Miércoles 20 de Julio de 2022
Crisis subjetivas, depresiones, consumos problemáticos, demandas cada vez mayores y difíciles de contener por cantidad y complejidad en los servicios sanitarios venían siendo parte de la agenda y estallaron como inocultables durante el 2020 pandémico, justo a una década de la sanción de la ley nacional de salud mental, una norma aún con una aplicación a mitad de camino en la mayoría de las jurisdicciones del país.
Sin embargo, la resistencia a romper prejuicios y silencios, a hablar de suicidios e intentos de los mismos persiste y resiste amparada en que, el decir, puede desencadenar sucesos similares. Las autoridades sanitarias de la provincia reconocen que aún con registros "relativos" (los procesos de construcción de las estadísticas se están revisando y ajustando) las cifras oficiales en Santa Fe ya habían encendido "algunas alarmas" hace unos años _incluso en la previa de la llegada del Covid-19_, sobre todo en la franja joven de 15 a 29 años y con mayor incidencia en varones. Un escenario que para nada escapa a la tendencia de los datos epidemiológicos generales a nivel nacional e incluso de otros países latinoamericanos, pero que afirman es necesario poner sobre la mesa.
"Culturalmente el suicidio es algo que hay que esconder, pero es urgente empezar a hablar y ponerlo sobre la mesa; para eso, comenzamos a desencadenar una serie de acciones", afirmó la responsable de la Dirección de Salud Mental del Ministerio de Salud santafesino, Celina Pochettino, y adelantó el trabajo interministerial que se viene realizando para la elaboración de un plan provincial de salud mental en general y para el abordaje de la problemática específica. Esto incluye el proyecto de volver a poner a funcionar la histórica línea telefónica de asistencia al suicida, que prestó servicio durante más de tres décadas y fue desmantelada en 2015.
La funcionaria ubicó el suicidio "como una problemática de la salud pública que es compleja y merece abordajes complejos. A partir de ese punto, desencadenamos diferentes procesos y el primero es hablarlo, porque es un tema con una historia de mitos y tabúes que debe ser conversado, aunque ciertamente de manera cuidada".
La psicóloga insistió en que existe una forma de "hablar de suicidio para prevenir" y que para eso "es necesario dar cuenta de la dimensión del problema. Hay que decir que es un acto prevenible, un modo de expresión del sufrimiento y del dolor en el que hay pedidos de ayuda que no deben subestimarse", subrayó.
A la complejidad en sí misma de los padecimientos que desencadenan en escenarios de suicidios le suma otro elemento: la difícil construcción epidemiológica de los datos. "Las cifras que tenemos son relativas e incluso en algunos casos creemos que existen subregistros, de acuerdo a los monitoreos que hacemos, y por eso estamos trabajando fuertemente en la construcción de las estadísticas", indicó Pocchettino.
Para eso, se conformó una guía para fortalecer esos datos. "Intentamos mejorar los registros y sobre todo unificar criterios, porque es necesario armar acuerdos de registración para leer más fácilmente esa información", explicó la funcionaria y señaló que ese documento se realizó conjuntamente con la Municipalidad de Rosario y ya se está implementando en todo Santa Fe.
Los registros oficiales
Así y todo, hay números del Ministerio de Salud de la Nación que dan cuenta de la situación y que señalan fundamentalmente a la población de adolescentes y jóvenes, de entre 15 y 29 años, como la franja más vulnerable. Incluso, los varones más que las mujeres.
Sobre la población global, la Dirección Nacional de Salud Mental muestra que entre 1997 y 2011 la tasa de suicidio (estimada cada 100 mil habitantes) comenzó siendo de 6,3, marcó un pico de 8,7 tras la crisis 2001 y 2002, y volvió a descender en 2011 a 7,3; mostrando así que incluso con una tasa de 7,5 en el período 2007-2011 Argentina está por debajo de los números de Chile (11,5) y Uruguay (16,2), de acuerdo a datos de la Organización Panamericana de la Salud.
Acercando la mirada a la franja más joven las curvas vienen en ascenso. El estudio "Suicidio en la adolescencia. Situación de Argentina" desarrollado por Unicef entre 2017 y 2018, en la previa de la pandemia, cita que ya entre 2000 y 2004, en el rango etario de 15 a 29 años, el 32 por ciento de las muertes fueron por suicidio, cuando 25 años antes esa proporción era del 19 por ciento.
E incluso indica que para 2016 constituye la segunda causa de muerte en la franja de 10 a 19 años, alcanzando una tasa de 12,7 -el triple que en 1990-, 18,2 en varones y 5,9 en mujeres.
Sobre esa información, la directora de Salud Mental santafesina señaló que "Santa Fe está dentro de esos parámetros" y marcó como uno de los principales desafíos "llegar justamente a esas población joven, encontrar espacios donde sean los jóvenes los que hablen y sobre todo en contextos de vulnerabilidad y violencia".
Pochettino explicó que se dio "en el centro-norte de la provincia" una serie de casos que "hubo que atender trabajando mucho en la contención de los familiares, pero también de los referentes afectivos".
El teléfono para pedir ayuda
El teléfono y la línea de asistencia al suicida fue una herramienta que durante más de 30 años, entre finales de los 80 y 2015, funcionó en forma continua bajo la órbita del Ministerio de Salud de la provincia, incluso con un sistema de voluntariado del que formaron parte estudiantes de psicología y psiquiatría, pero también maestras, amas de casa, abogados, policías y bomberos.
Raúl Giovagnoli, médico psiquiatra y parte de esa experiencia, guarda 45 mil fichas de quienes se atendieron a lo largo de esos años hasta que el servicio se desmanteló y valora ese espacio como un lugar de pedido de ayuda para quien está frente a un padecimiento. "Si vienen a buscar la fórmula para salvar a alguien de un suicidio, esa fórmula es escuchar. Y para escuchar tenés que hacerlo hablar, cerrar la boca y abrir las orejas y hacer las preguntas indicadas", señaló el especialista, repitiendo una de las frases que solía decir durante los cursos de capacitación de los voluntarios.
Ya desmantelada la línea, tanto Giovagnoli como los especialistas que formaban parte del espacio fueron a asistir las guardias de salud mental que comenzaron a funcionar entre 2016 y 2017 en los efectores de salud, en cumplimiento de la nueva ley nacional.
"Ya por entonces nos encontrábamos que la mitad de los casos que asistíamos en los hospitales eran intentos de suicidio", dice el médico en referencia a efectores provinciales y municipales. Por eso, rescata positivamente la vuelta de la línea como posibilidad de contención.
Exactamente un año antes de la pandemia, José García Riera, médico y psiquiatra infanto juvenil desde hace más de 40 años, advertía sobre las crisis no detectadas a tiempo que atravesaban fundamentalmente adolescentes y jóvenes y que no hacían más que ponerlos en riesgo. Cuadros de depresión y ansiedad que con matices ya advertía en incremento tanto en el el servicio público, en el Hospital Agudo Avila como en el sector privado.
Ante ese escenario de demanda fueron justamente el Covid y las exigencias del aislamiento obligatorio las excusas para rehabilitar un espacio de atención telefónica que se transformó en el proyecto de volver a poner a funcionar la histórica línea de Atención al Suicida.
Dentro del 0800- 555-6549 se habilitó un equipo específico para la atención de problemáticas de salud mental y ese fue el germen de la iniciativa que incluso ya está comenzando con las capacitaciones de quienes estarán del otro lado del teléfono.
"Esa primera asistencia montada en el marco de la pandemia aún continúa vigente, pero vamos a comenzar las capacitaciones porque una de las líneas específicas de abordaje con el acompañamiento de la OPS es volver a poner en funcionamiento la línea específica de atención al suicida", adelantó la directora de Salud Mental.
Aunque ya jubilado, Giovagnoli celebró ese retorno. "Cualquier espacio que pueda contener una situación de crisis, sea una crisis de vida, un suicidio o un intento, es fundamental -dijo-; y más aún en este momento donde tras la pandemia hay una nueva psicopatología que hay comenzar a estudiar, analizar y conceptualizar".