La vigilancia del casino, expuesta varias veces por actos abusivos y violentos
El caso más recordado fue cuando sorprendieron a dos apostadores turcos haciendo trampa. Estos fueron presos, pero denunciaron que los sacaron con un grupo propio hasta el hotel céntrico donde estaban alojados, para que devolvieran la plata. Qué dice el expediente.

Domingo 16 de Octubre de 2022

La instalación del casino fue un nudo de oportunidades para negocios legales derivados. También lo fue para los grupos criminales. En la Fiscalía Regional de Rosario se acumulan legajos que muestran cómo sectores de la criminalidad zonal, en especial la banda de Los Monos, coparon primero las áreas de los servicios externos. Remises truchos, taxis, carritos de comida, espacios de estacionamiento, lugares de empeño y manejo de préstamos usurarios fueron resortes expandidos y explotados a partir del arranque del City Center. La idea de atrapar al casino como un bocado para el chantaje funcionó incluso a extremos trágicos. El líder de Los Monos, Guille Cantero, afronta un pedido de 22 años de condena por organizar un atentado extorsivo, que terminó con la vida de un apostador, Enrique Ensino, alcanzado por un disparo en un balcón de las instalaciones en febrero de 2020.

Pero a veces las situaciones oscuras provinieron desde adentro del casino. En algunos casos eso se ve en condenas por daños hacia apostadores. El más reciente es el caso de un hombre que fue ferozmente golpeado dentro del complejo el 1º de mayo de 2016. Mientras jugaba en una máquina cuyos botones no funcionaban correctamente este apostador comenzó a utilizar el brazo mecánico para ayudarse. Como al bajarlo emitía ruidos el personal de seguridad interpretó que estaba golpeando la máquina. Hubo un intercambio verbal entre el jugador y personal del establecimiento. El cliente retiró el ticket con crédito de la máquina y cuando se disponía a buscar otra fue tomado por detrás por empleados de seguridad, llevado a una sala y, según denunció en la Justicia, “brutal y profesionalmente golpeado, para luego ser retirado por una puerta auxiliar por personal policial de la comisaría 21ª".

El cliente comenzó a tener complicaciones de salud: permaneció en cama, orinando y perdiendo sangre por los oídos hasta el 4 de mayo de 2016, cuando formalizó una denuncia. Un fiscal solicitó el secuestro de los videos del sector donde estuvo en el casino, la nómina del personal asignado a tareas de seguridad, el secuestro del libro de guardia de la seccional Nº 21, declaración del representante del emprendimiento y reconstrucción de los hechos e individualización de testigos. El casino respondió tardíamente e indicó que ya no tenía los videos porque con el paso de los días las imágenes comienzan a grabarse unas sobre otras.

El juez Marcelo Quaglia marcó la reticencia del casino para aportar la evidencia requerida en su momento. Al contestar la demanda, el casino negó los hechos y afirmó que el personal de juego lo observó golpear fuerte el artefacto, alterando el orden y atentando contra sus bienes. Destacó que el apostador agredió al empleado que le llamó la atención y a los patovicas. El magistrado dio por “acreditados, conforme las reglas de la sana crítica, los hechos relatados en la demanda, considerando que el actor fue maltratado y sometido a golpes en las dependencias del demandado por parte de su personal”. Condenó a pagar al apostador 8 millones de pesos y otros 3.500.000 de pesos también por daño punitivo al Grupo de Autoayuda para Familiares y Amigos de Jugadores Compulsivos con sede en Capital Federal.

Un grupo de tareas

Las situaciones en las que personal del casino toma la persecución de delitos presuntos en manos propias tiene una recordada constancia judicial. Fue en febrero de 2012 cuando dos ciudadanos turcos fueron detenidos dentro del City Center. Los detectaron en una estafa con cartas marcadas por ellos mismos que usaron en mesas de póker generando una racha imposible en su favor. No parar de ganar mano tras mano generó sospechas en los supervisores de la mesa. Las videocámaras de seguridad ayudaron a revelar que hacían trampa.

Los hombres eran Sahpolat Bahri, de 35 años, y Fuat Kus, de 39. No se diría que eran nenes de pecho. Tenían antecedentes por defraudación al menos en veinte casinos de distintos países. En su primer día en Rosario se sentaron en una mesa de Poker Texas y empezaron a hacer apuestas y solicitar cartas al crupier. Durante esa primera jornada les ocurrió lo que a la mayoría de los apostadores: perdieron. Pero perder era parte de su plan. Lo que hacían era marcar las cartas con una especie de minipunzón que dejaba una señal casi imperceptible en el dorso de las cartas. Jugaron el tiempo necesario yendo a pérdida como para marcar todas las barajas del mazo en su vértice izquierdo. Cuando el trabajo estuvo hecho se retiraron.

Regresaron al día siguiente. Esta vez para clavar una racha endemoniada: no perdían una sola mano. Semejante desempeño hizo que desde la mesa advirtieron a los controles de seguridad.

Diez años después La Capital le echó un vistazo en Tribunales al expediente del caso que llevó el juez de Instrucción Luis María Caterina. Y allí se nota que lo que pasó esa noche dista mucho de la pulcritud de lo que cuenta el acta de la comisaría 21ª donde llevaron a los dos turcos. El reporte del casino indica que al detectar la maniobra los dos hombres fueron interceptados e invitados a concurrir a la gerencia. "Al ser notificado (Sahpolat Bahri) reconoció en forma inmediata su actitud en el lugar y manifestó deseos de que no pasara a mayores y devolver todo lo ganado. Lo que fue aceptado en forma inmediata. De allí los trasladan a la dependencia policial".

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Sahpolat Bahri (de blanco) que hizo trampa en el casino pero que denunció que vigiladores lo llevaron hasta su hotel para que repusiera dinero sin aviso a la policía.

Que los dos apostadores hicieron trampa es irrefutable. Pero lo que pasó para que entregaran el dinero fue contado de modo muy distinto por los extranjeros. Sahpolat Bahri relata que en un alto de las apuestas se alejó a una barra, pidió un vodka con manzana, regresó a la mesa y se sentó a jugar. "En ese momento aparecen cuatro hombres vestidos con trajes negros que llegaron encolumnados uno detrás de otro. Uno comenzó a hablarme en español de mala manera. Me llevaron ante un señor Arthur R., que me dijo que era el jefe de seguridad del casino. En la gerencia me empezaron a dar cachetadas, golpes de puño en la cara, cabeza, espalda y estómago".

Un paseo hasta el centro

El turco dijo que personal de seguridad del casino lo golpeó en todo el trayecto del pasillo donde no había cámaras, que fue sacado al estacionamiento y forzado a entrar en un auto particular. Y que lo trasladaron hasta el hotel donde paraba en el centro. Uno de los patovicas subió con él hasta la habitación mientras los otros tres esperaban abajo.

"Con R. tomamos el ascensor hasta mi habitación del piso 11 del hotel República. Al ingresar en la habitación 1104 saqué de mi equipaje 15 mil pesos y R. los tomó", dijo Sahpolat. Bajamos por el ascensor, subimos al auto en los mismos lugares. Antes de llegar al casino recibe R. una llamada por el celular que no pude escuchar e inmediatamente agarró la plata y me la dio a mi para que colocara en el bolsillo frente a las cámaras".

El juez Caterina ordenó allanar el casino y la entrega de los registros de video. Llamó al jefe de Seguridad del casino, identificado como Arturo R., a prestar declaración informativa. También requirió la entrega de las cámaras del hotel de San Lorenzo al 1000.

La situación descripta implica a personal civil sustituyendo la autoridad policial. Si bien nunca se ve a los ciudadanos turcos siendo golpeados sí se lo advierte a Sahpolat en compañía de los custodios del casino, entrando al auto en el estacionamiento y luego saliendo con ellos. Su compatriota según dijo fue retenido en el City Center.

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El momento en que la custodia del casino saca al apostador turco al playón para, según dijo, llevarlo hasta el hotel República. (Foto del expediente)

Ambos ciudadanos turcos afirmaron su inocencia, dijeron que sólo concurrieron al casino como una forma de recreación y que fueron objeto de malos tratos por el personal del casino además de haber sido desapoderados ilegítimamente de las ganancias obtenidas de forma leal. En ese sentido, Bahri declaró que primero les pidieron "20 mil pesos para compensar el dinero supuestamente malhabido", que después lo subieron a un auto que no era el que ellos habían alquilado para conducirlo al hotel donde se hospedaban y que al llegar a la habitación, siempre escoltado por dos custodios, lo obligaron a entregar "en carácter de reparación", la suma de 15 mil pesos, operación que finalmente se blanqueó cuando regresaron al casino ante las cámaras de vigilancia.

Recién tras ello, dijo, fue entregado a la policía junto a su amigo. "Me dieron 350 pesos en fichas y me exigieron que los cambiara en una caja para tener esto como prueba de que me habían pagado. Mee llevo hasta la caja y debajo de las cámaras hizo que me pagaran las fichas que tenía en la mano. Volví a la habitación con R. y salimos con mi amigo. Por lo menos cuatro hombres de negro nos hicieron salir por el subsuelo", declaro Sahpolat ante el juez mediante un traductor de la Embajada de Turquía en Buenos Aires.

Los abogados de los turcos protestaron. Afirmaron que el personal del casino actuó al modo arrebatado y futivo de un grupo de tareas. Que hay hasta constancias de que golpearon al apostador dentro del auto en el que lo llevaron al hotel República tomado por las cámaras a la salida del casino. "Me pegaron, me privaron de mi libertad, me robaron, tuvieron a mi amigo como rehén, nos exigían que saliéramos del país en forma urgente. Finalmente el personal del casino nos entregó a la comisaría sin darles nuestros documentos ni nada", dijo Sahpolat.

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Registro de una cámara del casino exigida por el juez del caso. Según el defensor del apostador, muestra cuando la custodia lo maltrata antes de llevarlo a su hotel sustituyendo tareas policiales. (Imagen del expediente)

Según consta en el expediente, en su declaración informativa al gerente de Seguridad del City Center le preguntaron si era normal que un gerente o personal jerárquico acompañe fuera del casino a personas para que devuelvan plata que hayan ganado con algún ardid. El encargado repuso que no pero que las cosas no habían sido como contaba el ciudadano turco. "Nos dijo que no tenía problema en reintegrar pero que la plata a devolver la tenía en el hotel. Le pregunté si manejaba para que fuera a buscar el dinero y dijo que no a lo cual me ofrecí a llevarlo en coche o le di la opción de ir en taxi. Me dio a entender que aceptaba y fuimos en mi vehículo", sostuvo.

"Fue un viaje muy ameno", dijo el gerente. "Nos dijo que era dueño de un night club en Estambul. Le pregunté por qué entonces un hombre de su posición hacía eso. Me dio a entender que por la sensación de adrenalina", declaró en el juzgado.

La trampa que claramente hicieron les costó a los dos turcos veinte días de prisión en la comisaría 21ª de Arijón y Santiago. A Sahpolat lo procesaron por intento de estafa y Kus recibió falta de mérito. La maniobra los retuvo 75 días en el país, hasta el 25 de abril de 2012, cuando al primero se le aplicó una probation que les permitió irse. Pero la aventura de la custodia del casino, lo ocurrido allí y el paseo de 40 minutos con el apostador turco sin avisar a la policía nunca quedó aclarado. No hubo reproche judicial pero sí la manifestación de duda sobre ese accionar. Caterina no dudó de la trampa de los turcos, pero dijo que la denuncia de estos contra personal del casino "no aparece como una mera expresión de defensa sino que podría tener asidero en los hechos ocurridos", por lo que aconsejó actuaciones respecto de la eventual comisión de los ilícitos de privación ilegítima de la libertad y extorsión en perjuicio de los imputados. Lo que terminó en nada.