La ciudad

La odisea del hombre que pasó dos años y medio preso por un delito que no cometió

El drama del cartonero de origen chaqueño. Con pruebas endebles, lo condenaron a 8 años por facilitar la prostitución de una menor. Revocaron la sentencia y ahora fue absuelto.

Domingo 18 de Mayo de 2014

Un hombre de 62 años, miembro de la comunidad Toba, pasó dos años y medio preso acusado de un delito que no cometió. En una causa penal carente de pruebas sólidas, fue confundido con otra persona que facilitaba la prostitución de una niña, hecho por el cual lo condenaron a 8 años de cárcel. El cartonero, de origen chaqueño, fue absuelto de culpa y cargo hace pocos días por la Cámara Penal de Rosario, que ordenó la inmediata liberación.

El atropello del Estado, en este caso del Poder Judicial, marcó a un hombre ya vulnerable y desprotegido, que abrió las puertas de la casa donde hoy vive en el corazón de barrio Empalme Graneros para charlar con La Capital sobre la traumática experiencia.

Pedro Cantero es un hombre sumiso, de pocas palabras. Tiene habilidades para moldear artesanías de la cultura qom y hace "changas" en el rubro de la construcción. Cuando el trabajo escasea, engancha un carro a su bicicleta para recolectar cartones y materiales que luego vende.

Así transcurrían los días del hombre que llegó a Rosario procedente de Roque Sáenz Peña (Chaco) en 1998 y se instaló un caserío de pasillos irregulares donde se asienta gran parte de la comunidad toba de Rosario. Allí, también en Empalme, convivía con su mujer y cerca de sus cinco hijos y los siete nietos que les dieron.

Pero la vida le tenía reservado un trago amargo. Y también a uno de sus hijos. En 2011 se vio involucrado y señalado en una desprolija investigación donde lo acusaron de prostituir a una nena de 12 años. La víctima había ingresado al Hospital Centenario con intoxicación por estupefacientes y puso en evidencia una trama de abusos nefasta para su integridad y la de otras mujeres.

Explicó que por las necesidades económicas de su familia, los propios padres la entregaban a "un tal Pedro". Acerca del hombre que la llevó por ese camino, dio referencia físicas que nunca coincidieron con la fisonomía de Cantero.

La nena dijo que era trasladada en un auto color marrón a un local de Juan José Paso y las vías, donde trabajan otras mujeres, y que el negocio era regenteado por "Pedro" y una mujer. Aunque, Cantero, jamás tuvo auto, no sabe manejar y apenas puede conducir la bicicleta. Así, en una ampliación de su declaración, lo identificó con el apellido y el cartonero quedó vinculado a una causa penal (ver aparte).

Mientras que su hijo quedó sobreseído, él terminó procesado por el juzgado de Instrucción Nº 6 por el delito de promoción y facilitamiento de la prostitución. Fue a juicio y el juzgado de Sentencia Nº 3 lo condenó a 8 años de prisión (la fiscalía había pedido 15 años).

Hace pocos días, la sala III de la Cámara Penal revocó esa sentencia, lo absolvió de culpa y cargo por el beneficio de la duda y ordenó su inmediata libertad.

"Oraba por mis hijos". Fue en Cabal al 1300 bis, tras dejar el penal de Piñero el 7 de mayo pasado, donde Cantero abrió a este diario las puertas de alambre enrejado de la humilde vivienda donde actualmente se encuentra. En pocas palabras contó la traumática experiencia. Sin rencor y, tal vez, sin advertir el grave perjuicio que le ocasionaron.

"Mi hijo salía con una de las hermanas de la nena y después se peleó. Nosotros conocíamos a la familia. Pero el padre de ella (por la víctima) la tenía abandonada, hasta estuvo en un instituto. Creo que para no perder la tenencia de la nena, alguien le dijo que armara todo esto. Un día, llegué de cirujear a las dos de la tarde y me encontré con que me habían acusado de vender drogas, de tener armas", explicó Cantero en voz baja.

"Ella después dijo que la pasaba a buscar en un auto. Andar en bicicleta es lo único que sé. Nunca tuve auto, vivo en un pasillo donde no entra un vehículo", dijo mientras gesticulaba con ingenuidad.

Sobre los días de encierro contó que los primeros ocho meses estuvo alojado en la comisaría 10ª. "Después me llevaron a Piñero. Estuve dos años y cinco meses", sostuvo con precisión.

"La verdad es que me trataron bien. Mientras estaba allí pensaba que todo lo que pasó, pasó. No quiero saber más nada con esa gente, Dios sabrá qué hacer con ellos. Tengo mis hijos y mis nietos, siempre me acordaba de ellos al estar detenido; que no les pasara nada, que Dios los protegiera, y oraba. Pero no pensaba nada mal de la gente que me tiró esta bronca".

Desconociendo los mecanismos judiciales que lo llevaron a esa situación, Cantero padeció otras consecuencias por estar tras las rejas: perdió su casa.

"Me la usurparon, y esas personas se la vendieron a otros y se fueron a Chaco. Igual, no quiero volver porque prefiero evitar problemas. Ya veré", se resigna.

El hombre no guarda rencor. Apegado a sus afectos trata volver a la vida de changarín y artesano, y ocasionalmente de cartonero. "Cuando no tengo trabajo agarro despacito la bicicleta, engancho el carro y me voy al centro a juntar cosas", expresa con llamativa tranquilidad el nativo qom, que sufrió una de las tantas formas de violencia institucional.

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