Pandemia

La pandemia potenció el desgaste laboral en los maestros 

El llamado burnout aumentó a causa de la virtualidad. Las clases por zoom exacerbaron la ansiedad y en algunos casos la frustración de los docentes. Los riesgos de no tener horarios y compatibilizar las tareas pedagógicas con las domésticas.

Sábado 28 de Agosto de 2021

"Comienzo por zoom una clase de tres horas. Nadie, pero nadie, tiene prendida la cámara. Dar clases así se termina convirtiendo en una tortura", escribió la semana pasada Eleonora, una profesora de Derecho, en la red social Twitter. Las respuestas a esa confesión llegaron a montones, entre ellas la de una alumna que reconoció que leerla la había hecho reflexionar sobre lo que significa dictar una clase a "cuadraditos negros", y la de una madre que aseguró que el tema la preocupa mucho y que por eso le dice todo el tiempo a sus hijos que, cuando se conecten, enciendan la cámara como una señal de respeto al trabajo de sus docentes.

Las clases virtuales fueron uno de los focos de agotamiento y frustración para los maestros durante la pandemia. No poder trabajar con los alumnos en el aula física, la falta de contacto "real" con sus pares (tan importante en cualquier trabajo pero particularmente para los maestros y profesores), el hecho de que muchos chicos apagan las cámaras o no se conectan (por diversas causas) son situaciones diarias que pueden generar malestar y una sensación de abatimiento. Sin contar que en muchos casos (sobre todo si se trata de mujeres) han tenido que dar clases con los hijos corriendo alrededor, organizando las diversas tareas en el hogar y haciendo malabares para usar la computadora cuando hay que compartir una o dos entre varias personas en una misma casa.

Ante este escenario, que generó un aumento de la preocupación de los maestros para organizarse en esta "nueva realidad" lo que trajo un recrudecimiento de cuadros de ansiedad y estrés, Sadop Rosario y Osdop (el gremio y la obra social de los docentes particulares) crearon un área denominada Condiciones y Medio Ambiente de Trabajo (Cymat), un departamento que se armó especialmente a fines del año pasado para acompañar la tarea docente desde el ámbito de la salud integral en el contexto de la pandemia, pero que seguirá cumpliendo ese rol más allá de lo que pase con el virus.

Es un grupo del que participa personal sindical y de la obra social y que viene haciendo distintas intervenciones, como por ejemplo, derivar a los maestros que lo necesitan a distintos profesionales de acuerdo a los síntomas que presentan, hacer seguimiento de quienes tienen licencias prolongadas y guiarlos en la reinserción al trabajo, y estar atentos a las situaciones de vulnerabilidad que se están dando ante un cambio tan rotundo como el que impuso la epidemia de Covid.

Gina Piedrabuena es psicóloga y forma parte de ese equipo. En diálogo con La Capital comentó que "las condiciones de trabajo pueden tener tanto efectos positivos como efectos negativos en la salud. Hay factores de riesgo psicosocial que aparecen dentro de la actividad laboral y pueden incidir en generar procesos de enfermedad. En la virtualidad, a partir de la pandemia, esto se vio totalmente potenciado".

Un cambio fuerte

Del contacto cotidiano con los chicos y jóvenes, de la posibilidad del encuentro, del intercambio cara a cara, sobrevino un escenario donde todo empezó a pasar por la computadora y en el ámbito del hogar. A eso se sumaron las clases presenciales en forma parcial durante mucho tiempo, el armado de las burbujas, los aislamientos cuando un alumno o compañero de positivo; en definitiva, cambios permanentes que no son gratis para la salud psicofísica.

"El trabajo nos ordena mucho en la vida cotidiana, uno sabe que de tal hora a tal hora está en el ámbito laboral, luego regresa a su casa o a hacer distintas actividades, y todo eso se modificó. Se rompieron esas barreras, sobre todo el año pasado", comentó la psicóloga. Se sumó la readaptación permanente porque hubo varia ideas y venidas causadas por la dinámica del Covid. Ahora, por ejemplo, ahora hay presencialidad, pero en uno o dos meses si hay un brote por variante Delta las clases volverán al ámbito virtual y no se sabe cuándo se establecerá un ordenamiento a largo plazo.

"Hubo gente que se pudo adaptar más o menos bien a todos los cambios pero hubo gente que no y que empezó a presentar diferente sintomatología", comentó la psicóloga. "Lo que más vemos en este momento son cuadros de ansiedad, trastornos del sueño, estrés y burnout, que es la patología laboral por excelencia", mencionó.

Para Piedrabuena, "hay una pérdida de salud lenta y progresiva que tiene que ver con la hiperconectividad, con el hecho de no tener horarios, de recibir mail y WhatsApp a toda hora, cumplir con las plenarias docentes, las demandas lógicas de alumnos y padres, y todo virtual. No se puede cortar nunca, ni los fines de semana ni los feriados. En la docencia se vio mucho más esto, aunque afecta a todos los trabajadores", dijo.

El hecho de que además los maestros hayan recibido los "dardos" de distintos sectores de la sociedad que los "acusaron" de no dar clases, de estar "vagueando" en la casa, fue un detonante para muchos. "Recibimos muchas consultas por esto, por la tristeza y la impotencia de sentirse señalados cuando lo cierto es que el sector docente ha hecho un esfuerzo inmenso durante toda la pandemia por garantizar los aprendizajes y no perder el contacto con sus alumnos", expresó Piedrabuena.

Frustraciones

La psicóloga también hizo mención a la frustración de no poder ejercer plenamente la tarea para la que se formaron porque, "si bien se garantizó el dictado de clases, nada pero nada reemplaza la presencialidad".

La pandemia, consideró, "nos obligó a un modo de trabajar para el que nadie estaba preparado y menos aquellos docentes con más trayectoria, muchos de los cuales no tenían una relación permanente y aceitada con los medios tecnológicos".

La falta de vínculos "fue muy fuerte porque el docente tiene contacto diario con los directivos, con la paralela, con el equipo de trabajo en general y desde ya con los alumnos. Porque si bien los procesos de enseñanza y aprendizaje estuvieron garantizados apareció la frustración de no tener el contacto personal y diario donde uno ve, no solo una cara, sino todo lo que al otro le está pasando a través del lenguaje corporal, de la posibilidad de compartir espacios. Fue un período muy duro y la salud sintió el impacto", reflexionó.

En esta nota

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario