La ciudad

La Universidad de Rosario investiga sobre el uso de cannabis con fines terapéuticos

Es una experiencia inédita en el país. Profesionales realizan un seguimiento farmacoterapéutico de pacientes que lo utilizan.

Domingo 07 de Mayo de 2017

"En el tema del cannabis medicinal, creo que todavía estamos parados sobre una gran incógnita", advierte Mercedes Salamano. Farmacéutica y doctora en bioética, la profesional está coordinando un proyecto que realiza el seguimiento farmacoterapéutico de personas que incorporaron aceite de cannabis en su tratamiento. La experiencia, inédita en el país, busca observar y registrar los efectos percibidos en los pacientes que utilizan estas terapias. Y forma parte de otros proyectos que comenzaron a elaborarse en la Universidad Nacional de Rosario impulsados por el incremento en el uso de extractos de la planta de marihuana con fines medicinales (ver aparte).

   Salamano está al frente de la Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF), un servicio de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas (UNR) en convenio con el Colegio de Farmacéuticos de Rosario que desde hace cinco años se encarga de la atención farmacéutica a la comunidad.

   Con esa experiencia, y tras la sanción de las leyes nacional (Nº 27.350) y provincial (Nº 13.602) sobre el uso medicinal de cannabis, desde la UOF se puso en marcha un proyecto se seguimiento de pacientes, tanto niños como adultos, "para construir un perfil de uso respuesta" del aceite de cannabis dentro de un esquema terapéutico.

   "Es un tema muy complejo", define Mariela Bianchi, también farmacéutica e integrante de la UOF. Y describe la experiencia del equipo después de entrevistar a pacientes y familiares que recurrieron al cannabis para paliar esas dolencias, a las que los tratamientos tradicionales no daban respuesta. "Hemos hablado con personas que tenían distintas patologías, que usaban distintos aceites, en diferentes dosis y todas nos decían que les daba resultados".

   Frente a esta realidad, que irrumpió con fuerza en la opinión pública a partir del reclamo de organizaciones civiles o de los mismos debates parlamentarios de los proyectos de ley, surgió el proyecto; que busca dar respuesta a una demanda que los profesionales advierten cada vez más amplia.

   "Estamos convencidas de que el rol de la Universidad va por ahí. Lo contrario sería mirar para otro lado mientras el cannabis nos está golpeando la puerta cada vez con más fuerza", señalan las integrantes del proyecto.

Los primeros pasos

El primero de los seis pacientes que están actualmente en seguimiento llegó hasta la UOF a través de la obra social de los empleados públicos de la provincia. Es un niño con epilepsia refractaria cuyos padres consiguieron el permiso para importar el aceite producido en Estados Unidos bajo el nombre de "Charlotte's", el único autorizado por la Administración Nacional del Medicamento.

   Entonces, a la pareja se le propuso si querían comenzar a hacer un seguimiento de su tratamiento, registrando los efectos que notaban no sólo del cannabis sino de todos los otros fármacos que consumía su hijo. Todos los días, los papás del niño llenan una planilla donde registran dosis y horarios, entre otros datos.

   La experiencia se fue extendiendo a otros beneficiarios de la obra social y también a personas que se fueron incorporando por casualidad, ya que "consultaban en relación a otro medicamento y en medio de la consulta contaban que habían iniciado un tratamiento con aceite de cannabis", explican las profesionales.

   La idea es que, cada quince días, se realicen entrevistas a los pacientes o sus cuidadores para consignar no sólo el registro de los medicamentos indicados en su terapia, sino todos aquellos fenómenos que se pueden percibir, inclusive sus expectativas en en relación a ellos.

"En el tema del cannabis medicinal, creo que todavía estamos parados sobre una gran incógnita", advierte Mercedes Salamano. Farmacéutica y doctora en bioética, la profesional está coordinando un proyecto que realiza el seguimiento farmacoterapéutico de personas que incorporaron aceite de cannabis en su tratamiento. La experiencia, inédita en el país, busca observar y registrar los efectos percibidos en los pacientes que utilizan estas terapias. Y forma parte de otros proyectos que comenzaron a elaborarse en la Universidad Nacional de Rosario impulsados por el incremento en el uso de extractos de la planta de marihuana con fines medicinales (ver aparte).

   Salamano está al frente de la Unidad de Optimización de la Farmacoterapia (UOF), un servicio de la Facultad de Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas (UNR) en convenio con el Colegio de Farmacéuticos de Rosario que desde hace cinco años se encarga de la atención farmacéutica a la comunidad.

   Con esa experiencia, y tras la sanción de las leyes nacional (Nº 27.350) y provincial (Nº 13.602) sobre el uso medicinal de cannabis, desde la UOF se puso en marcha un proyecto se seguimiento de pacientes, tanto niños como adultos, "para construir un perfil de uso respuesta" del aceite de cannabis dentro de un esquema terapéutico.

   "Es un tema muy complejo", define Mariela Bianchi, también farmacéutica e integrante de la UOF. Y describe la experiencia del equipo después de entrevistar a pacientes y familiares que recurrieron al cannabis para paliar esas dolencias, a las que los tratamientos tradicionales no daban respuesta. "Hemos hablado con personas que tenían distintas patologías, que usaban distintos aceites, en diferentes dosis y todas nos decían que les daba resultados".

   Frente a esta realidad, que irrumpió con fuerza en la opinión pública a partir del reclamo de organizaciones civiles o de los mismos debates parlamentarios de los proyectos de ley, surgió el proyecto; que busca dar respuesta a una demanda que los profesionales advierten cada vez más amplia.

   "Estamos convencidas de que el rol de la Universidad va por ahí. Lo contrario sería mirar para otro lado mientras el cannabis nos está golpeando la puerta cada vez con más fuerza", señalan las integrantes del proyecto.

Los primeros pasos

El primero de los seis pacientes que están actualmente en seguimiento llegó hasta la UOF a través de la obra social de los empleados públicos de la provincia. Es un niño con epilepsia refractaria cuyos padres consiguieron el permiso para importar el aceite producido en Estados Unidos bajo el nombre de "Charlotte's", el único autorizado por la Administración Nacional del Medicamento.

   Entonces, a la pareja se le propuso si querían comenzar a hacer un seguimiento de su tratamiento, registrando los efectos que notaban no sólo del cannabis sino de todos los otros fármacos que consumía su hijo. Todos los días, los papás del niño llenan una planilla donde registran dosis y horarios, entre otros datos.

   La experiencia se fue extendiendo a otros beneficiarios de la obra social y también a personas que se fueron incorporando por casualidad, ya que "consultaban en relación a otro medicamento y en medio de la consulta contaban que habían iniciado un tratamiento con aceite de cannabis", explican las profesionales.

   La idea es que, cada quince días, se realicen entrevistas a los pacientes o sus cuidadores para consignar no sólo el registro de los medicamentos indicados en su terapia, sino todos aquellos fenómenos que se pueden percibir, inclusive sus expectativas en en relación a ellos.

Saber en construcción

Vanina Tassone y Gastón Lillini, becarios farmacéuticos de la UOF, son los encargados de llevar adelante las entrevistas con los familiares. Dicen que los sorprende como "las mismas mamás de los niños van contándose entre ellas y construyendo un saber sobre estos tratamientos". A veces, interviene también alguna organización de la sociedad civil o algún médico, pero no en todos los casos.

   Cuando existe la prescripción de un profesional, entonces recién ahí se pueden iniciar los trámites para importar la medicación de Estados Unidos. Si no cuentan con esto, muchas familias optan por cultivar sus plantas de cannabis para extraer después el aceite o se contactan con grupos de cultivadores que, solidariamente, facilitan los extractos.

   Con esa realidad tan dispar, ningún tratamiento puede considerarse igual a otro. Las formas de administración, también son un problema. "Se hace en función de qué mejorías se notan, así se decide si se bajan las dosis o si se cambia de planta. Porque hay un gran abanico de aceites artesanales, además las plantas se cultivan de formas diferentes, la extracción tiene distintos modos y existen procedimientos varios para la preparación del aceite", explica.

   En las planillas de registro diseñadas para el proyecto, los papás se encargan de registrar todos estos datos. "Ellos van construyendo todo esto, registrando lo que ven. Si baja la frecuencia de las convulsiones, si son más leves, si el paciente está más conectado o si tiene más apetito. Nosotros nos ocupamos de sistematizar todo esto, de darle un orden", señala.

   Otra limitación tiene que ver también con el complejo marco legal en el que se encuentran este tipo de terapias. "La ley santafesina es más amplia que la ley nacional e incluye otras patologías (como cáncer, dolores crónicos, fibromialgia, glaucoma, esclerosis múltiple, tratamiento del dolor y estrés postraumático), la autoridad sanitaria nacional autoriza a importar aceite de cannabis sólo para las epilepsias refractarias", explica Marisel Colautti y advierte que, además, la ley de estupefacientes no permite el cultivo ni la comercialización de cannabis.

   "Es toda una cuestión que tiene un marco legal complejo que, entiendo, va a tener que adaptarse a esta nueva realidad", señala. Mientras tanto, "la idea es realizar los seguimientos para poder, a largo plazo, ir juntando toda esta información como para poder construir un aporte a las políticas públicas y a las decisiones que tengan que darse".

Vanina Tassone y Gastón Lillini, becarios farmacéuticos de la UOF, son los encargados de llevar adelante las entrevistas con los familiares. Dicen que los sorprende como "las mismas mamás de los niños van contándose entre ellas y construyendo un saber sobre estos tratamientos". A veces, interviene también alguna organización de la sociedad civil o algún médico, pero no en todos los casos.

   Cuando existe la prescripción de un profesional, entonces recién ahí se pueden iniciar los trámites para importar la medicación de Estados Unidos. Si no cuentan con esto, muchas familias optan por cultivar sus plantas de cannabis para extraer después el aceite o se contactan con grupos de cultivadores que, solidariamente, facilitan los extractos.

   Con esa realidad tan dispar, ningún tratamiento puede considerarse igual a otro. Las formas de administración, también son un problema. "Se hace en función de qué mejorías se notan, así se decide si se bajan las dosis o si se cambia de planta. Porque hay un gran abanico de aceites artesanales, además las plantas se cultivan de formas diferentes, la extracción tiene distintos modos y existen procedimientos varios para la preparación del aceite", explica.

   En las planillas de registro diseñadas para el proyecto, los papás se encargan de registrar todos estos datos. "Ellos van construyendo todo esto, registrando lo que ven. Si baja la frecuencia de las convulsiones, si son más leves, si el paciente está más conectado o si tiene más apetito. Nosotros nos ocupamos de sistematizar todo esto, de darle un orden", señala.

   Otra limitación tiene que ver también con el complejo marco legal en el que se encuentran este tipo de terapias. "La ley santafesina es más amplia que la ley nacional e incluye otras patologías (como cáncer, dolores crónicos, fibromialgia, glaucoma, esclerosis múltiple, tratamiento del dolor y estrés postraumático), la autoridad sanitaria nacional autoriza a importar aceite de cannabis sólo para las epilepsias refractarias", explica Marisel Colautti y advierte que, además, la ley de estupefacientes no permite el cultivo ni la comercialización de cannabis.

   "Es toda una cuestión que tiene un marco legal complejo que, entiendo, va a tener que adaptarse a esta nueva realidad", señala. Mientras tanto, "la idea es realizar los seguimientos para poder, a largo plazo, ir juntando toda esta información como para poder construir un aporte a las políticas públicas y a las decisiones que tengan que darse".

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