La ciudad

La mirada de una docente de la UNR: "El confinamiento no es una tragedia"

Viviana Roldán, de la cátedra de Psiquiatría Infanto Juvenil de la facultad de medicina de la UNR analiza este nuevo encierro para niños y jóvenes

Lunes 24 de Mayo de 2021

Mucho se habló de la "angustia" que sufrieron adolescentes y niños durante la pandemia. De las "crisis" e incluso "depresiones" que sufrieron los más jóvenes por tanto encierro y quietud de sus cuerpos y de la "catástrofe" educativa que los atraviesa. Y encima, todos estos diagnósticos se reeditaron con la nueva cuarentena de nueve días anunciada el jueves pasado por el presidente Alberto Fernández. Sin embargo, para la psicóloga Viviana Roldán "el confinamiento no es una tragedia". Lo dice sin dudar y se toma un tiempo para desmenuzar y argumentar lo que afirma sobre estas discusiones en torno a la salud mental de las infancias y adolescencias en pandemia.

En principio, la docente de la Cátedra de Psiquiatría Infanto Juvenil de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) señala que todas estas caracterizaciones del sufrimiento de niños, púberes y adolescentes parecen estar en relación con algo "traumático".

Pero analiza desde el psicoanálisis y advierte que "los traumas se erigen con posterioridad a lo vivido". Por lo tanto sostiene que no se está aún en condiciones de decir si fue o no traumática esta pandemia para niños y jóvenes. "Y menos aún se puede mensurar qué tanto lo fue", subraya la psicóloga y docente a cargo también de la materia electiva denominada "Patologización y medicalización de las infancias".

Claro que aunque Roldán prefiera esperar para analizar el supuesto "trauma" que dejó la pandemia, hay funcionarios, como la ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, que ya hablan con certezas. Por ejemplo de la "culpa" que deberán asumir quienes "hicieron perder clases" y generaron así distintas crisis de aprendizaje y subjetivas a los estudiantes.

La apreciación de la funcionaria porteña, o la curiosa y reciente decisión de dejar sin clases virtuales a los estudiantes también en Santa Fe, luego revertida, lleva a Roldán a meterse de lleno en el cruce pandemia-confinamiento-educación, siempre analizado desde su perspectiva psicológica y social.

Sin la escuela se movió un faro, un ordenador social y familiar, que se compone de algunas ceremonias como la compra de útiles, acompañar a los chicos a la escuela o ir a buscarlos, preparar la torta para el cumpleaños en el jardín o el viaje de estudios. Todos nos vimos privados de algunos rituales que tienen mucha significación en la construcción de vínculos y aprendizajes", comentó antes de remarcar que lo más importante es "discutir qué representación tenemos de la educación", qué entendemos por ella. Nada menos.

Por eso, explica, "si entendemos el aprender como incorporar materias disciplinares que nos formarán para la producción y el trabajo, si entendemos la educación en su vertiente utilitaria neoliberal, entonces sí perdimos un año; y así se comprende la angustia que subyace en muchos padres y porqué se habla de catástrofe: porque sus hijos quedarían sin herramientas, fuera del sistema de producción que, desde hace mucho tiempo, coloca a los niños frente a más actividades extraescolares como idiomas, deportes, música y otros saberes disciplinares".

Si por el contrario "pensamos a la educación como una preparación para vivir en sociedad, dejar el individualismo infantil omnipotente y el salvarse solo de lado, no perdimos. Al contrario, nos guardamos en pos de un interés colectivo, común; pusimos en juego inventiva y creatividad para mantener los lazos sociales, y encima todo fue con mucho esfuerzo por parte de los y las docentes porque preparar clases virtuales y recibirlas no fue fácil para nadie". Entonces nadie pierde.

Enseñanzas de la pandemia

Para la psicóloga y docente no hay que olvidar que antes de la pandemia de Covid las brechas de desigualdad entre chicos y adolescentes existían.

"Para algunos era relevante la educación, para otros ser elegidos como soldaditos en relación al narcotráfico, para algunos la vida pasaba por el club y los deportes, para otros por su pieza y la computadora, o leer, entonces cuando hablamos de infancias y adolescencias y educación hay que tener en claro que hay diversas formas de ser niñes y adolescentes", dice. Pero además asegura que hay enseñanzas que dejó la pandemia.

Dice que por un lado hay adultos que se quejan porque no pueden despegar a los chicos de las computadoras y de los celulares, pero por otro están los que reconocen que "nunca" vieron a los chicos y jóvenes hablar tanto entre sí, contarse cosas y no solo compartir imágenes.

"Hay una marca del adolescente que es el cuerpo: exponerlo, cubrirlo por vergüenza, ponerse ropa amplia, seguramente la pandemia influyó de manera variable en esta etapa del estirón. Pero de ninguna manera se puede hablar de trauma o catástrofe, sí creo que en los adultos los padecimientos han sido más severos porque se venían dando antes de la pandemia y la crisis económica y el desempleo agravó el panorama".

Por otro lado, Roldán cree que la pandemia por el Covid puede ayudar a pensar cómo estábamos viviendo.

"El tiempo apurado que llevábamos, el acompañamiento hacia los chicos y las agendas saturadas que les armábamos, tanto como el valor que les dábamos a sus educadores", señala. Y en este sentido agrega: "Algunos adultos usan significantes más amables con los docentes y se preguntan aún hoy: ¿Cómo pueden con treinta alumnos si yo no puedo con uno o dos". Pero otros "exigen educación porque dicen que trabajan todo el día y 'pagan' por ello, como patrones de un empleado".

O peor. "Se erigen como a quienes les 'importa la educación', como si al resto no: clichés políticos que solo sirven para desvalorizar y fragmentar a una sociedad ya fragmentada y construir una tragedia que no estamos en condiciones de decir si es tal".

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