se desató con furia cuando supuestamente los organizadores dejaron afuera a dicha colectividad. Lo cierto es que mirando el pronóstico a diez días en The Weather Chanel, el 2011 viene cargado. Las carpas, los stands, y sobre todo, el entusiasmo y la voluntad de la gente que trabaja para esta fiesta, todo lo pueden. El público, mientras tanto, no abandona. Si hace falta arremangarse los pantalones, saltar charcos y caminar en el barro, no importa. Recorrer el predio, no tiene precio.

3- El amontonamiento: si no querés sentirte solo, el lugar es la Fiesta de las Colectividades. La muchedumbre bajando a paso lento desde el Monumento a la Bandera es un clásico del festejo. Parejas, familias, grupos de amigos, todos, se dan cita en el parque que los espera con los brazos abiertos. Si querés encontrarte con los vecinos, los conocidos del club, los compañeros de la primaria y hasta tu jefe, no lo dudes, este es tu lugar, porque nadie se pierde las Colectividades. Un millón de amigos. Un millón de sonrisas.

4- El volumen de la música: después de 27 ediciones, este encuentro sigue subiendo sus decibeles. En convocatoria, en número de shows y presentaciones, y también de manera literal. La intensidad sonora le pone color y calor al festejo, pero expulsa a los vecinos. Algunos, incluso, preparan las valijas un par de días antes y regresan una vez que la movida terminó. Lo importante, lo lindo, es que las gaitas se confunden con las panderetas, las cítaras con el armonio, las quenas con las castañuelas. Todos confluyen en un remolino de sonidos, en un golpeteo de vibraciones inolvidables que enaltecen la celebración. Si no hay bullicio, si no hay alboroto, no, no es Colectividades.

5- La elección de la Reina: es el momento más intenso pero tal vez el más injusto de la Fiesta. Las postulantes, que representan a todas y cada una de las colectividades, son verdaderos exponentes de la belleza rosarina. Las hay rubias, morenas, altísimas, con cintura de avispa o piernas potentes. Todas tienen ángel, todas tienen un encanto que envidian en cada rincón de la Argentina. Lo peor es que las visten de pies a cabeza, que las arropan con las mejores galas pero apenas se les ven las sonrisas. Encima, hay que elegir sólo a una. Sin dudas, uno de los instantes más amargos de esta reunión. Uno de los tris más insufribles de la Fiesta de Colectividades.

 


 

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