La ciudad

Laboratorio Apolo: acusan al jefe de mantenimiento por la explosión de la caldera

Para la Fiscalía, el siniestro que causó cinco heridos graves y destruyó dos casas linderas, se dio por un "descuido humano".

Jueves 15 de Febrero de 2018

A poco más de un año y medio de la explosión que sacudió al barrio Tablada, la fiscalía decidió acusar al jefe de mantenimiento del laboratorio Apolo por el siniestro que dejó a cinco personas heridas de gravedad, una de ellas con quemaduras en más de la mitad del cuerpo, y dos propiedades convertidas en escombros. Según entienden los fiscales, el siniestro no se produjo por una falla en una de las calderas utilizadas para producir suero fisiológico sino por un "descuido humano" en las normas de seguridad. La audiencia imputativa iba a realizarse ayer, pero como el acusado no fue notificado, se suspendió. El juez exigió que se convoque a una nueva cita en un plazo máximo de diez días hábiles.

La investigación judicial sobre el funcionamiento de la planta productora de sueros medicinales tuvo un avance importante a fines de noviembre pasado, cuando se conocieron los resultados de las pericias realizadas sobre la caldera que durante la madrugada del 27 de junio de 2016 voló por el aire y salió despedida por los techos del laboratorio de Alem 2967.

El informe técnico sobre la dinámica del siniestro realizado por los especialistas convocados por la fiscalía —un ingeniero mecánico experto en higiene y seguridad y un técnico electromecánico— concluye que el siniestro se desató por un "descuido humano", según advirtió ayer la fiscal de Homicidios Culposos Mariana Prunotto, quien reemplazó al fiscal Walter Jurado en la frustrada audiencia.

Según la hipótesis de la fiscalía, no fue una falla de la caldera lo que causó el siniestro sino una serie de irregularidades sobre los mecanismos de seguridad necesarios para el funcionamiento del aparato, entre otras la no existencia de personal idóneo al momento de la explosión.

Para los fiscales, se violó el deber de cuidado exigido para poner en funcionamiento la caldera, por eso la acusación apunta al jefe de mantenimiento del laboratorio, la persona encargada de "velar" por el estado del aparato.

Al empleado de la fábrica de sueros se lo acusa de estrago culposo agravado y lesiones graves culposas (es decir, cometidas por una acción negligente), considerándolo responsable de los daños materiales causados en el laboratorio y en los domicilios linderos, y lesiones graves a cinco personas.

Entre ellas, Juan Carlos Sánchez, un colectivero de la Semtur que sufrió múltiples fracturas por la caída de escombros sobre el cuerpo y quemaduras en piernas y brazos ocasionadas por vapor de agua (ver aparte).

La explosión ocurrida en el laboratorio movilizó a los vecinos del barrio Tablada, que desde hace tiempo denunciaban irregularidades en su funcionamiento. También puso en cuestión los permisos para que una planta fabril se estableciera en ese lugar y una oscura trama de negocios que se tejieron desde el laboratorio, de la que fueron advertidos la Justicia Federal y la Unidad de Información Financiera (UIF).

A un mes y medio de la explosión del laboratorio, uno de sus accionistas anunció la apertura de una fábrica similar en Ramallo, que también producirá suero fisiológico. En agosto pasado, la justicia provincial decretó la quiebra de Apolo.

La imputación al jefe de mantenimiento de la fábrica productora de sueros estaba prevista para ayer. No obstante, debió suspenderse por un error en la notificación del acusado, que no fue convocado para participar de la audiencia.

La fiscal Prunotto solicitó al juez Hernán Postma que suspendiera la audiencia y volviera a convocar "a la brevedad" a un nuevo encuentro.

Según explicó, la oficina de gestión judicial no había notificado al imputado a su domicilio, como lo había solicitado la fiscalía, sino al abogado del laboratorio Apolo, que había presentado formalmente su renuncia en agosto del año pasado, cuando se decretó la quiebra de la empresa.

Los abogados de la querella, que representan a las víctimas de la explosión de aquel 27 de junio, también cuestionaron la falta de notificación del acusado. "Es un hecho que inquieta a una familia que espera una respuesta", destacaron.


Sin respuestas ni justicia

Juan Carlos Sánchez, una de las víctimas de la explosión del laboratorio Apolo, participó de la frustrada audiencia de ayer por la mañana. Sentado en uno de los costados de la sala de audiencias, junto a su familia, el hombre cuestionó las demoras producidas en la investigación del siniestro. "Ese día explotó nuestro paraíso y aún no hay ningún culpable", se quejó. El ex colectivero de la Semtur pasó 24 días en coma y otros dos meses internado en el Sanatorio Británico. Las múltiples fracturas que le provocó la caída de escombros después de la explosión le motivaron que no pudiera continuar con su trabajo en la línea 123 de la empresa de colectivos estatal.

La casa donde vivía Sánchez quedó reducida a escombros tras la explosión.

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