El sector es clave ante la dificultades que se presentan a la hora de adquirir zapatos y ropa nuevos. Un efecto de la economía actual
Viernes 14 de Junio de 2024
Hay una sector del comercio que no da abasto con tanto trabajo a pesar de la crisis económica que atraviesa el país. Se trata de los talleres de calzado y de las modistas, que asoman como guardianes de la economía de la clase media trabajadora que ya no cuenta con un poder adquisitivo acorde para renovar los zapatos y la indumentaria como en otras épocas y prefiere reciclar todo lo que puede. Así, la demanda se incrementó por razones elocuentes.
Pese a las ofertas digitales y el plan Cuota Simple, la realidad es que a la gran mayoría de la población se le hace cuesta arriba destinar dinero de su salario a un nuevo calzado para hacer deportes o ir a trabajar o para contar con una variedad de prendas. Allí entran en juego los protagonistas de la economía circular para alivianar el bolsillo de quienes hacen malabares para llegar a fin de mes.
Reparación de calzado
Luis es zapatero desde hace 40 años y hace dos y medio trabaja en un local ubicado en un sector de barrio Martin, donde le llegan parvas de calzado: botines, zapatillas de básquet o de running, zapatos, borcegos y urbanas para reparar punteras y capellada, y pegar o coser suelas a nuevo, además de cambiar cierres de mochilas, camperas y todo aquello que pueda estirar la vida útil.
"Hay muchísimo trabajo, no damos abasto, pero también es cierto que se reniega mucho porque la calidad del calzado es cada vez peor", comenta a La Capital mientras acomoda un calzado que acaba de reparar en estantes atiborrados de pares de zapatillas y en una atmósfera amena y amable que huele a cuero, telas y adhesivos de este viejo oficio meramente artesanal.
Entre mates, su compañera acota: "Se arreglan muchas zapatillas, zapatos, tiras y cierres de mochilas, mucha costura y cambio de suelas y punteras".
Estima que el trabajo que realizan cuesta entre un 30% y 35% menos respecto de un calzado, campera, cartera o mochila de fábrica. "A la gente le conviene porque le queda bárbaro y puede seguir usando todo, ya sea calzado, mochila o cartera", opina.
La ropa también se recicla
Graciela es modista; hace 20 años que vive de la costura y afirma que siempre tuvo trabajo pese a la realidad actual. Dice que no nota tanta diferencia con otros años, pero que hay trabajos notorios y particulares que llaman la atención.
"Trabajo siempre hubo. Hace 20 años que me dedico a esta profesión y siempre tuve trabajo para hacer porque no hay mucha gente que se dedique a esto. Y si aparecen nuevos, al poco tiempo terminan dejando", comenta.
Mientras le toma los puntos en el vestidor a una joven que necesita achicar un ambo que lleva puesto, apunta: "¿Sabés cuándo no había trabajo? En la época de (el ex presidente Carlos) Menem, porque la ropa estaba barata y la gente podía comprarla, pero ahora es diferente y todo aquel que puede arreglar antes de comprar, no lo duda".
En eso detalla que repara desde parches en las entrepiernas de jeans o joggings, hace cambios de cierres, cambios de cuellos desgastados de camisas y remallados. "Hay un poco de todo", señala.
Arreglar antes que tirar
En un taller de calzado del microcentro, Carolina, empleada del local, confirma el fenómeno de época provocado por la crisis económica. "Ahora hay más incremento ya que mucha gente prefiere arreglar antes que tirar porque no tiene dinero para comprarse algo nuevo. Esa es la cotidianidad con todos los clientes", comenta.
Entre los trabajos de mayor demanda señala el pegado y remallado de punteras de zapatillas. "Siempre que la capellada esté en buenas condiciones optamos por eso para ayudar a la economía del cliente", consigna.
"Hemos arreglado de todo, y la verdad es que hacemos malabares", revela respecto a una variable típica de los últimos años: demanda de reparación como consecuencia de la mala calidad de los productos originales de fábrica. Por eso desliza que "muchas marcas caras están trabajando con materiales económicos".
Como en el otro taller, en este local céntrico también se hacen "cambios de cierre, parches en pantalones, abrojo de camperas y mochilas de los chicos, que es lo que más sale también porque están incomprables y por eso les hacemos fondo nuevo para que puedan seguir usándolas".
En una reparación de base en botas o zapatillas, el trabajo suele costar alrededor de $36 mil. Y si se tiene en cuenta que un par de botas o zapatillas de buena calidad puede oscilar entre los $120 mil y $170 mil, está claro que hay una economía circular que volvió para quedarse.