La Rosario de fines del 1700 se descubre bajo la vieja casona del Museo Estévez
El equipo arqueológico de la UNR halló dos aljibes, albañales y cerámica Chaná que datan de la última década del siglo XVIII

Domingo 19 de Diciembre de 2021

Buscaron y encontraron parte de la Rosario colonial bajo la casona de Santa Fe 738. El equipo de arqueólogos de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) que hace apenas dos meses comenzó a realizar excavaciones a 30 centímetros bajo tierra del que es el hall central del Museo de Arte Decorativo Firma y Odilo Estévez no solo encontró allí restos de lo que fue el patio de la familia Ibarlucea y sus pozos de agua, sino más aún, vestigios de la villa colonial de 1790. Y en la argamasa de los muros ahora a la vista detectaron restos de cerámica arqueológica Chaná.

Así lo confirmó la directora del museo, Analía García, quien en las últimas horas recorrió los trabajos con el secretario de Cultura del municipio, Dante Taparelli, y ya trabajan en el proyecto para que en la puesta en valor de la sala de los Estévez, los yacimientos arqueológicos queden a la vista.

“Ahora tenemos tres museos en uno y esto es maravilloso”, dijo Taparelli y sobre lo encontrado indicó que “al hallar los pozos de agua aparecieron los primeros vestigios de civilización en un terreno virgen, tenemos el origen genuino de la ciudad, con las distintas trazas, los distintos tipos de ladrillos”.

La posibilidad de la búsqueda, esa historia escondida bajo tierra, se dio a partir del inicio de las obras de reconstrucción de los desagües pluviales del museo, una obra adeudada por años y que provocaba constantes hundimientos en los salones principales del museo y que meses atrás puso en marcha la empresa constructora MSR.

Lo que sí sabía el equipo de arqueólogos comandado por Fernando Oliva, docente y titular de la cátedra de arqueología de la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, cuando recorrió el espacio junto a investigadores del Conicet y las Universidades de Buenos Aires y Austral, era que ese sector de la casa del matrimonio Estévez había sido, anteriormente, uno de los patios de los Ibarlucea.

Con ese marco, realizaron estudios con un georradar e iniciaron las excavaciones. Por esos días, en el inicio de las excavaciones y como lo decían los propios investigadores, la perla por la que iban era el viejo aljibe del patio, un elemento que podría dar materiales concretos de los orígenes de la ciudad. Y justamente eso que buscaron fue lo que lograron encontrar.

Rosario a finales del 1700

El inmueble que fuera de los Estévez ya tenía en la previa a la investigación características que lo hacían único. Está ubicado en el casco histórico, representan tanto la casona como la inmensa colección que el matrimonio legó a la ciudad, una parte de la historia de las familias burguesas que aportaron a su desarrollo y crecimiento con obras fundamentales. Y está confirmado que uno de sus muros es la primera medianera levantada en Rosario e incluso aparece en los primeros registros fotográficos de la villa de 1860, en la llamada Colección Alfed.

Sin embargo, los hallazgos de estos meses van más atrás aún en esos registros y hablan, como confirmó la directora del museo, de la Rosario colonial que existió entre finales del 1700 y las primeras décadas del siglo XIX.

Los albañales y uno de los dos aljibes encontrados en el que fuera el antiguo patio de los Ibarlucea, datan de fines del siglo XVIII.

De ese tiempo da cuenta, en el lateral del que fuera el salón de los Estévez, el brocal del aljibe y su tapa del que fuera el patio de los Ibarlucea, pero que según los arqueólogos “por su materialidad constitutiva es previo” al momento en que la familia habitó la casona de calle Santa Fe.

“Ellos estiman que son justamente vestigios que van de 1790 a los inicios del 1800”, recalcó García y sumó otro descubrimiento: los albañales de ladrillos, conductos que recorren los laterales de ese aljibe para recoger el agua de lluvia y que conducen a otro aljibe.

Y a eso, indicó, se suman vestigios de “un poste de la que fuera una habitación en tiempos coloniales.

La materialidad de los albañales, además, no es cualquiera. “Fue una maravilla encontrar que en la argamasa que unía los ladrillos había restos y trozos de cerámica Chaná”, explicó la directora, en referencia a los pueblos originarios que habitaron la región del litoral.

“Una de las posibilidades que plantearon los arqueólogos que son parte del equipo es que en la cercanía exista una yacimiento de cerámica chaná”, agregó García y señaló que este descubrimiento hecho en los subsuelos del museo “es parte de un eslabón de la arqueología urbana de la ciudad y que ahora reverdeció y que probablemente continúa”.

El desafío que viene ahora por delante es poner en valor el hall de museo, recuperar el esplendor de sus pisos de roble de eslavonia, ya con los desagües finalizados a nuevo, y al mismo tiempo mantener una ventana abierta al público para que los yacimientos arqueológicos pasen a ser un patrimonio de la ciudad, también accesible a todos.

En ese sentido, García señaló que en esta semana ya se está poniendo en marcha el proyecto de las ventanas que permitirán dejar a la vista parte de los hallazgos, al mismo tiempo que indicó que se trabaja con investigadores del Instituto de Química Rosario (Iquir) en la conservación de esos espacios excavados.

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“Parte del yacimiento quedará tapado, pero conservado al mismo tiempo y otro sector estará a la vista del público”, adelantó la directora del museo.

Además, no dejó de señalar que “este es solo un paso” y advirtió que “la idea de conservar justamente lo hecho hasta acá permitirá en el futuro poder seguir avanzando en estas investigaciones”.

En el mismo sentido, el secretario de Cultura de la Municipalidad afirmó que “este proyecto tiene unas perspectivas inalcanzables” y agregó que “cada día que pasa aparecen ideas nuevas y esto pasa por lo fértil que es este lugar; un museo de características únicas para la región que se transforma ahora en meca de futuras donaciones”.