La ciudad

Las cinco peores desgracias que causa la humedad a los rosarinos

Hay que vivir en Rosario los días de cien por ciento de humedad para saber lo díficil que resulta caminar, manejar y hasta respirar cuando el aire se vuelve acuático. ¿Qué es lo peor de vivir en una ciudad a la vera de uno de los más grandes humedales del mundo? ¿Los mosquitos? En verano sí, pero en otoño, cuando ya no se corren riesgo de sufrir sus molestas picaduras, "lo que mata es la humedad". LaCapital.com.ar relevó las cinco peores desgracias que trae el clima húmedo a los rosarinos.  

Jueves 16 de Junio de 2011

Hay que vivir en Rosario los días de cien por ciento de humedad para saber lo díficil que resulta caminar, manejar y hasta respirar cuando el aire se vuelve acuático. ¿Qué es lo peor de vivir en una ciudad a la vera de uno de los más grandes humedales del mundo? ¿Los mosquitos? En verano sí, pero en otoño, cuando ya no se corren riesgo de sufrir sus molestas picaduras, "lo que mata es la humedad". LaCapital.com.ar relevó las cinco peores desgracias que trae el clima húmedo a los rosarinos.

1- Pelo indomable: La humedad del aire se activa con los enlaces de hidrógeno del cabello haciendo que pierda la forma. No hay forma de mantenerlo bajo control. Se descontrola, se riza, se friza. No hay peine, cepillo, ni planchita capaz de ponerlo a raya. Ni el secador de pelo, que uno imagina que puede ser la solución, logra que conservar el peinado. El espejo revela la situación con máxima crueldad. Es como si en la cabeza llevara un gato acorralado, con el lomo erizado por el miedo. Cómo será que, en esos días, húmedos, pegajosos, pringosos, uno desea ser calvo.

2- Cacho Castaña: El cantante, el preferido de las tías que los días húmedos se rocían durante horas el pelo con spray para mantenerlo firme, se convierte en una presencia omnisicente. Como un fantasma recorre las calles, los taxis, los negocios, aquí, allá y en todas partes. Su voz, su varonil forma de compartir su arte, impregna el aire, como la ceniza volcánica. ¿Cómo? A través de los parlantes de las radios, claro, porque a los musicalizadores de las emisoras argentinas cuando hay amanece acuoso como hoy no se les ocurre mejor idea de poner "Café la humedad" por el Gran Cacho.

3- Pista resbaladiza: Salvo que uno sueñe con ser un astro del snowboard del skate y tuvo la desgracia de nacer en el corazón de la Pampa Húmeda, vaya paradoja, estos días encierran un altísimo riesgo. En las calles, sobre todo en las que son lisas, tersas, bruñidas, como el bulevar Oroño, pisar los frenos, aunque se lo haga con gran celo, puede terminar en un dolor de cabeza. Por más que se tengan las cubiertas perfectas, el auto se desliza sin control, como un esquiador aprendiz que pierde pie y cae barranca abajo en la montaña. Adrenalina pura, que puede terminar en choque. Claro.

4- La caída: No es el título de una película sobre el ocaso del Tercer Reich de Adolf Hitler, hay una película que se titula así, pero no esta. No. Se trata del desenlace inevitable de la suma de zapatos de suela, pisos de losa (como los de la peatonal Córdoda o el Paseo del Siglo) y humedad. Un tropezón, que si uno se descuida, es caída. En la calle, yendo de un lado a otro, tratando desesperadamente cumplir con las obligaciones de la vida diaria, terminar de bruces en el piso es fatal. Un peligro, pero lo peor, un papelón. Porque, como bien decía el gran Luca Prodan, "para vos lo peor es resbalar".

5- Sangre, sudor y lágrimas: Acaso sea lo peor, lo peor de todo, la transpiración. No importa cuantas veces uno se duche, cuanto desodorante se ponga, cuanto cuidado se ponga al elegir qué ropa usar, inevitablemente, el sudor se apodera de cada centímetro del cuerpo. Desde las axilas hasta los pies. Con las consecuencias no deseadas que la situación trae para propios y extraños. Sobre todo en el colectivo, en el horario pico, cuando estar "mejilla a mejilla" es inevitable, aún sin tener ningún interés romántico. Fatal. Como pararse a tomar aire frente a la planta de Celuosa en Capitán Bermúdez. Oloroso.

 

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