La ciudad

La proveeduría de Empleados de Comercio apuesta a la inclusión

El supermercado gremial se amplió hace unos meses y contrató a cinco integrantes del taller para personas con discapacidad.

Lunes 16 de Julio de 2018

Embolsan en las cajas, reponen mercadería y atienden al público. Todo con una sonrisa. Son los cinco empleados que se incorporaron a la proveeduría del Sindicato de Empleados de Comercio, todas personas con discapacidad que asisten al taller de Inclusión que se dicta en el gremio. Una experiencia que acepta imitaciones.

La historia empezó hace unos meses cuando, en respuesta a una demanda cada vez más alta, la proveeduría de la Asociación de Empleados de Comercio (AEC) duplicó su superficie anexando un local contiguo.

La cantidad de gente que se acerca atraída por los precios accesibles de los productos hizo que el gremio decidiera multiplicar por dos el número de góndolas y de cajas, que pasaron de 5 a 10.

De la mano de esta decisión vino otra, que fue incorporar a un grupo de personas con discapacidad que forman parte del taller de Inclusión del sindicato (ver aparte) para que desarrollen tareas que mejoren la calidad del servicio y agilicen el flujo de clientes en las cajas.

Se trata de un grupo de cinco trabajadores, de entre 25 y 50 años, que padecen algún tipo de discapacidad intelectual y concurren al taller desde los comienzos, hace seis años.

Son dos mujeres y tres varones que embolsan las compras, hacen reposición de stock en las góndolas y atienden al público en el sector de devoluciones. No tienen puestos fijos, sino que se desempeñan donde hace falta. "La idea era arrancar de a poco con una sola tarea, pero se han adaptado muy bien y quieren hacer más cosas", dice Natalia Iglesias, coordinadora del área que los preparó para poder llevar a cabo las actividades laborales.

Actualmente terminaron ya el primer tramo del período de prueba, que fue renovado, y en breve quedarán como empleados efectivos del mercado.

Todos están anotados en la AFIP y trabajan media jornada, que consta de turnos de cuatro horas y dos horas sábado por medio. Marcan tarjeta como cualquier otro empleado. Tienen obra social y ganan entre 9 y 10 mil pesos, como indica la escala, y los sueldos los paga el gremio en su totalidad.

Y si bien desde que empezaron a trabajar redujeron la cantidad de tiempo que pasan en el taller, ninguno dejó de concurrir.

Los cinco nuevos trabajadores de la proveeduría afirman llevarse bien con sus compañeros, se muestran muy organizados en las tareas que les encargan, se apoyan entre sí y se nota un gran sentimiento de unidad entre ellos. Incluso a veces, cuando salen se van a hacer algo juntos.

Claudio Silva (38) dice "estar muy tranquilo" con su desempeño, porque el trabajo le resulta "fácil". "Hay que tener buen trato con el cliente, saber ponerse en el lugar del otro. La gente es muy amable con nosotros", indica el muchacho, que habla rápido y con entusiasmo.

Con alegría

Julieta Sarotti Picciau tiene 27 años y afirma que está "cómoda y contenta" con su puesto. De mañana pasea perros, y con ambos trabajos puede vivir sola. "Los sábados queremos hacer turno completo y no nos dejan", indica para ilustrar lo que les gusta ir al trabajo.

Para Carlos Righetti (50), que ya tuvo otras experiencias laborales, este su primer trabajo en blanco. Lo define como "una oportunidad". Carlos cuenta que hace tiempo trabajó en un depósito donde al principio lo subestimaban por su discapacidad. "Pensaban que no tenía fuerza, terminé levantando cajas durante 10 años", recuerda.

En cambio, Mónica Iracelay (44) confiesa que es la primera vez que consigue trabajo. "Esto para mí significa un futuro, me gustaría estar mucho tiempo", indica con brillo en los ojos y una gran sonrisa.

Los trabajadores se muestran entusiasmados con el hecho de disponer de dinero propio. Es el caso de Brian Barea (30), que cuenta que ya se compró una bolsa de box para entrenar. "Yo había tenido otra experiencia laboral, pero esto es otra cosa", señala. Y agrega que le gusta "el trato con la gente".

Es un día de semana por la tarde y la proveeduría hierve de gente. Los cinco están tan ocupados que responden un par de preguntas y vuelven rápido a sus tareas. A pesar del alto ritmo, una característica común se destaca: todos trabajan sonriendo.

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