La ciudad

"La primera infancia y la tercera edad son los más vulnerados en la pandemia"

Así lo advierte el doctor en psicología Mauricio Cervigni, quien remarcó que se trata de dos franjas etarias a las que "se las escucha poco".

Lunes 29 de Junio de 2020

La pandemia y las distintas etapas del confinamiento, se sabe, no afectan a todos por igual. Según advierte el doctor en psicología Mauricio Cervigni, no sólo los adultos mayores, sino también los niños, son más vulnerables y vulnerados durante la crisis sanitaria por el Covid-19. "Considero que en ambos casos se los escucha poco, no se los toma seriamente como sujetos con decisiones, se los cosifica o simplemente se habla en pos de ellos, de que es por su bien, pero de alguna forma se los acalla, es decir, se los silencia", señala y considera que los funcionarios que toman decisiones durante la crisis sanitaria no sólo deberían escuchar a epidemiólogos sino también a profesionales de las ciencias sociales. No sólo para pensar acciones inmediatas, sino políticas públicas para la pospandemia.

Cervigni es director del Centro de Investigación en Neurociencias de Rosario, investigador del Conicet y docente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR). En plena cuarentena, se puso al frente de un estudio sobre salud mental de adultos en el marco de la pandemia, que busca determinar cómo la situación social, formación profesional, otras aptitudes culturales y redes de apoyo ayudaron a sobrellevar la irrupción del Covid-19.

—Con la apelación permanente de su pertenencia a un grupo de riesgo y las imágenes del desalojo de residencias todo el tiempo en la TV, ¿puede considerarse a los adultos mayores como grupo particularmente afectado por la pandemia y las medidas de confinamiento?

—Son un sector particularmente afectado porque en lo que respecta a la salud mental en general y, más específicamente, a las funciones cognitivas superiores de este segmento de la población, van a resultar bastante afectadas. Principalmente porque en un estado óptimo de sus facultades mentales dependen necesariamente de los denominados factores neuro-protectores, como la nutrición, calidad del sueño, actividad física, el control del stress, la vida social y afectiva, un proyecto de vida y la estimulación neurocognitiva. Cada uno de estos factores se encuentra alterado sin excepción en el confinamiento; ni hablar si es prolongado, algo que aún no podemos evaluar. Necesariamente va a haber algún tipo de mengua, o de reducción, en funciones cognitivas como la concentración, atención, memoria y otras de tipo ejecutivas, como la planificación. Esto se va a ver reflejado en los estadios siguientes a la pandemia y deberíamos tenerlo presente para poder planificar acciones tendientes a que vuelvan a cierto estadio previo, de relativa normalidad. Debemos estar atentos y ver de qué forma podemos paliar estos déficits a través de ciertas políticas públicas, selectivas, según el grado de afectación de cada grupo etario y sociocultural.

—¿Las distintas fases de confinamiento, o ahora la posibilidad de volver a etapas más restrictivas por el aumento de casos, tienen en cuenta la situación de esta población?

—Entiendo que el equipo de trabajo que asesora a los funcionarios que toman las decisiones, principalmente conformado por epidemiólogos, posee muy buenas intenciones y en primera instancia los buenos resultados están a la vista. Sobre todo si los comparamos con algunos países vecinos como Chile y Brasil. Aunque en algún punto, en las medidas se percibe cierto sesgo biomédico sin buena base social, psicológica y sociológica. A mi modo de ver, el equipo debería conformarse con un grupo de profesionales más amplio, que incluya lógicamente epidemiólogos con cierto liderazgo, pero también gente de ciencias duras como físicos y también sociólogos, psicólogos sociales y neuropsicólogos, que podrían estar abordando, en forma preventiva o paliativa, estos efectos secundarios de las medidas aplicadas. Así podríamos pensar en el presente de la pandemia, pero también la situación mediata y posterior de pos-pandemia, y poder planificar cómo revertimos esos "deterioros cognitivos" que se dieron producto del encierro, del aislamiento social, de marcados cuadros de tristeza por soledad y demás males que propicia y propiciará la cuarentena.

—¿Cómo se podría atender a estas necesidades?

—Hay que considerar que no solamente son los adultos mayores la población más vulnerable y vulnerada en esta situación, sino más bien son los dos extremos de la población. La primera infancia y la tercera edad son aquellos grupos que los neuropsicólogos consideramos más neurovulnerables aunque por distintas razones. Considero que en ambos casos se los escucha poco, no se los toma seriamente como sujetos con decisiones, se los cosifica o simplemente se habla en pos de ellos pero de alguna forma se los acalla, es decir, se los silencia. Esa forma de entender su problema no me parece lo más acertado, me parece demasiado pedante, y no creo que sea la mejor forma de trabajar cooperativamente para que las cosas se restablezcan.

—Definitivamente, hay que escucharlos...

—La única forma de trabajar colaborativamente es a través de la confianza, de darle voz al otro, de asumir que el otro posee un saber, de poderlos escuchar. Es decir, de ponerse en ese lugar y luego tomar decisiones más sabias y acertadas que contemplen a todos y todas. Existe mucha información bien intencionada, más cercana a la sobreinformación (que informa poco y con magros resultados) y en teoría de la comunicación se sabe que lo que abunda hace daño, hace ruido y no forma. Por lo cual, considero que la mejor forma de tener buenos resultados es mejorando esta limitada teoría de la mente del otro, con dispositivos y estrategias que integren su propia subjetividad y que los mismos se sientan coresponsables. En síntesis, la información abunda, se confronta a la población en general con mucha información, pero poco clara y acorde a las distintas necesidades, principalmente a los dos extremos de la población, es decir, a la psicología de los adultos mayores y también de los más pequeños.

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